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 El Libro de las Virtudes. Libro I-El Mito Aristotélico. El Eclipse.

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Ignius
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MessageSujet: El Libro de las Virtudes. Libro I-El Mito Aristotélico. El Eclipse.   Jeu 7 Juil 2011 - 17:28

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    El Eclipse
    Capítulo I - « La Luna »



    1.- La historia que le contaré puede parecer sorprendente, pero, cuando la lea, sabrá usted que hay mucha verdad contenida en ella.

    2.- Un día, en el que el clima estaba agradable, me encontraba yo caminando con mi perro a lo largo de pequeños senderos que serpentean entre campos. Acababa yo de comer y buscaba para mi mismo una pequeña, y cómoda esquina donde tomar la siesta. En esta tarde de mayo, el cielo estaba de un color azul puro y desprovisto de cualquier nube. Los pájaros cantaban y mi perro corría a través del maizal, persiguiendo animales pequeños mucho más rápidos que él. Ladraba feliz y poderosamente, aunque había perdido la carrera por adelantado.

    3.- El día se veía hermoso, pero la presencia de la luna en el cielo del día completo me preocupaba. Mientras que el sol era el lugar previsto para acomodar a los virtuosos después de su juicio, la luna era el futuro lugar de tormento para los pecadores. El primero fue llamado Paraíso, mientras que el segundo fue llamado Infierno. La combinación de estas dos estrellas divinas en un día completo, solamente podía estar anunciando grandes desgracias.

    4.- Me agaché para poder admirar una pequeña flor de las praderas, pero la oscuridad era tal que no podía verla. ¿La oscuridad, me pregunté? ¿Cómo podría haber oscuridad durante tan hermoso día, mientras el sol se encontraba alto en todo su apogeo? Levanté mis ojos hacia el cielo y fui tomado presa del horror: la luna había enmascarado al sol, evitando que la luz divina, fuente de la vida, alcance el mundo. Solamente una siniestro halo del color del fuego, ciñendo a la estrella de la noche, todavía atestiguaba la presencia de la estrella del día.

    5.- Mi perro dejó de ladrar. Me dije a mi mismo, intentando de tal modo tranquilizarme, que era solamente uno de esos regulares acontecimientos cósmicos del que los antiguos llevaban la cuenta regularmente, y que pronto se acabaría. Pero no estaba convencido de ello. El halo de fuego le daba a este eclipse una atmósfera inquietante. Pero incluso esto terminó desapareciendo cuando la luna terminó su conquista sobre el sol. Parecido a tinta negra. Incluso las estrellas habían decidido eclipsarse. En este punto del tiempo la luna decidió incumplir las reglas de la física.

    6.- La vi colorearse de tintes diversos. En el centro de este disco de oscuridad, flotaban puntos de color, como pájaros circundando el cielo. Parecían luchar batallas, mezclándose el uno con el otro y luego separándose precipitadamente. El malva fue lanzado sobre el azul, que se esquivó hacia el turquesa, mientras el verde escapaba al rojo, él mismo asaltado por el amarillo. Entonces los puntos calmaron sus retozos. No podía parar de mirar a la luna arriba, donde vi los colores siendo distribuidos sobre la superficie de la estrella de la noche, finalmente ordenados en un todo coherente.

    7.- Permanecieron así por una total eternidad, mientras mi perro gimoteaba y se ocultaba en el campo de maíz. Entonces, los puntos de color emergieron de la luna, como las saetas tiradas por una ballesta. Uno habría de decir que seis rayos de luces se movieron de prisa a través del cielo como largos dedos de colores. Los colores se juntaron en un verdadero arco iris que cayó bajo mis pies. Vi delante de mí un puente rayado, de colores, formando un arco que atravesaba la distancia separándome a mí de la luna.

    8.- Lo miré entonces y vi que el puente de colores caía allí en una verdadera cascada de la luz blanca. Mire luego hacia mis propios pies y vi que fueron regados con la misma suave luz lechosa. Los seis rayos, arrejuntados sobre la entera longitud del puente, llegaron en sus extremos finales a ensamblarse juntos en la misma blancura.

    9.- Aunque era sujetado por una angustia indescriptible, decidí fijar mi pie sobre este arco iris lunar.



