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 El Libro de las Virtudes. Libro I-El Mito Aristotélico. La Creación.

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Ignius
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MessageSujet: El Libro de las Virtudes. Libro I-El Mito Aristotélico. La Creación.   Jeu 7 Juil 2011 - 14:10

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    La Creación
    Capítulo I - « El Universo »



    1.- Al principio de todo, solo existía Dios.

    2.- Todavía no había ni materia, ni energía, ni movimiento. Ni siquiera existía el vacío, como aquello que hoy separa el mundo de las estrellas, ya que incluso el vacío es algo. Quien lo componía entonces, era el Vacío Infinito. Esto no se define como la ausencia de toda cosa porque, cuando se dice que algo está ausente, tenemos conciencia de la posibilidad de su existencia. Salvo para Dios.

    3.- Pero Dios es superior a todo, incluso a la Nada. Él no tiene comienzo ni final. Él es Infinito y Eterno. Es el Ser Perfecto, sobre el que nadie tiene poder, nadie puede actuar, nadie puede interferir. Le basta con un pensamiento simple para que algo surja de la Nada a la Existencia. Y con otro simple pensamiento, para que eso vuelta de la Existencia a la Nada. Todo es posible para Él y todo le debe su existencia.

    4.- Dios es la Materia Prima a partir de la cual todo es creado. La materia, la energía, el movimiento y el tiempo mismo son compuestos por Él. Esto hace que todo lo que existe, así como la propia Nada, forme parte de Él. Es también El Creador de todas las cosas. El crea todo lo que existe y le da forma y contenido. Él es finalmente el Altísimo, porque es la misma causa de la existencia de todas las cosas, incluso de la Nada.

    5.- Por lo tanto, Dios lo sabe todo, porque el mismo saber forma parte Él. La sabiduría, ha sido creada por Él y encuentra su causa en Él. Se dice así que es Omnipresente. Además, Él está por todas partes ya que por más se aleje , nos encontramos siempre en Él. Finalmente, puede actuar en todo, ya que estando en todas partes y sabiéndolo todo, nada puede obstaculizar Su acción.

    6.- Dios pensó y un punto minúsculo apareció. Así, por la creación de este punto único y minúsculo, Él acababa de hacer desaparecer la Nada. Desde ahora en adelante, Él sería el creador de la Existencia y el vacío. Decidió nombrar a este punto minúsculo "universo" y lo hizo estallar en una miríada de estrellas, que vinieron para poblar el vacío. Es más, ellas nunca dejaron de resplandecer en el firmamento celestial.

    7.- Entonces Dios creó dos movimientos: las cosas pesadas irían hacia abajo y las cosas ligeras hacia arriba. Él también creó los cuatro elementos. El más pesado era la tierra, luego venían el agua, el viento y el fuego. Los dispuso en el orden jerárquico de su gravedad. La tierra se encontraba pues en el centro. Ella misma fue recubierta por el agua, y está recubierta por el aire. Finalmente, el más ligero de los elementos, el fuego, vino a cubrir todo lo demás.

    8.- Esta bola de materia, Dios la nombró Mundo. Con el fin de que el movimiento se produjese, se propuso deshacer el orden jerárquico de los elementos. Él colocó el fuego en el centro de la tierra y el agua en el cielo, por encima el aire. Los elementos se movían, alternando orden y desorden, volviendo sistemáticamente del desorden al orden. A Dios le complació ver cómo Su creación se movía para corresponder al orden jerárquico de su gravedad.



    Spyosu
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Dernière édition par Ignius le Jeu 7 Juil 2011 - 17:25, édité 1 fois
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MessageSujet: Re: El Libro de las Virtudes. Libro I-El Mito Aristotélico. La Creación.   Jeu 7 Juil 2011 - 14:11

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    La Creación
    Capítulo II - « La vida »



    1.- Pero Dios era perfecto, mientras que Su creación era imperfecta. Mientras que era consciente de sí mismo, Su creación no pensaba. Mientras que Él elegía lo que Él hacía, Su creación sólo se adaptaba. Mientras que era capaz de crear, Su creación no hacía más que bastarse a ella misma. Mientras que Él quería a Su creación y era su preferida, ella era incapaz hacerlo.

