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 El Libro de las Virtudes. Libro I-El Mito Aristotélico. La herencia de Oane.

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Ignius
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MessageSujet: El Libro de las Virtudes. Libro I-El Mito Aristotélico. La herencia de Oane.   Jeu 7 Juil 2011 - 17:52

Citation :
El Espejo de Oane


Preámbulo

Querido Espejo de Oane, espejo de mí mismo, elejido entre los Hombres por Dios, el Misterioso, para guiarlos entre los verdes pastos de la vida, tú eres la única persona a la cual puedo dirigirme desde el fondo de mi soledad.
Antes de que Dios me hiciera La pregunta, estaba solo e incomprendido; lo estoy todavía hoy, a pesar del respeto que me rodea.
Dios se ha retirado del mundo, dejando a los Hombres vivir y prosperar por su cuenta y yo mismo cara a mi destino, el que Él ha elegido para mí, del que por tanto, de alguna manera, me ha hecho prisionero.
Y es en este caso de desamparo casi absoluto en el que Él me ha dejado, únicamente guiado por el Amor, debiendo construir una Iglesia de la nada.
Querido espejo, que la clemencia de los años me permita poner por escrito mis reflexiones, mis dudas y mi visión del mundo deseado por Dios.
Oane.


I) Fragmentos oanienses

Dios, la Nada y la Criatura Sin Nombre.

He reflexionado durante mucho tiempo sobre la Nada, que existía antes de todo, que existía con Dios y que existía en Dios; he llegado a la conclusión de que no podía ser más que la parte oscura de Dios, un poco como la tierra, sucia, pringosa y pegajosa que Él ha creado, lugar donde todo fermenta, se pudre y donde también reptan las lombrices, que se retuercen de tal manera que, ellas mimas, reflejan su oscuridad.
Y no obstante, es en este lugar tan sórdido en el que florecen los frutos más bellos del mundo y que de la oscura Nada, donde nacerán los hermosos frutos de las virtudes divinas.
Como si la Nada misma fuera un caos al mismo tiempo podrido y fecundo, exactamente como la tierra que pisoteamos.
El bien y el mal, el negro y el blanco; es un poco como si del negro naciera el blanco, y sin duda del blanco el negro, en una especie de movimiento perpetuo e infernal que reproduce el caos primitivo.
Así, de Dios nació una especie de retoño maléfico, la Criatura Sin Nombre, que no la podemos nombrar precisamente porque al mismo tiempo nombraríamos a Dios.
Dios es el creador del bien; y lo es también del mal.
De la misma manera que la Nada es la parte oscura de Dios en el cielo, la Criatura Sin Nombre lo es sobre la tierra.
Y yo, Oane, solo entre los Hombres, estoy en el centro del dúo infernal donde Dios lucha contra Dios.


Las tres esferas

El mundo está constituido por tres esferas, la del bien, la del mal, y la de la incertidumbre.
La esfera del bien es el Sol que nos calienta y que permite que las plantas crezcan; la del mal es la luna, de un color amarillo enfermizo, un reflejo pálido del sol cuya superficie aparece agrietada como si mil volcanes escupieran fuego permanentemente; y la de la incertidumbre es la tierra.
La tierra misma está también dividida en tres entidades: está el Cielo, donde reside el bien; el suelo de tierra y barro, donde reside el mal; y entre estos dos, el mundo de los hombres y de la incertidumbre.
Sobre esta esfera de la incertidumbre vive el Hombre, creación de Dios y reflejo de éste.
Así pues, también tenemos en nosotros, como Dios nuestro Padre tiene en Él, una parte de maldad y oscuridad y ésta preexistía a la Revelación.
Preexistía porque la Criatura Sin Nombre nació y se convirtió en malsano bastante antes de que Dios la transformara en algo invisible capaz de tentar a los Hombres impunemente.
Era un hombre entre los Hombres, y compartía como Dios, el mundo y la tierra, en tres esferas, el bien, el mal y la conciencia, arcilla de la incertidumbre.
En algunos Hombres, el bien prevalece, y en otros el mal triunfa y por último, hay otros que navegan entre los dos perpetuamente.