    Sypous


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Ignius
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MessageSujet: Re: El Libro de las Virtudes. Libro I-El Mito Aristotélico. El Eclipse.   Jeu 7 Juil 2011 - 17:29

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    El Eclipse
    Capítulo II - « La Niebla »



    1.- Marche entonces por un puente rayado de seis colores, destino a la luna, bajo un cielo oscuro negro, vacío de toda estrella. El trayecto me pareció que duraba una eternidad. Pero, mientras comenzaba a desesperar de la distancia que me quedaba por recorrer, perdí el equilibrio. En efecto, las bandas de colores que constituían el puente que cruzaba me mezclaron en una sola y única luz blanca. Ésta, como agua, se cortaba sobre la superficie de la luna en una cascada lechosa. Me hundí patéticamente en el suelo y, muy irritado, me levanté, limpiándome el polvo de las prendas de vestir.

    2.- Entorno a mi, veía una niebla blancuzca poco prometedora. Hacía calor y humedad en ese aire denso e irrespirable. Intentaba avanzar pero mis movimientos eran lentos y torpes, tanto que la niebla parecía agarrarse a mi cuerpo. Mis pies se hundían en el suelo blando y viscoso. Deseaba que el viento se levantara con el fin de dispersar esta ganga cremosa que me rodeaba. Pero este lugar me daba la impresión de no conocer la menor brisa desde la noche del tiempo. Era la misma atmósfera húmeda que reinaba después. Me creía en una tumba.

    3.- Entonces siento una larga lengua lamerme el torso. Paralizado por el terror, me quedé inmóvil. Observando en torno a mí, distinguí finalmente formas. Eran innumerables y se asemejaban muy poco a seres humanos. Una de ellas, de tamaño gigantesco se puso frente a mí, y yo pude detallar la fealdad. Enteramente desnudo, este demonio tenía una piel lisa, pecho de sudor, y las piernas arqueadas, entre las cuales los atributos de la masculinidad se fijaban sin pudor. Vivo también que su pecho llevaba los atributos de la feminidad. Esperaba descubrir una cara humana, pero, en lugar, me encontré una boca similar a la de una serpiente, de la cual salía una larga lengua enderezada hacia mí.

    4.- El monstruo me dice: "Soy Asmodea, Príncipe de la Lujuria. Rafaela, Arcángel de la Convicción, es mi oponente. El que complace en el abuso de las cosas de la carne y en el nihilismo más total viene a juntar las filas de mis condenados.” No sabía qué respuesta dar a tan horrible criatura, pero no esperaba y se descartó de mi camino. Entonces miro un largo pasillo cavado en la densa niebla. No me hice de rogar para pedirlo prestado y así escaparme de estos animales lujuriosos. El suelo era cada vez menos pastoso y se volvía cada vez más arenoso. El color blancuzco dejaba poco a poco en el lugar un oscuro atisbo turquesa.

    5.- Al cabo de un tiempo indefinible, accedí a una gigantesca gruta. Pilares titánicos sostenían su bóveda, de la que tenía dificultades a distinguir, dado su altura. Un lago de dimensiones homéricas llenaba los lugares. Su líquido, que onda alguna perturbaba, irradiaba de un oscuro atisbo turquesa, coloreando así todas las rocas circundantes. Ninguna vida parecía poder mantenerse en estos lugares. Cuál no estuvo mi sorpresa cuando vivo, entre las rocas que se apilaban a lo largo de la ribera de formas indeterminadas levantarse. Sus movimientos eran lentos, torpes, y poco afirmados.

    6.- Parecía que debían hacer un esfuerzo sobrehumano para entrar en movimiento. Los veía llorar a todas su estado decadente y amorfo. Es entonces cuando una gavilla de líquido turquesa surge de la superficie del lago. Una enorme criatura de piel escamosa y de larga cola de lagarto surge del líquido. Superando una mandíbula titánica, dos pequeños ojos de esmeralda me fijaban. Me dice: "Soy Belial, Príncipe del Orgullo." Miguaël, Arcángel de la Donación de sí, es mi contrario. El que tiene el sentimiento de poder vivir fuera de la comunidad, o de ser capaz de alcanzar el estatuto de divino, viene a juntar las filas de mis condenados."



