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 El Libro de las Virtudes. Libro I-El Mito Aristotélico. Los Arcángeles.

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Ignius
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MessageSujet: El Libro de las Virtudes. Libro I-El Mito Aristotélico. Los Arcángeles.   Jeu 7 Juil 2011 - 17:59

Citation :
Hagiografía del Arcángel San Gabriel



Nacimiento de Gabriel

Gabriel nació en un día como cualquiera, un día que no se diferenciaba en nada de los otros días. Nada dejaba predecir lo que iba a tener lugar en los tiempos venideros, nada. Porque Gabriel nació como otros niños. Sólo su virtud y la pureza de su corazón iban a permitirle reunirse con Dios.
Los padres de Gabriel eran piadosos, pero al igual que un buen número de habitantes de Oanilonia, el mensaje de Dios que sus padres habían recibido y le enseñaron a su hijo, estaba pervertido. Le enseñaron que Dios había creado la Tierra, que Él era la base y el motor de cualquier cosa, pero igual que infligía castigo sin razón, reinaba como si fuera un absoluto tirano…

Aunque los quince primeros años de Gabriel pasaron sin que nada ni nadie pudiese distinguirlo de los otros niños de su edad, se interesó en buscar la Verdad sobre Dios, y comprendió que era un Dios de Amor y no de Odio...



La Vida de Gabriel

El padre de Gabriel, que se llamaba Vorian, era marinero y trabajaba para un rico armador de Oanilonia llamado Léto. Éste era un buen hombre, justo con sus pescadores, pero se había casado con Hécate, una mujer malvada y cruel. Habían tenido un hijo, llamado Leviatán, que había nacido algunos meses antes que Gabriel. Leviatán había heredado todos los vicios de su madre, pero ninguna virtud de su padre. Montaba en cólera, era falso y un experto de la mentira. Era, sin embargo, un navegante excelente y su padre, a los quince años, le había nombrado capitán de uno de sus barcos de pesca.
Era justo el barco que Gabriel fue destinado cuando, a sus quince años, él también comenzó a trabajar como pescador.

Leviatán llegó gritando, como de costumbre, escupiendo a los pescadores lentos según él, golpeándoles y descargando en ellos cólera y resentimiento. A menudo, los pescadores montaban en una negra cólera e intentaban rebelarse y golpear a Leviatán, pero éste se alegraba con su odio hacia él. Evitaba siempre los golpes y se empeñaba en pegarles a los labios con una sonrisa.
Gabriel observaba todo esto, veía a este hombre monstruoso, que apenas tenía más edad que él, deleitarse con el odio que todos le tenían.

Hacía ya dos semanas que él trabajaba en el barco de Leviatán, sin nada que se pudiera criticar porque él hacía bien su trabajo, cuando Leviatán se le echó encima. Le reprochó por haber hecho mal su trabajo, gritándole para ver su reacción, pero Gabriel se quedó tranquilo y sin cólera ni odio. Las injurias y los gritos de Leviatán se deslizaban sobre él como la lluvia sobre una superficie lisa. Nada de lo que decía penetraba para despertar la cólera. Decepcionado por la reacción de Gabriel, le pegó un buen golpe y se fue de nuevo a otro lugar.
Uno tiempo más tarde, se supo que Léto había sido asesinado por su hijo, en un momento de uno de sus arranques de cólera de éste último. Le había roto el cráneo con su sextante, un instrumento astronómico para las observaciones marítimas. Por supuesto, oficialmente, esto sólo había sido un accidente...

Convertido en el dueño, Leviatán se volvió incontrolable, desencadenaba su cólera sobre todos y engendraba así la cólera entre todos aquellos que trabajaban para él.
Sólo Gabriel se quedaba inmóvil ante de las injurias y los incordios de Leviatán. Éste último se quedaba allí incrédulo, no comprendía que, a pesar de toda el mar de odio que le daba a Gabriel, éste se quedaba tranquilo, obediente y trabajador...

Es, en aquella época, cuando Gabriel encontró a un viejo mendigo ciego que le dijo:


Citation :
« Debes comprender, que eres tú quien te distingue y no tu nacimiento.