La incertidumbre del bien y del mal

Pero, en realidad, lejos de la Criatura y de sus siervos habituales, pocas son las personas que saben si sus acciones son buenas o malas.
Conocí un hombre convencido de que el bien era aquello que le proporcionaba felicidad, y que sólo el dinero podía incrementarla.
Así pasaba la mayor parte de su tiempo enriqueciéndose, vendiendo a su mujer como esclava sexual a otros hombres para ganar aun más dinero y cuanto más rico era, más feliz parecía.
Y después, lo vi derrotado por la pereza y embriagado por el aburrimiento porque el vino se volvió su única fuente de distracción.
Lo vi convertirse en un hombre lleno de furia y cólera, y, en sus tardes de embriaguez, llegar finalmente a sacrificar a su único hijo a Dios.
Entonces, en el último momento, cuando el cuchillo del padre sacrificador iba a abatirse sobre la víctima y un infanticidio iba a cometerse, no sé el qué, pero algo contuvo su gesto, como si de repente, el resplandor del bien y del mal acabara de cegarle como un metal brillante y de despertar su conciencia.
El bien, el mal, ¿dónde está la frontera?
Este hombre quiso hacer el bien y sus actos engendraron el mal.
Quiso hacer el mal y el bien surgió.
A menudo pienso que queriendo hacer el bien conseguimos a veces, involuntariamente, hacer el mal.


La moral

Fue este incidente el que me hizo darme cuenta, a mí, Oane, que debían fijarse las reglas de la vida.
Inventé la moral.
Todos los sentimientos son gozosos por sí solos: el amor, la perversión, el odio. Es por esto que generalmente se transforman en actos. Solo algunos como el mal, son al mismo tiempo seductores y destructivos para aquellos que lo experimentan.
Hice una lista con todo aquello que me parecía que pudiera destruir a aquellos que experimentaran el mal y dicté las leyes que formaron la base de la moral: no robar, no matar, respetar al padre y a la madre, no dar falso testimonio contra tu prójimo, no codiciar los bienes ajenos, actuar con templanza, respetar la libertad del prójimo.
De esta forma animaba a cada individuo a tener las mismas reglas que su prójimo y a tener los medios para distinguir más claramente donde estaba la frontera entre el bien y el mal.
De la moral y de los siete mandamientos que resultaron de ella, se derivaron las primeras leyes que rigieron la comunidad.
Me convertí a la vez en jefe religioso y jefe político de mi comunidad; tantas responsabilidades literalmente me aterraban y me aterraron siempre; es un peso enorme que Dios me ha legado al retirarse del mundo.


Dios es Misterio

Era hasta tal punto espantoso que no podríamos jamás explicarnos qué es Dios tal y cómo es: todo esto sobrepasa las capacidades de nuestra inteligencia. Nuestra razón nos hace saber que Dios existe y que posee todas las perfecciones. Pero no puede ir mucho más allá por ella misma.
Porque nuestra inteligencia es “finita”, es decir limitada; mientras que Dios es “infinito”.
Por culpa de nuestra imperfección, no podemos comprender un ser tan absoluto y perfecto como Dios porque nosotros lo vemos esencialmente a través de ella.
Es soberano por encima de todo aquello que podamos decir o prescribir en su nombre.
No podemos hacer otra cosa que postrarnos ante Él y presentarnos humildemente como los mortales que le buscan, con nuestros espíritus y nuestras dudas sabiendo que estará a nuestro lado, poco importan nuestros errores, nuestras incomprensiones y nuestras imprecisiones respecto a Él porque somos Sus hijos, unidos a Él por los lazos de la paternidad y el Amor.


¿El mal puede triunfar?