    Sypous


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MessageSujet: Re: El Libro de las Virtudes. Libro I-El Mito Aristotélico. El Eclipse.   Jeu 7 Juil 2011 - 17:31

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    El Eclipse
    Capítulo III - « La Llanura »



    1.- Belial volvió a las estancadas aguas turquesa, que recobraron su inquietante superficie lisa. Observé entonces una pequeña barca sobre la orilla. ¿Cómo había podido no verla antes? Me subí a ella, sin ver a ninguno de esos seres amorfos oponerse. Remé entonces durante horas, los gigantescos pilares de roca se sucedían unos a otros. Avancé cada vez más rápido, pero la alegría que esto me produjo se convirtió rápidamente en horror cuando me percaté de que estaba siendo aspirado por un torbellino. Incapaz de escapar, caí sin remedio al fondo del agujero.

    2.- Cuando me desperté, con el cuerpo dolorido, vi a mí alrededor un oscuro pasillo. El suelo estaba cubierto de un tejido suave y caliente, cuyo color malva tenía el mismo tono que las amatistas que formaban los muros. Decidí seguir este extraño tramo. A lo largo de mi trayecto, pude admirar gigantescos montones de oro, dinero y joyas a lo largo de las paredes. Manjares deliciosos exhalaban sus apetitosos olores. Criaturas de apariencia humana, hombres o mujeres ocupando unos cuerpos magníficos se pavoneaban delante de mí. Pero vi, sobretodo numerosas personas, sentadas, que devoraban con los ojos este formidable lujo.

    3.- Me pregunté por qué no se apropiaban de lo que se les ofrecía, y lo comprendí rápidamente. Uno de los condenados tomó una pieza de oro pero la soltó inmediatamente en un aullido de dolor. Aquellos malditos habían sido condenados a ansiar tal lujo sin poder nunca disfrutarlo. Fue entonces cuando oí un ruido de alas y vi posarse delante de mí una criatura hercúlea de grandes alas de murciélago con la piel de color amatista. Me dijo: “Soy Satanás, Príncipe de la Envidia. Miguel, Arcángel de la Justicia, es mi contrario. El que desea beneficiarse de las justas recompensas asignadas a otros, o desea los bienes o la felicidad de su semejante, viene a unirse a las filas de mis condenados.”

    4.- Luego, sin añadir nada más, Satanás reanudó su vuelo. Continué mi marcha hacia el término del pasillo, que finalmente encontré. La salida era una pequeña abertura encabezada por un arbotante de piedras negras, en el que habían esculpido cráneos. Dudé en seguir, pero me acordé de lo que había detrás de mí y no quise regresar. Crucé pues esta especie de entrada y me encontré frente a una planicie que se extendía hasta el infinito. A los lados, podía ver grandes montañas rojas que circunscribían con precisión los límites de este plano país.

    5.- Este decorado podía parecer un paisaje terrestre, sino fuera porque las montañas y la hierba eran del color de la sangre. El sol ardía justo encima de la planicie. Llenaba la mitad del cielo y parecía pegado a la luna. Se dividía en una noche estrellada que parecía caer sobre mí con todo su peso. Observé un vertiginoso pico azul que elevándose en medio de la llanura, alcanzaba al gigantesco astro del día. A su pie se encontraba una gran construcción de madera. Decidí avanzar, a fin de unirme a este dedo de piedra señalando hacia arriba. Pero, a medio camino, comprendí que no podía alcanzarlo.

    6.- En efecto, en torno al pico azul, en cientos de leguas a la redonda, miles de condenados se batían como locos. No tenían la menor piedad los unos hacia los otros. Cada ocasión era buena para arrancarle un miembro a su adversario. Cuando las armas y puños no eran suficientes, los dientes tomaban el relevo. Entonces, surgiendo de la gigantesca batalla, un enorme toro avanzó hacia mí. Por debajo de sus ojos inyectados en sangre, salían llamas de sus ventanas nasales. Me dijo: “Soy Leviatán, Príncipe de la Cólera. Gabriel, Arcángel de la Templanza, es mi contrario. Aquél que se abandona al odio hacia otro, o que con todas sus fuerzas intenta luchar contra su condición viene a unirse a las filas de mis condenados.”