Debes comprender, que Dios te juzgará de acuerdo a tus actos y no de acuerdo a tu nacimiento.

Él te coloca en el camino, y son los hombres quienes, a sabiendas o no, lo harán curvado o derecho, te alejarán o te acercarán, pero eso te pertenece a ti y solamente tú debes decidir hacia donde quieres ir porque al final eres tú el que camina.

Es cierto, debes caminar con tus hermanos, tus hermanas y con Dios, es tu salvación la que está en juego.

Queriendo a Dios, queriendo a tus hermanos y hermanas, es decir, los humanos; sólo puedes ganar. Y si este premio no está en la Tierra, será en otro lugar, en el astro del día.

Es por esto que Dios te enfrenta a tí mismo con tus hermanos porque aquí son tus más grandes enemigos aunque luego muchos de ellos procuran ser buenos. »

Estas últimas palabras llenaron su corazón y su alma y más tarde, la vida de Gabriel fue una aceptación de toda la desgracia del mundo. Ya había aprendido a sufrir el dolor sin resistir. Ahora sabía que debía, sobre todo, comprenderlo, porque para luchar contra ese dolor, ¿qué mejor que sembrar la paz y el amor en el interior de este dolor?

No había dejado jamás hablar su cólera o su odio, ahora que sabía que debería decir "No" al dolor cuando éste creciera demasiado y sembrara la discordia en las almas.
Tenía tal capacidad de contenerse que le daba la imagen de un hombre para el que la vida no tenía ningún secreto.
Tenía tal confianza en Dios que se dejaría llevar por la providencia y el amor divino.

Una tarde, Dios le habló en sueños y le dijo:


Citation :
« Humano, soy Yo el que sopla cada día mi palabra en tus oídos
y la profundidad de tu corazón
pero tú, pescador y aprovechado,
cambias las Escrituras,
y perviertes mis declaraciones haciendome hablar a través de ti.
Numerosos fueron aquellos a los que transmití mi palabra,
pero todos desearon desvíarla,
era sólo para atraer hacia ellos la gloria,
era sólo para justificar una de sus propias palabras.
Pero vendrá el día en que le confíe a Uno Mi palabra de sabiduría
y a Otro le confíe Mis mandamientos.
Porque te quiero, humano,
y mientras quieras escuchar lo que te tengo que revelar,
hablaré,
y cuando, conscientemente, te vuelvas completamente contra mis declaraciones,
te enviaré a arder en las llamas del infierno en lo más hondo de la Luna.
Porque sólo el sufrimiento podrá mostrarte que, cada día, trabajo por tu bien.
Haciéndote sufrir te daré a entender que sin mí nada es y nada puede ser.
Si te obligara a seguirme no comprenderías porqué es bueno seguirme.
Ocupas el tiempo en comprender, humano, y sin embargo te quiero.
No busques, la felicidad está allí, en la sencillez de tu corazón.
Ve, Gabriel, transmíteles Mi mensaje a aquellos a los que considerarás dignos de ser salvados.
Porque Gabriel, te lo digo: dentro de poco esta era de decadencia se acabará.
Y sólo las personas justas serán salvadas. »

Entonces, Gabriel recorrió Oanilonia en busca de las personas justas. Les dio tanta sed de Dios, que las vocaciones llegaron a ser puras y limpias, tanto que comenzaron a trabajar para la gloria de Dios. Les explicaba también la necesidad de saber aquello a lo que somos llamados. Decía estas palabras:

Citation :
« Amigos, hermanos,
Dios os reserva a cada uno de vosotros una vía particular.
No deja de decíroslo en lo más hondo de vuestro corazón.
Sabed abriros a su llamada y responded « Sí! »
Diciendo « Señor, sabes lo que es bueno para mí. Allí dónde me llevas no sabré herirme porque es mi propia vía. Allí dónde me llevas, sólo sabré ser feliz a pesar de las pruebas ».
Entonces, abrid vuestros corazones. »

Muchos escucharon sus declaraciones, pero esto no bastaba para mantener a la muchedumbre de los hombres obstinados sobre la vía de Dios.
En efecto, las palabras de amor que emanaban de Gabriel hablaban de alejarse del pecado y así dirigirse cada vez más hacia la plena virtud que sólo Dios posee, para así dirigirse cada vez más hacia Dios.
Pero, era mucho más simple quedarse en su vida, era mucho más simple perdurar en el negocio del pescado… ¿Por qué cambiar cuando ya se está en una buena situación?