No he visto jamás al mal superponerse al bien.
La Nada maléfica está en Dios, pero Dios lo sabe, por Él lo sabe todo, y lo comprende. Él conoce su parte oscura, y la combate con sus acciones, porque busca hacer el bien y porque nos ha creado.
Ha creado a los Hombres por él.
Somos la garantía de que jamás dejará que el mal venza en Él sobre el bien si sabemos preservar el amor que le tenemos.
El amor no es sólo nuestra razón para vivir, es también la de Dios.
Sin amor Dios, el Bueno, el Justo, no es nada, y la oscuridad de la melancolía ganaría y su parte malvada podría un día, si nosotros le abandonamos, destruir el mundo.
Pero Dios nos ha creado también para que le ayudemos a rechazar el mal luchando contra su emanación sobre la tierra: la Criatura.
Del mismo modo que nuestro amor le ayuda a luchar en el Cielo, nuestro combate en la tierra contra ella nos evidencia que Dios nos ha confiado la inmensa tarea de secundarle en la lucha contra su parte oscura y del universo.


II) Las bienaventuranzas

Cada domingo, no obstante, reunía a todas las personas de mi comunidad: era la Asamblea del pueblo, en donde se tomaban todas las decisiones. Nos ocupábamos también de los problemas domésticos, los conflictos del vecindario, la gestión de la comunidad y, por el contrario, como dirigente de una comunidad, les explicaba que los principios morales debían regir nuestras acciones con el fin de hacer triunfar el bien y de ayudar a Dios en su combate.
Es así que les di una serie de frases:

Benditos sean los pobres de espíritu,
Porque el Paraíso solar es para ellos.
Benditos sean los de carácter pacífico,
Porque recibirán la Vida Eterna en herencia.
Benditos sean aquellos que sufren,
Porque serán consolados.
Benditos sean los hambrientos y los sedientos de justicia,
Porque serán alimentados y se les dará justicia.
Benditos sean los misericordiosos,
Porque obtendrán misericordia.
Benditos sean los corazones inocentes,
Porque contemplaran a Dios en todo su esplendor.
Benditos sean aquellos que trabajan por la paz,
Porque serán llamados Hijos de Dios.
Benditos los perseguidos por buscan la Verdad,
Porque el Paraíso solar será para ello.
Benditos sois si os insultan, si os persoguen y si os calumnian de todas las maneras por culpa de Dios.
Sed todos felices y alegres, porque vuestra recompensa será grande en los cielos.
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MessageSujet: Re: El Libro de las Virtudes. Libro I-El Mito Aristotélico. La herencia de Oane.   Jeu 7 Juil 2011 - 17:56

Citation :
Noam, padre del oanismo


1) Cómo la herencia de Oane no se perdió entre todos

Después de la destrucción de Oanilonia, los supervivientes se separaron en grupos múltiples que pronto no tuvieron nada más que ver entre ellos.
Casi todos ellos abandonaron también la religión de sus padres que consideraban que la caída de Oanilonia había provocado también la caída de la religión enseñada por Oane y se pusieron a venerar a varios dioses, surgiendo el paganismo.

De hecho, la verdad obliga a decir que sólo Noam, un pequeño sobrino de Oane así como la gente de su parentesco y cercanía, eran fieles todavía a su pensamiento. Noam fue, por otra parte, el que debió salvar de las llamas "el Espejo de Oane" cuyos únicos fragmentos poseemos, desgraciadamente, hoy.
A partir de un pequeño brote primitivo, la fe en un único Dios fue mantenida y se perpetuó como la rama más antigua de nuestra Iglesia que debió ser más tarde una de las fuentes de Aristotelismo.


2) Noam reflexiona sobre el desastre de Oanilonia e inventa los 3/8:

Noam fue uno de los primeros en estudiar las causas de la caída de Oanilonia y debió redactar sobre este tema una obra hoy perdida que sirvió de base para Spyosu cuando se puso a escribir el Libro de las Virtudes.
Sin embargo, contrariamente a Spyosu, Noam estaba convencido de que la acedia se había desarrollado porque no se había creído que había que reducir el tiempo de trabajo de los hombres para ponerlo en equilibrio con la ganancia obtenida de tiempo por las máquinas inventadas por el espíritu humano.
La inmensa mayoría de los artesanos, por otra parte, no sabían otra cosa que repetir a sus compañeros y aprendices que había que trabajar más para ganar siempre más.
El único resultado que dio fue un gran agotamiento moral de éstos, un aumento de los números de suicidio, y finalmente, una voluntad de no obedecer a nada, ni a otros hombres, ni a Dios.