    Sypous
    Traducción por Isnarathot


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MessageSujet: Re: El Libro de las Virtudes. Libro I-El Mito Aristotélico. El Eclipse.   Jeu 7 Juil 2011 - 17:31

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    El Eclipse
    Capítulo IV - « Las Galerías »



    1.- Y entonces, Leviatán golpeó el césped sangriento con su pie, y un cráter se abrió en el suelo. Vi una escalera de caracol de piedra adentrarse en la oscuridad. Armándome de coraje bajé, mientras el Príncipe-demonio regresaba al combate. Descendí los escalones con cautela, pues no había luz para poder ver hacia donde avanzaba y el camino parecía no tener fin. Para asistirme, deslicé la mano por la pared, y pude notar por el tacto que la escalera estaba directamente tallada en el suelo.

    2.- Me sobresalté cuando mis dedos rozaron algo viscoso. En ese momento la escalera se inundó de un color verdoso. Dirigí mi mirada hacia la causa de mi susto y descubrí con asco una enorme lombriz surgiendo de la pared. Radiaba esa luz repugnante, al igual que los miles de tales criaturas que surgían del suelo. Con lo que había visto ya de como funcionaba este infierno lunar, me pregunté que pecados eran castigados en estos lugares. Obtuve mi respuesta al llegar al final de la escalera caracol, donde se hallaban una decena de galerías cavadas en el suelo mismo, infestadas de esas inmundas criaturas verdosas.

    3.- Aparecieron los condenados, a quienes sus cuerpos repletos de grasa dificultaban el movimiento, atrapando y devorando a cualquiera que se pusiera a su alcance. Contuve mis náuseas, cuando una nueva galería se abrió dejando pasar la asquerosa cabeza de un gigantesco gusano de tierra. Éste me dijo: “Soy Azazel, Príncipe de la Gula. Galadriela, Arcángel de la Conservación es mi opuesta. Aquellos que abusan del placer de las necesidades básicas, que no se controlan al momento de satisfacer sus necesidades primeras, se unen a las filas de mis condenados.

    4.- Luego añadió: “Sígueme”. Retrocedió y siguió cavando su galería. Lo seguí durante muchas leguas, a través de numerosos giros y contragiros. De repente, el túnel desembocó en una enorme nave de madera. Comprendí que me encontraba al pie del pico de piedra. Azazel, que aguardaba próximo a la salida, se retiró cavando otro túnel. Observé a mí alrededor y me pareció como si estuviera en una especie de loma de tierra. Rodeándola, un abismo que parecía no tener fondo.

    5.- Pero indudablemente debía tenerlo, ya que una multitud de pilones de madera surgían y se elevaban hasta mi nivel. Los condenados se posaban sobre ellos. Incluso de pie, el esfuerzo que realizaban para mantenerse y no caer parecía tremendo. Pero lo más extraño, era que cada uno sostenía entre sus brazos tesoros de incomparable valor y belleza. Se aferraban a esos pesados cofres rebosantes de oro, a esos grandes sacos repletos de piedras preciosas, como si su vida dependiera de ello.

    6.- De vez en cuando, un movimiento mal calculado causaba que partes del tesoro se precipitara al abismo. Aquellos que cometían el error de intentar recuperarlos terminaban cayendo sin remedio. Desde el abismo un pálido resplandor amarillo evidenciaba las incontables riquezas que allí yacían, habiéndose llevado consigo a los malditos, ya que ninguno parecía querer dejar escapar ni un miserable escudo. Algunos hacía tiempo que debían encontrarse allí, ya que sus piernas estaban atrofiadas. Pero ninguno dejaba oír la mas mínima queja, temerosos de dejar caer su oro en el abismo.

    7.- Entonces, descolgándose desde el techo, unida a su hilo, vi descender una gigantesca araña cubierta de oro, con millares de ojos de diamante. Cuando estuvo cerca de mí, me dijo: “Soy Belcebú, Príncipe de la Avaricia. Jorge, Arcángel de la Amistad, es mi opuesto. Aquel cuyo egoísmo sólo es igualado por su menosprecio por los demás viene a engrosar las filas de mis condenados.” Luego, sin mediar palabra, el Príncipe-demonio tejió un puente con su tela, uniendo mi islote con el borde de la nave de madera.