Fue entonces cuando Leviatán, que siempre estaba muy intrigado ante la templanza de Gabriel, le hizo venir. Cuando llegó, vio a su padre atado a una columna de madera. Leviatán le dijo que su padre había perdido todo un cargamento de peces, que era un mal elemento y que merecía una corrección. Leviatán comenzó a golpear a Vorian, Gabriel le suplicaba que le dejase, pero cuanto más suplicaba Gabriel, más fuerte le pegaba Leviatán... Leviatán le golpeó tan fuerte, que traspasó, en una explosión de sangre, el vientre de Vorian que murió en el acto, siendo acompañado por las lágrimas de su hijo...
Leviatán esperaba que Gabriel reaccionase ebrio de cólera e intentando vengar a su padre, pero Gabriel no hizo nada, dio la espalda y dejó el lugar, pero antes de irse le dijo a Leviatán: « tu Odio y tu cólera no me alcanzan, creer que eres más fuerte, pero tu fin está cerca, Dios te castigará por tus pecados y serás condenado a una eternidad de sufrimiento ». Antes de que Leviatán tuviese tiempo de responder, Gabriel se había ido...



La Caída de Oanilonia

Gabriel se paseaba por el puerto de Oanilonia presa de una gran tristeza después del desencadenamiento de violencia al que acababa de asistir. Se acercaba al barco « Qué Pico », nombre dado a este barco porque su proa representaba un albatros con su gran pico abierto: su armador decía « pero ¡qué pico tiene este barco! », con un fuerte acento de los barrios bajos, así se puso el nombre de "Qué Pico" a este barco. El armador era un amigo de Gabriel, porque le había devuelto al camino de la salvación algún tiempo atrás.

Estaba a punto de ir a verlo, cuando aparecieron relámpagos en el cielo.
Gabriel comprendió en seguida que la hora para la caída de Oanilonia había llegado.
Decidió prevenir inmediatamente a todos aquellos que había encontrado y que le habían seguido en la senda de la virtud para salvarles.
Comenzó por prevenir a su amigo Alcisde, el armador del "Qué Pico" para que prepare el barco para embarcar a todos aquellos a los que traería con el fin de salvarlos.
Recorrió entonces las calles de Oanilonia previniendo a todos aquellos a los que conocía para irse al puerto y embarcar en el « Qué Pico », les decía sobre todo que no llevasen nada que pudiese volver pesado al barco.

Mientras volvía hacia el puerto acompañado por cuatro huérfanos, vió a Leviatán, con los ojos llenos de rabia y de cólera, lanzar una viga enorme sobre el barco que cayó sobre la vela lo hizo prisionero de la ciudad. Mientras que una risa atronadora y demente salía de la garganta de Leviatán, Gabriel, escuchando sólo su fe, se lanzó al puente para ayudar a liberar el « Qué Pico ». La viga era demasiado alta, y Gabriel que era muy fuerte, propuso hacer una escalera de su cuerpo. Cogió una tabla que para que hicieran como dos manos y le dijo a uno de los marineros « Monta sobre mi cuerpo, puedes utilizarme como una escalera ». Éste pudo así subir hasta la viga y liberar el barco. Todos gritaron entonces « ¡viva Gabriel, que hizo una escalera de su cuerpo, viva « Qué Pico » libre! ».
Una vez liberado, todos subieron a bordo del barco.
Un hombre le preguntó entonces a Gabriel « ¿qué espera Dios de nosotros? »
A lo que Gabriel respondió:


Citation :
« Oane nos ha grabado la palabra del Creador en el primer muro de nuestra ciudad, está escrito allí lo que Dios les dijo a nuestros antepasados:

« Que vuestra fidelidad sea como la de los hijos hacia sus padres o yo seré tan severo como los padres hacia sus hijos. Porque, cada vez que uno de vosotros muera, lo juzgaré, de acuerdo a la vida que tuvo. El Sol inundará cada día al mundo de su luz, como prueba de amor hacia Mi creación. Quienes, de entre los tuyos, envíe allí, viviremos una eternidad de felicidad. Pero entre cada día, la Luna tomará el relevo. Y quienes, de entre los tuyos, estén allí tirados no conocerán más que la tormenta ».