Noam había pensado decir, por otra parte, que estos humanos tercos, se habían puesto a venerar a una gran sacerdotisa de nombre Sheila que les enseñaba que el mejor momento del día, era la hora de la salida del trabajo y que había redactado un poema donde ponía en tela de juicio la moral de su época:

"Me habías dicho, para darme confianza, que el trabajo conserva la salud. Trabajé cada día sin desfallecer, estoy cansada, alineada.
Oane, ¡ya no estás al día, Oane! Deberías escuchar mi voz, volver rápidamente a la escuela, revisar tu juicio, créeme, ¡sería lo más prudente!
"

También Noam decidió dividir el día en tres partes iguales: ocho horas de sueño, ocho horas de trabajo y ocho horas de ocio.
Y, con el fin de que de diversificar el ocio de los Hombres, inventó un nuevo juego para distraerlos, el Yannick Noam, el antepasado de nuestro Juego de Tenis


3) Establecimiento de un rito noamiano

Aunque la misa fue inventada en respuesta a la última comida de Christos, no todos los elementos nacieron en la época de este último.
Así, todavía poseemos, en Constantinopla, un fragmento de una misa noamiana que dice así:

El sacerdote comenzaba su sermón con una invocación a Dios, con el fin de atraer su protección hacia los fieles. Luego leía y comentaba un pasaje de un texto sagrado del cual ignoramos su origen, falta que nos llegue y debió ser, posiblemente, una de las fuentes de trabajo del excelente Spyosu. Después, la ceremonia se acababa con la bendición de la muchedumbre por el sacerdote, en nombre del todo el poder divino, luego les deseaba una buena semana.

Hoy día, este rito todavía se cumple a veces en ciertas iglesias de Constantinopla, bajo el nombre de "pequeño rito" para las misas ordinarias. Pero no podríamos estar seguros de que sea así entre los Clérigos de Occidente.


4) El sueño de Noam

Un día mientras dormía, Noam tuvo un sueño extraño; vió un árbol, o más bien su mirada siguió un tronco interminable que parecía subir todo recto hasta el Cielo cuando, de repente, rompiendo esta línea inmutable, decenas de millares de ramas enmarañadas y enredadas aparecieron, distorsionando considerablemente su vista.

Se asustó, considerándose perdido en medio del Infierno Lunar y se despertó sudoroso. Al menos eso creía, porque lo soñaba siempre... Un ángel ahora había aparecido en él y, para apaciguarle, le explicaba su sueño: "Lo que viste, Noam, es el destino de tu Iglesia... El tronco lo es, y lo que tomaste por ramas son, de hecho, las raíces de este árbol, que se hunden en la tierra y que se unen en un todo único para engendrar este magnífico árbol. Tu Iglesia será igual, Noam, fuerte y brillante. Porque miles de raíces vendrán para alimentarla; tú eres una, pero, por todas partes, en el mundo, hasta en los paganos, la gente reflexionará, pensará, y aportarán, gracias a dos profetas a los que Dios les enviará a los Hombres para guiarles hacia Él, su piedra al edificio.
Porque estos dos profetas sabrán conservar lo que, de todas estas ciencias paganas, es útil para todos. De modo que tu Iglesia, Noam, sabrá engendrar la unidad de la diversidad - E pluribus, unum ("Y de varios, uno") -.

No se sabe cómo acabó la vida de Noam, ni quién cogió el relevo después de él. Pero una cosa es cierta, y es que gracias a Noam y a los pensadores cuya visión había tenido, Aristóteles primero, Christos despuñes, y nuestra Iglesia todavía hoy, gracias a las aportaciones numerosas que continúa recibiendo, permitieron a la Iglesia Aristotélica nacer y continuar viviendo hasta hoy, probando la superioridad de Dios sobre todas las demás religiones que acabaron reduciéndose, a falta de creyentes.




Traducido por el Teólogo Jerem, a partir de la traducción griega de un texto siriaco, una traducción encontrada en el saqueo de Constantinopla en 1204 por los Cruzados, y traducido al latín por Lorenzo Valla, un pariente del difunto Papa Nicolás V. El Hermano Jerem descubrió su existencia, depositándolo en un estante de la biblioteca vaticana.
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