    Sypous


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MessageSujet: Re: El Libro de las Virtudes. Libro I-El Mito Aristotélico. El Eclipse.   Jeu 7 Juil 2011 - 17:32

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    El Eclipse
    Capítulo V - « El Pico »



    1.- Al final del puente de tela se encontraba una pequeña puerta de madera. Giré la manilla, pero no se abrió. La forcé durante un momento y terminó cediendo. Debía hacer una eternidad que no había sido utilizada. Cuando la puerta se abrió, me encontré delante de una masa de piedra azul. Salvé la distancia que me separaba de ella y levanté los ojos. El pico que había podido observar hacía un rato despuntaba hasta el sol, que, desde donde me encontraba, parecía llenar todo el cielo.

    2.- No queriendo permanecer en el Infierno por toda la eternidad, me propuse escalar el pico rocoso. Durante horas, escalaba tan mal como bien en cada aspereza, avanzando a un paso muy lento por las condiciones difíciles de mi progresión. No era el único en intentar esta terrible expedición. Numerosas personas pasaban por lo mismo en esta difícil prueba. Algunos lloraban ante esta tarea sobrehumana, y algunos terminaban por abandonar.

    3.- Éstos no encontraban la fuerza para continuar e intentaban volver a bajar. Pero era todavía más difícil desplazarse en este sentido que dirigirse hacia la cumbre del pico azul. Todos los que se resignaban así acababan por soltar la presa e ir a estrellarse abajo del todo en un ruido siniestro y mate. Cada caída parecía debilitar la voluntad de los supervivientes, pero me aferré a mi voluntad y continué. Terminé encontrandome solo en esta ascensión terrible.

    4.- Mientras pensaba haber llegado a medio trayecto y mis músculos me hacían daño hasta llegar a llorar por esta causa, ví una cornisa no lejos de mí. Encantado con este descubrimiento inesperado, me dirigí allí. Una vez llegado a buen puerto, decidí finalmente mirar hacia el suelo, con el fin de ver a que altura había escalado. Cual no fue mi horror cuando la luna entera apareció ante mis ojos, bajo volutas de humo azul semejante a nubes. ¡Ninguna montaña sobre la tierra podía ser tan alta! Estaba encantado de la eficacia de mis esfuerzos, pero recordé entonces que aún quedaba mucho por recorrer hasta la cumbre.

    5.- Me derrumbé sobre la cornisa para tratar de encontrar un poco de descanso, cuando oí verter lágrimas. Giré mi cabeza y ví a un viejo hombre con la barba hirsuta que derramaba calientes lágrimas. Su cuerpo estaba tan seco que parecía esquelético. Él me dijo: “Soy Lúcifer, príncipe de la Acedia. Sylphaël, arcángel del Placer, es mi opuesto. El que entra en depresión espiritual, el que queda pasivo, el que no tiene más gusto por la vida, y el que ignora su propia satisfacción se reúne con las filas de mis condenados, que jamás logran alcanzar el Sol.”

    6.- Ví una cueva detrás de él. Me hizo signo de ir allá, sin decir una palabra. Un pasillo largo y enlosado se dirigía hacia una puerta de metal, que presentaba un veteado extraño y vertical en su mitad. Busqué algo parecido a una manivela, pero no la encontré. Después de largas búsquedas, terminé por respaldarme a poca distancia, agotado. Oí entonces un pequeño ruido de campanilla y la puerta se abrió, deslizandose ambas mitades de la puerta por los lados. Sorprendido, miré en el interior y ví allí un magnífico espejo, que reflejaba como ningún otro mi imagen.

    7.- Entré en el pequeño espacio que encontré, mis ojos no lograban desprenderse de mi imagen. Oí entonces una voz tranquila decirme: “¿Sube?”. Me volví, ensordecido por una pregunta tan extraña y vi a una persona sonriente que esperaba una respuesta. Nos encontrábamos juntos en un cuarto minúsculo donde sólo una media docena de personas todo lo más habría podido tenerse en pie. Estaba bastante bien alumbrado, aunque la luz blanca, que descendía del techo, me pareciera un poco apagada. No sabiendo que decir, respondí "Sí ".. Entonces, la persona puso su dedo sobre un cuadrado donde estaba escrita la palabra " Último piso ". La puerta se cerró, sus dos mitades se juntaron de nuevo, y sentí como el cuarto subía.