Pero yo os digo también:

Este día es un día nuevo.
Jamás existió y no existirá nunca más.
Agarros pues este día y hacedlo una escalera
para acceder a las cumbres más altas.
No permitais que la caída del día
os encuentre semejante a lo que vosotros erais al amanecer.
Porque mañana puede ser el día en que sereis juzgados ».

El barco se alejó mientras que Gabriel regresó a la ciudad presa del caos absoluto. Y, durante seis días, hizo todo lo que pudo para salvar a los que todavía podían ser salvados...
Vino entonces el séptimo día, llegando con él un cataclismo espantoso.
Gabriel estaba en el puerto cuando vio a Leviatán, loco de rabia, intentar huir de la ciudad en su barco llamado « Kraken », pero los elementos se desataron y un remolino terrible se formó alrededor de « Kraken » y lo absorbió. Ocurrió mientras un terremoto gigantesco destruyó a Oanilonia, que quedó sumergida bajo el mar.
Testigos vieron entonces un arco iris iluminar los cielos oscuros y algunos reconocieron entonces a Gabriel mientras que iba hacia el Sol.



Oración a San Gabriel

San Gabriel Arcángel,
ángel de la Templanza,
abre nuestras oídos
a las suaves advertencias
y a las urgentes llamadas del Altísimo.
Estate siempre ante de nosotros,
te conjuramos,
con el fin de que comprendamos bien
la Palabra de Dios,
con el fin de que Le sigamos
y le obedezcamos
y que cumplamos
lo que Él quiere de nosotros.
Ayúdanos a estar despiertos
con el fin de que, cuando venga,
el Señor no nos encuentra adormecidos.
AMÉN
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MessageSujet: Re: El Libro de las Virtudes. Libro I-El Mito Aristotélico. Los Arcángeles.   Jeu 7 Juil 2011 - 18:00

Citation :
Este texto es la traducción de un pergamino antiguo encontrado hace una decena de años en una vieja biblioteca en una isla griega. Su autor nos es desconocido, y la traducción ha necesitado numerosas horas de trabajo a causa de que el pergamino estaba en mal estado en su descubrimiento.

Hagiografía de la Arcángel Santa Galadriela


La negra infancia:

Galadriela nació en los tiempos fangosos cuando la Ciudad de Oanilonia fue entregada al pecado. Su familia formaba parte de aquellos que se reivindicaban como los fuertes. Controlaban el comercio de las vacas, que aseguraban así su superioridad sobre los otros. Había levantadas barricadas en el gran costado de la colina que sobresalía Oanilonia. Galadriela creció en este contexto de conflictos permanentes encerrada incansablemente en su habitación y en su casa. Galadriela era una simple niña que jamás pedía nada y que se contentaba con lo que se le ofrecía. De Dios no conoció nada durante su infancia. Se contaba una historia en su ciudad que hacía pasar a Oane por un hombre de poder. Fue rápidamente rechazada por sus hermanos y hermanas que la encontraban demasiado débil. Fue dejada a un lado encontrándose muy sola, vivía en el granero de su casa, en la oscuridad, esperando solamente ambas comidas que se le aportaba al mediodía y por la tarde.