    2.- Dios reunió entonces el amor que tenía en él. Hizo el espíritu, que no podía ni ser tocado, ni visto, ni sentido, ni probado, ni oído, ya que era diferente de la materia. El espíritu contenía la inteligencia, compuesta de la razón y los sentimientos. Dios allí había puesto el más de sí mismo: la capacidad de elegir y sentir. El Altísimo asoció la materia al espíritu, para que este último pueda existir en armonía con el mundo, y nombró a todo ello "vida".

    3.- Pero la vida era imperfecta. Aunque creada por Dios y componente de Él, no era todo Él por completo. Su capacidad de elegir era parcial, ya que su conocimiento y su poder no eran ilimitados. Su capacidad de experimentar estaba truncada, ya que se componía de materia, neutra e impersonal. Pero Dios quería amar la vida y que la vida lo ame a cambio.

    4.- Pero, para que Dios y la vida puedan amarse mutuamente, era necesario que esta última se esforzara constantemente en acercarse a la perfección divina. Ya que era incapaz de igualarla. El Altísimo creó el tercer movimiento: las cosas superiores irían hacia Dios. Así, la materia cuya vida se componía de cosas pesadas, fue colocada sobre el mundo, ya que iba hacia abajo. Pero, como también se componía de espíritu, que era una cosa superior, tendería hacia la perfección divina.

    5.- Y sobre el mundo, la vida tomó una multitud de formas, de las más pequeñas a las más grandes. Los vegetales se llenaban de la luz de las estrellas, cubriendo así el mundo de una capa de verdor. Los animales brincaban o volaban por todas partes entre los vegetales. Así, mientras que Dios parecía inmóvil, la vida se manifestaba por un movimiento incesante. En efecto, Dios, siendo eterno, no se sometía a esta necesidad perpetua de movilidad que hacía que la vida estuviera siempre en actividad. Parecía así ser inmóvil. Pero es la acción ininterrumpida lo que le gustaba a Dios y lo que más observaba de toda Su creación.

    6.- Pero Dios no había concebido el movimiento de la vida como una fuerza infinita y, para que se perpetúe, era necesario que el animal paciera el vegetal, que el depredador devorase la presa, y que los cadáveres de animales se descompusieran para alimentar los vegetales. Así, la muerte formaba parte de la vida. Pero, para que eso no destruyera a Sus criaturas, Dios compartió cada especie como dos principios complementarios, que llamó masculino y femenino. Ambos eran iguales y debían buscarse para unificarse, y así perpetuar la vida.

    7.- Así pues, de la vida Dios creó el tiempo, donde la muerte sucede a la vida, la vida a la muerte, y la progenitura a sus genitores. Del mismo modo, el agua se incorporaba al cielo para luego descender sobre tierra y abastecer los ríos, y el fuego salía de los volcanes para abastecer la tierra, que se acumulaba para alimentar el fuego en su pecho. Todo el mundo se unía en un movimiento perpetuo de vida, mientras que Dios parecía inmóvil, escapando a las coacciones del tiempo.



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MessageSujet: Re: El Libro de las Virtudes. Libro I-El Mito Aristotélico. La Creación.   Jeu 7 Juil 2011 - 14:11

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    La Creación
    Capítulo III - « Las criaturas »



    1.- Un grupo de estas criaturas que componían la vida decidió recorrer el mundo para descubrir otras especies, tanto animales como vegetales. Todos tomaron todo lo que poseían sobre sus espaldas y recorrieron el mundo, motivados por el deseo de descubrir que les había hecho tomar esta decisión.

    2.- Ellos recorrieron el mundo. Subieron sobre colinas verdosas y gigantescas montañas. Cruzaron barrancos, bebieron en ríos, descansaron en prados. Probaban todo lo que la vida tenía que dar lo más bello y dulce. Así pues, probaron el sabor de la miel y de las frutas. Se embriagaron con el olor de las flores. Admiraron las auroras boreales y los arco iris.