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MessageSujet: Re: El Libro de las Virtudes. Libro I-El Mito Aristotélico. El Eclipse.   Jeu 7 Juil 2011 - 17:35

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    El Eclipse
    Capítulo VI - « El Sol »



    1.- Mientras que la pequeña pieza donde me encontraba con este extraño desconocido subía, tenía la desagradable sensación de ser más pesado que de costumbre. Mas cuando se paró, me sentí por un instante extremadamente ligero. Sin embargo, no había ni engordado ni adelgazado durante este corto lapso de tiempo. La puerta se abrió en dos, como yo lo había visto más abajo. El desconocido entonces se volvió hacia mí y me dijo: “Ya ha llegado”. Él enarbolaba una sonrisa llena de gentileza y de dulzura. Esto me volvió a dar un poco de ánimo y finalmente me atreví a preguntarle: “Pero, ¿quién es usted?”.

    2.- Él me respondió: “Yo soy el pasador, el único ángel que se queda para la eternidad fuera del Paraíso. Mi papel consiste en acompañar hasta aquí a los que todavía no hicieron la elección.”. “¿Qué elección?”, exclamé, desconcertado. Pero, sin responderme, él todavía esbozaba una de sus bellas sonrisas y tendió su mano hacia el exterior de la pieza para invitarme a avanzar. Viendo que no podría sacarle más información, decidí avanzar. Una vez fuera, la puerta se cerró detrás de mí, sus dos partes que se unieron, y oí la pieza volver a bajar.

    3.- Yo esperaba encontrar un paisaje tierno y delicado, pero en lugar de esto, todavía seguía en esa piedra detestable y azul que componía el pico infernal. Había sido tallada para obtener una especie de terraza. Me pregunté cómo salir de lo que creía entonces que era una vil trampa. En efecto, había alcanzado la cumbre y no tenía ninguna posibilidad de bajar si trataba de descender por la pared del pico. En cuanto a la extraña puerta, no sabía cómo abrirla. Me senté pues, en lágrimas, preguntándome qué horrible pecado había podido cometer para ser castigado así.

    4.- Momentos más tarde, escuché un batir de alas. Levanté los ojos y ví un espectáculo magnífico: siete ángeles estaban posándose sobre la terraza azul. Yo Reconocí al arcángel Miguel, santo patrón de la Justicia, vistiendo una armadura, sosteniendo en mano una magnífica espada y un gran escudo con maravillosos ornamentos. Pero mis conocimientos teológicos eran limitados y pregunté, no sin vergüenza, con quién me estaba encontrando. Esperaba a oír un reproche, pero no fue el caso. Todos ellos me observaron con una mirada llena de dulzura y de amor.

    5.- Uno de ellos se adelantó y me dijo: “Soy Jorge, Arcángel de la Amistad. Y he aquí a Gabriel, Arcángel de la Templanza; Miguel, Arcángel de la Justicia; Miguaël, Arcángel de la Donación de sí; Galadriela, Arcángel de la Conservación; Sylphaël, Arcángel del Placer; y Rafaela, Arcángel de la Convicción. Nosotros siete, bajo las órdenes del Profeta Aristóteles y del Mesías Christos, somos los encargados de guiar a los humanos por el camino de la virtud, el cual les lleva hacia Dios y Su Paraíso.”

    6.- Tenía frente a mí a los siete humanos más importantes de la historia, a excepción de Aristóteles y de Christos. Ante tal privilegio, no pude más que postrarme a sus pies, con la cara mirando a la tierra. Pero Jorge me dijo: “No te postres ante nosotros, ya que sólo somos humanos. Sólo Dios merece esto. Somos sus humildes servidores, cumpliendo Su divina voluntad. Pero ven con nosotros, porque la hora de elegir pronto acabará. Estamos aquí para llevarte al Sol.”