Sin embargo pasó un día que cambió todo para ella. Mientras que la criada venía aportarle su plato del mediodía como de costumbre la luz que pasó por la trampa le reveló a Galadriela una pila de libros que jamás había visto. La suerte le sonreía, ya que encontró al lado de los libros unas velas y un pequeño objeto que permitía crear una llama débil. Aprendió así a leer, sola en su granero y descubrió muchos otros libros porque su granero estaba lleno. Un día que acababa de leer una obra que hablaba de plantas medicinales, buscaba un nuevo libro que estudiar y encontró un viejo conjunto de pergaminos, muy usados, con numerosas páginas. Se llamaba "El Guía". Este libro contaba la historia de Oane y de la creación de la ciudad y así es como Galadriela descubrió la existencia de Dios. A partir de aquí, rogó cada día, rezaba un poco más el domingo para estar en contacto todavía más con Él como lo hacían los ciudadanos antes cuando se reunían sobre la tumba del Guía.



La liberación:

Un día un gran estruendo la despertó. La casa fue atacada otra vez. El vicio incitaba a la exaltación extrema, donde la ciudad no era más que un cementerio donde todo el mundo se mataba, fornicaba y pertenecía ahora a la familia de Galadriela, pagando el precio de la decadencia los humanos que habían olvidado a Dios y su Amor. Toda la familia fue masacrada, las mujeres violadas antes de ser degolladas o destripadas. Galadriela, escondida en el fondo de su granero rezó durante todo el tiempo mientras duraba el ataque, continuamente de pillaje. Después de varios días sin comer escondida en su granero, salió por fin. La casa fue saqueada, no quedaba nada más, todo había sido robado o destruido. Se escapó hacia las montañas dónde sobrevivió un tiempo antes de regresar a la ciudad. Encontró allí a personas que, como ella, todavía creían en Dios y en su Amor. Con ellos ayudó lo que podía, comiendo y bebiendo siempre poco, sin guardar un viejo y simple vestido para vestirse. Durante ese tiempo, sirvió al pobre y la debilidad daba prueba de la generosidad más grande posible, tanto que su humildad fue reconocida por todos los que estaban con ella.


La iluminación:

Fue entonces cuando Dios se dirigió a los habitantes de Oanilonia para anunciarles la destrucción próxima de la ciudad. Es cuando los siete Señores del Vicio, como les llamaba Galadriela, aparecieron y tomaron el control de una parte de la ciudad en su rebelión contra Dios. Galadriela estaba en el campo opuesto, en los que todavía creían en el Todopoderoso, en su Amor y reconocían los pecados de los hombres así como aquellos que asumían con humildad. Durante seis días, Galadriela rezó con Raphaëlle, Miguel, Sylphaël, Gabriel, Jorge y Miguaël así como con un puñado de hombres y de mujeres que les habían seguido. Durante estos seis días, Dios se dirigió a ella dos veces. La primera, mientras que una mujer estuvo moribunda por falta de alimento. Le dijo entonces:

- Galadriela, de los siete humanos que encarnan las virtudes supremas, eres la que posee menos y jamás experimientas la necesidad, ayuda a esta mujer para probar que encarnas bien la conservación y serás recompensada.

Durante dos días que siguieron, Galadriela comió sólo un mendrugo de pan, dejándole el resto de su ración a la mujer que fue salvada. El tercer día Dios le habló otra vez a Galadriela y le dijo como la primera vez:

- Galadriela, de los siete humanos que encarnan las virtudes supremas, eres la que posee menos y jamás experimientas la necesidad, ofréceles a tus compañeros todo lo que posees para probarme que encarnas bien la conservación y serás recompensada.

Galadriela dio entonces todo lo que hasta ahora poseía, guardó sin embargo, su vestido a petición de una mujer como préstamo. Y comiendo gracias a la amistad de sus compañeros que cada uno le dieron un poco de lo que alimentarse cada día. Llegó el séptimo día, el suelo se rompió, las llamas salieron de la tierra y toda la ciudad fue engullida. Galadriela, sus seis compañeros y sus pertenencias se habían refugiado sobre la colina dónde asistieron al cataclismo. Fue cuando una luz cayó sobre ellos. Galadrielle, Raphaëlle, Miguel, Sylphaël, Gabriel, Jorge y Miguaël tuvieron el honor de ser llamados Arcángeles para la humildad así como la virtud que ellos habían encarnado, sus discípulos se hicieron unos ángeles porque ellos también habían probado su deseo de arrepentimiento.