    3.- Dios, en su perfección infinita, había hecho de la vida una maravilla, una delicia para los que la sabían probar. Pero todas las criaturas no sabían apreciar este regalo a su valor justo. Así, el pequeño grupo se sorprendía cada vez que encontraba nuevas especies. Cada una de ellas tenía un talento que las hacía única. Entonces, el pequeño grupo podía admirar hasta qué punto Dios había dotado la vida con una infinita variedad de riquezas. Cada especie tenía la ocasión para ver en cada uno de ellos y admirar sus particularidades.

    4.- Así, se encontraron con vacas. Éstas, paciendo plácidamente la hierba, daban de mamar a sus pequeños. Más lejos, pasaron cerca de una planicie cubierta de trigo, ondulaba bajo la brisa, y cruzaron el camino con numerosas ovejas de suave lana blanca, que pastaban también apaciblemente. Continuaron caminando a través del mundo, oyeron el canto alegre de los pájaros. Levantaron los ojos al cielo, y los vieron revolotear bajo las suaves nubes color crema, mientras que el cielo de azul fue iluminado por el astro solar.

    5.- Se detuvieron un momento para probar verduras sabrosas, rivalizando en formas, olores y sabores. Durante su reparto, pudieron observar galopar a varios caballos cuyas crines volaban al viento. Más lejos, se acercaron a un lago y vieron peces jugando a perseguirse mutuamente. No muy lejos de la orilla habían cogido un bosque de gigantescos robles cuyas ramas formaban como una gigantesca cúpula de hojas verdes.

    6.- Más lejos, vieron un campo de maíz cuyas espigas se hartaban de sol. Algunos cerdos se encontraban allí, alimentándose. Pero todas estas criaturas no solo sorprendían al pequeño grupo por la variedad de sus naturalezas, sino también por un aspecto común más que inquietante.

    7.- En efecto, todos tenían como punto común de pretender ser la especie preferida de Dios. Sus talentos eran la razón que todos ellos avanzaban. Las vacas presumían de su numerosa progenitura, las ovejas de su lana, los pájaros de sus alas, los caballos de su velocidad, los peces de su control de los mares, el más grande territorio del mundo, los robles de su longevidad sin equivalente, el trigo, el maíz, los frutos y las verduras de sus variados gustos y sus olores, el cerdo de su fuerza...



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MessageSujet: Re: El Libro de las Virtudes. Libro I-El Mito Aristotélico. La Creación.   Jeu 7 Juil 2011 - 14:12

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    La Creación
    Capítulo IV - « La duda »



    1.- El pequeño grupo decidió pararse un momento. Se instalaron sobre una colina verdosa, donde crecían magníficas flores que las abejas venían a libar. Una ligera brisa venía a encorvar la hierba. Los pájaros cantaban. Las estrellas venían para alumbrar a las criaturas mientras colocaban sus bolsos en tierra y se sentaban en círculo. El ambiente era desapacible, ya que se planteaban todos la misma pregunta.

    2.- Todas las especies que habían encontrado estaban dotadas de un talento particular. Las vacas, criaturas que pacían plácidamente la hierba, tenían una numerosa familia. Las ovejas tenían una lana suave y voluminosa. Las alas de los pájaros les servían para recorrer el mundo volando. Los caballos, animales nobles y fogosos, galopaban a la velocidad de la luz. Los peces eran los amos de los extensos océanos. Los cerdos eran poderosos y feroces.

    3.- Hasta los vegetales estaban dotados con talentos únicos. Los robles se dotaban con una longevidad que no tenía nada que envidiar a su tamaño. El trigo se multiplicaba al deseo, cubriendo amplios territorios. El maíz tenía sus espigas, cebadas de vida. Los frutos tenían un gusto delicioso y azucarado, y las verduras olores apetitosos. Y el pequeño grupo se preguntaba. ¿Por qué nuestra especie no tiene ningún talento particular?

    4.- Ciertamente, las criaturas del pequeño grupo tenían manos, pero su fuerza no se igualaba a la del cerdo. Ciertamente, tenían piernas, pero no las llevaban tan lejos como a los pájaros y ni tan rápido como a los caballos. Ciertamente, podían procrear, pero no tanto como las vacas o el trigo. Ciertamente, algunas eran barbudas, pero era un pequeño consuelo comparado con la voluminosa lana de las ovejas.