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MessageSujet: Re: El Libro de las Virtudes. Libro I-El Mito Aristotélico. El Eclipse.   Jeu 7 Juil 2011 - 17:35

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    El Eclipse
    Capítulo VII - « El Paraíso »



    1.- Los siete arcángeles se encontraban frente a mí. Enarbolaban una gran sonrisa llena de gentileza que subrayaba su mirada llena de ternura. Por primera vez desde que me quedé solo como un perro en aquel campo, me relajé y la serenidad que emanaban se me contagió. Me ayudaron a levantarme y Miguel, el más robusto, me hizo subir sobre su espalda. Me sonrojé ante la idea de montar sobre un Arcángel como si fuera un caballo, pero todos ellos se rieron viendo la turbación en mi rostro, pero sus risas no eran burlonas, sino amigables.

    2.- Entonces, siete grandes pares de alas magníficas se extendieron. Los Arcángeles se acercaron al borde y se dejaron caer. Grité de terror, pero mi grito se ahogó cuando los Arcángeles levantaron el vuelo y se alzaron hacia sol. Aventuré una mirada hacia abajo, donde la Luna se alejaba, y me prometí interiormente vivir siempre en la virtud, según los preceptos de Aristóteles y de Christos, con tal de no regresar nunca más a tal terrible lugar. Galadriela me sonrió con complicidad y me dijo: “Has tomado una decisión con madurez y cordura. Otros pueden seguir tu ejemplo, pero siempre habrá quien merezca la Luna.”

    3.- Me pregunté cómo había podido adivinar tan exactamente mis pensamientos, pero mi espíritu olvidó rápidamente esa questión ante el magnífico espectáculo que tenía lugar ante mi. La Luna quedaba atrás, y atravesábamos el espacio que la separa del Sol. Las estrellas se me figuraban espectáculos mágicos. Podía, incluso, vislumbrar astros que no conocía, pues no eran visibles desde la tierra. Pero, en ese instante, mi mirada no podía apartarse del Sol, ardiente e inmenso, pues jamás lo había visto tan de cerca. Me sentí como la hormiga ante la montaña, así era la sensación de pequeñez que me invadía.

    4.- Nos acercábamos cada vez mas al divino astro ardiente, cuyas llamas, de muchas leguas de longitud casi nos rozaban. Me pregunté si no acabaría mal aquel viaje para los siete Arcángeles y para mi, pero Miguel, quien seguía cargando conmigo, me dijo: “No tengas miedo y mira”. Vi entonces como las llamas que recubrían el Sol se abrían, dejando lugar a un espectáculo magnífico. Bajo ardiente lecho se encontraba aquello de lo que había oído hablar desde mi más tierna infancia, sin llegar nunca a entender lo que realmente era. Era el Paraíso

    5.- Aterrizamos en aquel mágico lugar. Todo parecía bañado por una suave luz. Mirase donde mirase era imposible encontrar el más leve resto de oscuridad. Hasta donde alcanzaba la vista no había viviendas ni construcciones de tipo alguno. Los hambrientos se saciaban recogiendo simplemente el fruto de los árboles. Los exhaustos, simplemente, se echaban sobre la hierba verdeante. Los niños jugaban despreocupados, riendo y corriendo por los campos. Los Arcángeles se despidieron de mi, pues su misión había acabado al traerme a aquel lugar. Les agradecí sinceramente su compañía y les despedí con una amplia sonrisa.

    6.- Decidí visitar aquel mágico lugar. Aquellos con quienes me cruzaba me daban la bienvenida y yo les respondía, sonriente y agradecido. La bondad, la felicidad y la alegría se respiraba en el ambiente, contagiando a quienes permanecían en aquel lugar. Me acerqué a una pequeña fuente de agua clara que parecía invitar a beber al paseante. Me había inclinado ya cuando vi un poco mas lejos a dos hombres que me hacían señas para que me acercase. Cual fue mi sorpresa al llegar junto a ellos y descubrir que tenía ante mi a Aristóteles y Christos, quienes me saludaron con gran educación, preguntándome si me agradaba aquel lugar y si había tenido un buen viaje. Estaba tan emocionado que apenas pude balbucear unas vagas palabras, extasiado por las dos personas que tenía ante mi. Y entonces oí una voz.