La Arcángel:

Hecha Arcángel gracias a su humildad y a la conservación que encarnaba Galadriela, se hizo una de los siete segundos de Dios, que tenía, como misión, ayudar a los humanos cada vez que esto fuera posible así como combatir a Criatura sin Nombre. Galadriela cumplió entonces con fervor la misión que Dios le había confíado. Durante los primeros tiempos hasta el nacimiento de Aristóteles, sólo miraba con dificultad a los humanos entregarse al paganismo. Pero el nacimiento del Profeta cambió numerosas cosas, inspiró entonces a numerosas personas que siguieron el camino de la conservación. A cada oración que le fue envíada descendía sobre la tierra otorgando su perdón. Jamás acabó su combate contra los golosos.
Llegó un día donde fue llamado a la Tierra por un joven chico que le pedía su ayuda. El niño, que lloraba y rezaba sobre su cama en una gran habitación lujosa, vio entonces llegar una mujer, con cabellos largos y rubios, vestida de un vestido ligero y simple de lino blanco inmaculado que revela sus formas, dos alas en la espalda que irradia una luz pura. Se dirigió así al chico:

- Soy Galadriela, Arcángel de la Conservación, me llamaste pidiendo ayuda y respondí a tu llamamiento, dime en qué puedo ayudarte.

El chico, maravillado por la belleza y la pureza de Galadriela, le respondió:

- Mi padre, el Rey de estas tierras, me fuerza a comer y beber como un guerrero porque dice que soy demasiado débil. Pero no me gusta comer todas estas cosas y beber todos estos vinos como él y su consejo hacen.

Galadriela meneó entonces la cabeza y cuando se elevaba en los aires para irse de un aletazo le respondió:

- Tu deseo será cumplido, chico.

Y desapareció entonces en el cielo entre dos nubes. Al día siguiente los almacenes del Rey fueron encontrados vacíos, y éste, incapaz de pasar el día sin el alimento que engullía, murió. El joven chico se hizo Rey y nunca más alguien fue obeso en este reino.

Vino un día que Dios pidió personalmente a Galadriela desempeñar una misión para ella. La convocó, se le presentó toda humildad y le dijo:

- Galadriela, vas a cumplir para mí una búsqueda. Vas a ir a las tierras olvidadas, allí dónde se encuentran las ruinas de Oanilonia, donde quiero que tú me devuelvas la Corona de la Criatura sin Nombre.

Galadriela se fue entonces hacia un largo viaje. El emplazamiento de las tierras olvidadas no fueron conocidas por ningún hombre y sólo un ángel podía acceder allí volando. Estaba a millas y millas de tierras áridas y negras, sin vida alguna o gota de agua. Galadriela encontró en el emplazamiento de las ruinas de Oanilonia una grieta inmensa. Durante días buscó alrededor la Corona de Criatura sin Nombre, sin éxito. Desesperada, soñó con abandonar y volver vergonzosa al Paraíso para reconocer su fracaso ante Dios. Es cuando una respirción anhelosa salió de la grieta inmensa. Galadriela comprendió entonces que debía ir a por la corona en el precipicio. Se zambulló dentro, iluminando su camino gracias a la luz divina que irradiaba. En el fondo del precipicio, sobre un pedestal rodeado de lava encontró la corona. Enorme, totalmente de oro y con numerosas piedras preciosas, que testimoniaba el orgullo de la Criatura sin Nombre. Galadriela tomó entonces la corona y salió del precipicio pero fue atacada. La Criatura sin Nombre en persona le saltó arriba, envolviéndola con su negrura. Combatieron durante varios días, mientras no lograban triunfar la luz y la sombra. Fue entonces cuando Miguel, Arcángel de la Justicia llegó para ayudar a Galadriela. Traspasó a la Criatura sin Nombre con su lanza, que la rechazaba y la ahuyentaba. Volvió entonces con Galadriela y con la corona al Paraíso, allí Dios destruyó el objeto, símbolo de codicia, y gratificó a Galadriela con una gracia divina por su combate contra la Criatura sin Nombre.


Traducido del griego por Arilan de Louvois, Teólogo del Santo Oficio romano.