    5.- Ciertamente, estaban llenas de vida y salud, pero mucho menos que el maíz, los frutos y las verduras. Y ni siquiera se atrevieron a compararse con la longevidad y el tamaño de los robles. Todas estas criaturas, animales como vegetales, tenían serios argumentos para afirmar, tal como lo hacían, que ellas eran las preferidas de Dios. Sus talentos eran únicos. Entonces, el pequeño grupo intentó encontrar un talento que fuera propio de su especie.

    6.- Su especie se mantenían erguidos. ¿Pero qué ventaja le daba esto? "Ninguna", respondieron a la vez todos los miembros del grupo. Sus manos les servían para construir herramientas, pero era para compensar la falta de uñas u otros órganos. De la misma manera, su estómago era tan débil que debían cocinarse la carne para comerla. Y sus ojos eran tan poco profundos, contrariamente a los gatos o a los búhos, que ellos debían alumbrarse en la oscuridad. Su piel era tan delgada que debían resguardarse cuando llovía, caían nieve o granizo o cuando el viento soplaba con demasiada fuerza.

    7.- Habiendo constatado este hecho, las criaturas del pequeño grupo se pusieron a llorar. Estaban convencidos de que su especie era la menos querida por Dios, quien los despreciaba, que eran las heces de Su creación. Un silencioso pesar se había instalado, mientras todos se miraban mutuamente, cada uno buscando en la mirada de los otros una respuesta a sus preguntas. Pero estas miradas no llevaban ninguna respuesta. Estaban llenas de lágrimas.

    8.- Pero uno de ellos había permanecido al margen del grupo. Miraba hacia las estrellas. Todos los miembros del grupo lo descuidaban, dándolo por un espíritu débil. Él les respondía a menudo "Felices los pobres en espíritu...", pero no sabían que añadir a esta réplica. Sin embargo, de todos ellos, era el único que se pregunta lo que Dios deseaba, en lugar de quejarse de su condición. Este hombre se llamaba Oane.



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MessageSujet: Re: El Libro de las Virtudes. Libro I-El Mito Aristotélico. La Creación.   Jeu 7 Juil 2011 - 14:12

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    La Creación
    Capítulo V - « La reunión »



    1.- Dios miraba, emocionado, al pequeño grupo de criaturas que lloraba. Se sentían abandonadas por Él, ya que no estaban dotadas de talentos particulares. Habían terminado por creer que Él los odiaba, mientras que Él amaba a cada una de Sus creaciones. Todas formaban parte de Él y odiarlos equivaldría a odiar una parte de Él. Había creado el universo, el mundo y la vida para poder amarlos, y Él los amaba.

    2.- Con este amor, Dios había dotado a cada especie de criaturas que componían la vida de talentos para que todas encontraran su lugar en Su creación. Pero este espléndido regalo seguía siendo invisible a los ojos de este pequeño grupo de miembros. Los humanos que lo componían estaban habitados por la duda, quedándose ciegos a Su amor. Sus lágrimas eran sinceras pero injustas. Solo pedían ser amados por Él, pero no veían que Él ya lo hacía.

    3.- Las otras criaturas eran conscientes de este regalo, pero no habían comprendido la razón. Ellas se imaginaban ser las únicas recompensadas de esta manera. Unas pensaban que solamente la fuerza eran un regalo de Dios. Otros cometían el mismo error con la velocidad, la numerosa progenitura, la longevidad, la lana, la capacidad para volar o también el territorio que les había sido asignado por Él. Todas se consideraban favorecidas por Él y creían ser Sus preferidas.

    4.- Pero este humano, a quien los suyos llamaban Oane, llevaba en él la semilla del talento que Dios había dado a los suyos. Tomaba poco a poco conciencia del verdadero amor que Dios elevaba a Su creación. Comenzaba a entender que cada componente de la creación era amada por Dios, pero no sabía aún porqué. Pasaba su tiempo mirando a las estrellas, esperando encontrar allí al Altísimo, pero no sabía nada de Su omnipresencia.