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    Traducción por Griko
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MessageSujet: Re: El Libro de las Virtudes. Libro I-El Mito Aristotélico. El Eclipse.   Jeu 7 Juil 2011 - 17:36

Citation :





    El Eclipse
    Capítulo VIII - « La Resurrección »



    1.- La voz que oía, mientras me encontraba en compañía de Aristóteles y de Christos, era tranquila y penetrante. Los dos me explicaron que era el mismo Dios quien me iba a hacer unas preguntas. Finalmente fui a ver qué deseaba. La voz divina me dijo: “Tú, el humano a quien los tuyos llaman Sypous, viniste a Mí, descubriendo todo lo que un humano podrá conocer después de su muerte. Visitaste cada uno de los siete Infiernos, donde encontraste cada uno de los Príncipes demonios, que se presentaron a ti, conforme a Mi voluntad. ¿Qué has aprendido de tus recorridos espirituales?”

    2.- Respondí: “Comprendí el sentido de la Salvación: cuando un humano vivió en la virtud, conforme a Tu divina palabra, transmitida por el profeta Aristóteles y por Christos el Mesías; le concedes el derecho de acceder en estos lugares, al Paraíso, en el seno del Sol. Si él se aparta de la virtud, negándose a escuchar Tu divina palabra; que se entrega a los placeres terrestres, al egoísmo, a la tentación, a divinidades falsas; Tu sabiduría infinita te hace envíarlo a Infierno, en la Luna, para ser castigado allí por toda la eternidad. Nos quieres, pero también nosotros debemos quererte.”

    3.- Entonces Dios me dijo: “Ahora, el tiempo de elegir se acabó para ti. Puedes decidir aceptar la muerte. En ese caso, juzgaré toda tu vida: los momentos cuando supiste caminar por la virtud y los momentos donde te apartaste de ella. Si entonces juzgo que lo mereces, te reunirás junto a los elegidos para una eternidad de alegría y de felicidad. Pero si juzgo que tu vida no fue bastante virtuosa, conocerás una eternidad de tormentos en el Infierno. Pero, si crees que tu tiempo todavía no ha sido suficiente, que todavía no hiciste tus pruebas delante de Mí, puedes volver a la vida.”

    4.- Yo no sabía que responder. ¿Había reunido meritos para el Paraíso o acabaría en el Infierno? Entonces, oí voces. Eran las de mis amigos, que rezaban por la Salvación de mi alma. Aunque ellos se encontraran sobre la tierra, les oía distintamente. Esto me hacía ver que ellos se preocupaban tanto como yo, de lo que me iba a pasar. Debía mostrarles que sus oraciones no eran en vano. Decidí aceptar la resurrección, con el fin de poder vivir en la virtud y de merecer el Paraíso. Les debía esto, por lo menos tanto como yo mismo me lo debía.

    5.- Dios me dijo entonces: “Desde que decidí convertir el espíritu de los humanos en alma, con el fin de que ella sea juzgada a su muerte, cada uno de ellos recorre el camino que te condujo a Mí, y les hago la misma pregunta a cada uno de ellos. Algunos tienen la misma prudencia que tú, otros acceden al Paraíso, y otros sobreestiman la calidad de lo vivido y son enviados al Infierno.”

    6.- “Los que optaron, como tú, por la resurrección no guardan rastros de su recorrido espiritual en su memoria. Así, su comportamiento cambia sólo si la lección ha sido grabada en el fondo de su corazón. Pero, con el fin de que todos ellos sepan qué suerte terrible les espera si se apartan de mi amor, te dejo excepcionalmente la memoria. Podrás así demostrar el recorrido espiritual que hicistes. Y tu testimonio se quedará para los siglos de los siglos. Ahora que sabes cual será la tarea que te confié, te devuelvo a la vida, para que hagas una nueva elección.”

    7.- Entonces, mi vista se nubló. Tuve el tiempo justo de ver a Aristóteles y a Christos decirme "Hasta pronto" antes de perder el conocimiento. Cuando me desperté, me encontraba en mi cama, con los brazos en cruz. Alrededor de mí había cirios encendidos y mis amigos estaban rezando. En lágrimas, pero visiblemente aliviados, ellos me explicaron que hacía ya nueve días que había muerto. Me levanté, fui a la ventana, y vi como el sol difundía de nuevo su luz calurosa en el mundo. Conté a mis amigos mi increíble viaje espiritual y decidí plasmar sobre el papel todo lo que acababa de conocer durante mi muerte.



    Sypous
    Traducción por Griko
    Revisión por Silencioso



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