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MessageSujet: Re: El Libro de las Virtudes. Libro I-El Mito Aristotélico. Los Arcángeles.   Jeu 7 Juil 2011 - 18:01

Citation :
Hagiografía del Arcángel San Jorge


I - La Amistad

Un rayo cayó muy cerca de allí. Aterrorizados, los niños se acurrucaron todavía más en los brazos de sus madres. Éstas lloraban, implorando piedad al Altísimo. Los hombres se peleaban, atribuyéndose uno al otro la responsabilidad de los acontecimientos. Hacía ya seis días que los elementos se desataban sobre la ciudad de Oanilonia, con la furia de los primeros días del mundo. Un cielo negro como la tinta, cargado de amenazas, tenía todo su peso sobre la ciudad maldita. En un pequeño grupo que se había refugiado en la reserva de trigo, desde hace tiempo vacía, el miedo se acercaba a la cólera, el furor y la desesperación. Se podía ver a un hombre que había dejado de reírse de Dios cuando Éste había anunciado la destrucción de la ciudad. Y una mujer repetía sin cesar, con vergüenza, sus orgías lujuriosas con tantos hombres y mujeres que no había podido contarlos. Incluso había un joven, que había tenido el placer inmundo de romper el cráneo a su pequeño hermano, y que ahora, intentaba salvarse tranquilizando a los niños reunidos en la pequeña habitación. Todos sabían por qué fueron castigados, pero ninguno se atrevía a reconocerlo, algunos hasta procuraban culpar a otros, con la vana esperanza de olvidar sus propios pecados.

Una borrasca terrible vino para derribar la puerta, llenando el débil edificio de un viento glacial. Sus cimientos temblaron cuando el trueno siguió al relámpago, con una fuerza ensordecedora. Y se hizo el silencio. Ciertamente, el tornado rugía y el trueno gruñía, pero hacía ya seis días que los habitantes de Oanilonia conocían todo esto. No, el silencio no provenía de la naturaleza, sino de los humanos. Porque los refugiados se habían callado, se habían quedado paralizados por el espanto, viendo una sombra que se perfilaba en el restos de la puerta. Un hombre muy grande y enorme, que tenía doblarse y apretar los hombros para entrar, se les acercó. La penumbra dejaba adivinar su cara rugosa y su barba apretada. Su cabellera voluminosa y plateada le daba un aire de sabiduría, contrastando con la anchura de sus manos, que parecían ser capaces de hacer añicos hasta la más dura piedra. Su mirada azul pálido, gastada por el tiempo, parecía sin embargo guardar en el fondo una alegría infantil. El coloso vestía con una camisa remendada y gastada por las ansias del tiempo. Un gran pedazo de tela, enrollado alrededor de sus piernas, testimoniaba su condición de desfavorecido. Dejó aparecer una sonrisa ligera y todos los refugiados suspiraron de alivio. Luego dijo con su voz cavernosa:


“Cuando no hay más esperanza, queda siempre la amistad.”

Entonces, una vieja mujer, con una dura mirada como la voluntad del hierro, se adelantó hacia él y le preguntó:
“Y tú, extranjero, ¿has venido como amigo? Porque esta ciudad es de los hombres y de las mujeres cuyas palabras son como la miel pero cuyos actos son como el veneno. Viven sobre montañas de oro, y no desean nada más que elevarse todavía más en su loca búsqueda de botines. La vida de sus semejantes les importa poco, tal es su sed de tesoros, que les consume.”

“Lo sé,” respondió el hombre. “Es por eso que he venido. La riqueza del corazón no puede ser igualada por las riquezas de este bajo mundo. ¿Se llevarán sus montañas de oro a la otra vida?”

“No, claro que no,” le respondió la vieja dama. “Pero las riquezas del mundo, ¿nos están prohibidas para siempre? ¿Debemos contentarnos con vivir como animales para honrar la riqueza del alma?”