    5.- Entonces, Dios decidió que había llegado el momento de dar su verdadero lugar en el universo a la especie en la cual se encontraba la única criatura que comprendía el amor, único verdadero sentido de la vida. Él se dijo que era necesario probar el amor que Sus criaturas sentían hacia Él. Para hacerlo, decidió reunir a todas las criaturas del mundo en un único lugar y preguntarles lo que significaba la vida. Lo que Él haría de ellas dependería de sus respuestas.

    6.- Entonces, de un solo pensamiento de Dios, todas las criaturas del mundo entero estuvieron informadas de la convocatoria divina. Sin esperar, ellas se pusieron en marcha. Existía una gigantesca planicie verdosa sobre un continente verde. Era allí adonde el mundo entero debía reunirse para oír la pregunta divina. Allí el destino del universo iba a decidirse.

    7.- Hicieron falta numerosos años para reunir tantas criaturas. Todas no sobrevivieron a este largo viaje, pero ninguna tenía la intención de retroceder en el camino. Dios había inyectado en ellas el deseo incontenible de venir a incorporarse a la gran reunión de toda la creación. Atravesaron los mares, las montañas, los glaciares, los desiertos extremos y tantos otros lugares difíciles. Ellas continuaban sin embargo viviendo, muriendo, alimentándose y procreando. Pero todo eso sin dejar nunca de avanzar.

    8.- Y finalmente llegó el fatídico día en que toda la creación se reunió.



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MessageSujet: Re: El Libro de las Virtudes. Libro I-El Mito Aristotélico. La Creación.   Jeu 7 Juil 2011 - 14:13

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    La Creación
    Capítulo VI - « La pregunta »



    1.- Fue la mayor concentración de criaturas que nunca haya tenido lugar.

    2.- Eran varios miles de millones reunidos sobre la gigantesca planicie. Se codeaban sin adversidad alguna. Los lobos esperaban cerca de las ovejas, los perros cerca de los gatos, las águilas cerca de los ratones de campo y los leones cerca de las gacelas. Se veían incluso vegetales. Así, los robles, abetos, álamos, olivos, manzanos, datileras y otros árboles formaban el gigantesco bosque que nunca antes se haya visto. Las flores, las verduras, los frutos, el trigo y el maíz estaban también presentes. La gigantesca planicie era un verdadero santuario para la vida, ya que esperaban pacientemente que Dios viniera a ellas para plantearles la pregunta.

    3.- Entonces rugió el trueno, las nubes se alejaron y una suave luz se hizo en el espacio así logrado en el cielo. Entre las criaturas, un gran silencio se hizo. Del atisbo celestial, una grave voz, penetrante, pero suave y serena se dejo oír. Entonces, la voz dijo: "Escuchadme, vosotros a los que concebí, ya que soy vuestro Dios. Sin mí, no existiríais, y me debéis fidelidad."

    4.- Dios añadió: "Muchos de entre vosotros decís ser mis preferidos, pero nunca he dado mi preferencia a ninguna criatura existente. Entonces, el tiempo hizo que esto cambiara. El tiempo me obligó a hacer una elección de entre mis criaturas. El tiempo ha hecho que llame a una especie de entre ustedes "Mis hijos". Para hacer esta elección, voy a plantearos una única pregunta."

    5.- Dios les pidió entonces: "Ustedes viven gracias a mí, ya que soy vuestro creador. Os alimentáis, os reproducís, criáis a vuestra progenitura. Pero no sabéis por qué vivís. A vuestro modo de ver, ¿Qué sentido le di a la vida?".

    6.- La mayoría de las criaturas no sabían que responder. Se observaban los unos a los otros, esperando encontrar en sus vecinos la respuesta a esta extraña pregunta. Se podía observar a un pez tan feliz, sin saber qué decir, un caballo golpeando el suelo con sus cascos, un roble curvándose, buscando desesperadamente la respuesta en sus raíces, e incluso una paloma rascando su cabeza en señal de reflexión.

    7.- Pero una de ellas se adelantó. Parecía segura de sí misma y de su respuesta. Todas las demás especies le abrieron el paso y, pronto, un espacio se abrió en torno a ella. Levantó los ojos hacia Dios, pero su mirada estaba llena de suficiencia. Respondió: "Hiciste las criaturas animadas por la necesidad de alimentarse. Hiciste a los fuertes capaces de devorar los débiles. ¡Sin duda alguna, se trata de garantizar la soberanía del fuerte sobre el débil!".

    8.- Y añadió: "Mi prueba es que soy el último representante de mi especie. ¡Sólo el más fuerte sobrevivió de entre los míos!. Si me nombras "Tu hijo", sabré demostrar cuál, de todas las criaturas, debe dominar el mundo."

    9.- Esperó a que Dios lo felicitara por su respuesta, pero fue en vano. Porque Él no le respondió.



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MessageSujet: Re: El Libro de las Virtudes. Libro I-El Mito Aristotélico. La Creación.   Jeu 7 Juil 2011 - 14:13

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    La Creación
    Capítulo VII - « El amor »



    1.- Dios no respondió a la criatura que había hecho la apología de la dominación del fuerte sobre el débil.

    2.- Él se volvió hacia un grupo de criaturas. Era precisamente el que formaba parte de la raza humana y que había recorrido el mundo. Dios sabía que este grupo se consideraba rechazado por Él. Estos humanos pensaban ser privados de todo talento. Consideraban haber sido apartados de la creación a causa de su manifiesta inferioridad. Pero, entre ellos, el humano que llevaba el nombre de Oane poseía, sin estar seguro, la respuesta a la pregunta planteada por el Altísimo.

    3.- Ya que Oane dudaba. Observaba a menudo las estrellas, esperando ver a Dios. Quería al Altísimo con un amor sincero, pero no sabía si eso era el verdadero sentido de la vida. Hubiera querido dar su respuesta, pero para su grupo se trataba de un espíritu débil y nadie quería dejarlo hablar. Pero Dios era omnipotente. Había oído al grupo de humanos quejarse. Pero sobre todo, había percibido el amor y la duda en el corazón de Oane.

    4.- Entonces, desde el cielo, un rayo de luz se hizo y vino para nimbar a Oane. Se sorprendieron todas las criaturas, admirando la suave luz que aureolaba al humano. Se apartaron entonces, dejándolo solo ante Dios. Contempló su cuerpo iluminado con una mirada llena de curiosidad. Luego se volvió hacia los miembros de su grupo. Por primera vez de su vida, no pudo ver en su mirada desprecio sino respeto.

    5.- Y Dios le pidió: ¿"Y tú, el humano, no tienes nada que responder ?" He convocado aquí a toda Mi creación para encontrar al que dará la respuesta correcta a Mi pregunta. Has venido y no respondiste. ¡Entonces, ahora, te ordeno que lo hagas!". Entonces, Oane, aterrorizado por el tono severo de su creador, levantó los ojos hacia Él y, con un tono vacilante, dijo: "Pero, ¡oh! Altísimo, no sé si mi respuesta es justa...". Y Dios le ordenó: "Habla y yo te lo diré!".

    6.- Entonces, Oane respondió: "Hiciste a tus criaturas alimentándose las unas de las otras. Deben cazar y matarse para alimentarse. Del mismo modo, deben luchar para defender su vida. Pero no hay fuertes ni débiles. Nadie se rebaja ni se deja pisotear. Todos nosotros estamos en la vida y somos todos Tus humildes criados. Ya que eres nuestro creador."

    7.- "Es por eso que distes talentos más bonitos a unos que a todas Tus criaturas. Cada una de ellas tiene su lugar en Tu creación. Su talento le permite a cada una ellas encontrarlo. Por lo tanto, no hay criatura preferida por ti, ¡oh! Altísimo. Todos somos igualmente queridos por ti y a cambio debemos amarte todos. Ya que, sin ti, no existiríamos. Nos ha creados cuando nada te obligaba hacerlo y por esto debemos amarte para darte las gracias por ese gesto."

    8.- "Nosotros estamos ciertamente conectados a la materia, por cierto sometidos a sus leyes, pero nuestro fin es tender hacia ti, el Espíritu Eterno y Perfecto. Pues, a mi modo de ver, el sentido que le diste a la vida es el amor." Entonces Dios dijo: "Humano, ya que eres el único que a comprendido que era el amor, hago de tus semejantes Mis hijos. Así, sabes que el talento de tu especie es su capacidad a amarme y a amar tus semejantes. Las otras especies sólo saben amarse a sí mismas".



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MessageSujet: Re: El Libro de las Virtudes. Libro I-El Mito Aristotélico. La Creación.   Jeu 7 Juil 2011 - 14:14

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    La Creación
    Capítulo VIII - « La decisión »



    1.- Todas las demás criaturas se sorprendieron de esta decisión de Dios de hacer de los humanos Sus hijos. Ellas no entendían lo que era el amor y no podían pensar por qué el Altísimo le daba tanta importancia. Todas se pusieron a susurrar, esperando que una de ellas explicara a los demás esta decisión divina.

    2.- Pero Dios dirigió Su voz con destino a las criaturas que no habían podido darle respuesta. Él les dijo: "Ustedes quienes no supieron responderme, ustedes quienes pretendían ser Mis criaturas preferidas. Sus espíritus no serán más cosas superiores. Ellos no tenderán ya hacia Mí. Así como en adelante se someterán al humano por naturaleza estrictamente material, os privo del lenguaje. ¡Balarán, mugirán, gruñirán, silbarán, maullarán o ladrarán hasta el final de los tiempos!".

    3.- Luego, Dios dirigió Su voz con destino a la criatura que había afirmado la dominación del fuerte sobre el débil. Él le dijo: "Ya que estás tan segura de tu elección, te dejo la ocasión de probarlo. Conservarás tu espíritu, pero tu cuerpo se convertirá en sombra. Así, vivirás, sola, codeándote con los humanos, hasta que te entregues a tu dolor. Así, nadie te verá y nadie te nombrará, porque Yo mismo decidí no hacerlo."

    4.- Dios dirigió luego Su voz con destino a Oane y le dijo: "Hice de tu especie Mis hijos. Ahora hago de sus espíritus almas. Ellas se diferencian de los espíritus de las otras especies en lo que seguirán siendo las únicas en adelante con carácter superior, que tienden hacia Mi Divina Perfección. Así, divido el tiempo en siete partes, llamadas "días", con el fin de que cada séptimo día, tú y los tuyos se reúnan para honrar a vuestro padre: Yo."

    5.- “Pero será necesario aún que, cada día, tú y los tuyos hagan perdurar vuestra especie. A excepción de la que no nombré, he hecho a todas las criaturas tus sometidas. Así pues, te alimentarán con ellas, sin que ellas se alimenten con vosotros. Este poder del que disponen de alimentarse con las otras especies lo nombro "trabajo". Pero, para que no olviden nunca que este poder es un don Mío, recompensándoles así a tu respuesta correcta, Oane, el trabajo será laborioso, difícil, abrasivo y fatigante. Pero no te quejes del sufrimiento que esto te causa, ya que, en verdad, es un bello regalo que te hago.”

    6.- "Con el fin de que te reemplaces con nuevas generaciones cuya vida se termina, os hago un regalo mucho más bonito aún. Este amor que espero de vosotros, os permito probarlo igualmente con vosotros, en pareja. La ternura y el deseo mutuos serán los componentes de este sentimiento puro. La procreación será el objetivo. Pero sólo el amor que habré bendecido podrá permitir el acto carnal, para que vuestra especie perdure en Mi amor."

    7.- Entonces, Dios creó dos astros por encima del mundo. Uno, radiante de luz, fue llamado "Sol". Otro, luciendo fríamente, se nombró "Luna". Dios explicó a Oane: "Que vuestra fidelidad sea como la de los hijos hacia sus padres o yo seré tan severo como los padres hacia sus hijos. Porque, cada vez que uno de vosotros muera, lo juzgaré, de acuerdo a la vida que tuvo. El Sol inundará cada día al mundo de su luz, como prueba de amor hacia Mi creación. Quienes, de entre los tuyos, envíe allí, viviremos una eternidad de felicidad. Pero entre cada día, la Luna tomará el relevo. Y quienes, de entre los tuyos, estén allí tirados no conocerán más que la tormenta."


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MessageSujet: Re: El Libro de las Virtudes. Libro I-El Mito Aristotélico. La Creación.   

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El Libro de las Virtudes. Libro I-El Mito Aristotélico. La Creación.
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