“¿La vida os enseñó a rechazar vuestra mano izquierda para emplear la derecha?” preguntó el hombre. “Lo mismo ocurre con los tesoros que Dios creó para nosotros. Que las riquezas materiales sean suyas, porque Dios, por amor para Sus hijos, nos lo regaló. Pero jamás olvidemos que no hay tesoro más bello que la amistad.”

Entonces, un joven hombre se levantó y le preguntó: “Pero, ¿quién eres tú, cuyas palabras están llenas de sabiduría?”
“Mi nombre es Jorge,”
respondió.


II - La Avaricia

Por aquel tiempo, sobre una de las siete colinas de Oanilonia, un hombre temblaba más que otra cosa ante de la cólera divina. No temía por su vida, porque ésta no tenía importancia para él. Pero se ató tanto a sus bienes que no podía separarse de ellos. Mientras que la gente se masacraba y se violaba, él entraba en las casas deshabitadas y acumulaba las riquezas hasta hacer una verdadera colina de metales preciosos, de tejidos delicados, de platos suculentos... Decidió construir una torre tan alta, tan ancha, tan sólida que podría almacenar allí sus bienes protegiéndose de la codicia de otro. Había contratado a albañiles y soldados, prometiéndoles un salario incomparable, los albañiles para construir su fortaleza y los soldados para rechazar a los pobres, los desheredados y los hambrientos que querían sus riquezas. Estas riquezas cubrían las pendientes de la colina, iluminando los alrededores con una luz dorada y con olores apetitosos. Sólo los albañiles podían poner un pie en estos tesoros para ir a construir la torre, pero cuando uno de ellos abandonaba su trabajo para entregarse a la codicia, los soldados atravesaban su corazón con mil golpes de espada. Y el hombre rico mostraba alegría y satisfacción a la idea de poder guardar sus bienes hasta su muerte, observando a los pobres y muertos de hambre que rodeaban su colina y la cubrían con una mirada suplicante. Este hombre se llamaba Belzebú.

Entonces vino Jorge, seguido de todos los desgraciados que se habían cruzado en su camino. Cuando éstos vieron la miel, la leche, la carne asada, los trajes de seda y los cofres que se desbordaban de piedras y de metales preciosos, corrieron para pillar una parte, no escuchando los avisos que gritaba Jorge. Y los guardias desenvainaron sus espadas y dieron muerte a quienquiera que se acercase a las riquezas. Cuando la matanza se hubo acabado y cuando las lágrimas sustituyeron a los gritos, Jorge se acercó a los soldados, con un paso tranquilo y seguro. Uno de ellos, particularmente celoso, le enseñó la espada bajo la barbilla, en una actitud explícita de violencia. Pero Jorge le dijo:
“¿Por qué mataste a esta pobre gente?” “Me han pagado para ello”, respondió el soldado. “¿Y cuánto te han pagado hasta ahora?”, le preguntó Jorge con interés. “Nada. El señor Belzebú me pagará una fortuna cuando su torre esté construida y cuando sus riquezas estén almacenadas allí”, dijo el soldado con tono seguro. “Entonces, ¿matas para servir a una persona que quiere sólo conservar sus riquezas, y crees que cumplirá su palabra y te pagará luego, como él te lo prometió?”, le preguntó Jorge. “¡Por supuesto! Porque si no, ¡esto sería esclavismo!”, exclamó el militar, inquieto al oír tal cuestión. Entonces, Jorge concluyó: “De verdad te lo digo, quien viva para los bienes materiales, destruyendo la amistad que todo hijo de Dios debe llevar con sus semejantes, no merece ninguna confianza. En lugar de matar para defender la avaricia de tal hombre, coge estas riquezas que pisas y dáselos a los que verdaderamente lo necesitan. Dios creó estos bienes para que todas Sus criaturas pudiesen encontrar la manera de vivir protegiéndose de la necesidad, no para que uno solo goce más que el otro.”

Entonces, los guardias dejaron sus armas, los albañiles dejaron su trabajo, la gente se acercó, y se repartieron las riquezas a cada uno según sus necesidades. Belzebú gritó de rabia al ver como sus bienes desaparecían y pasaban de mano en mano. Pero en ese momento se celebraba el séptimo día del castigo divino sobre Oanilonia y la tierra empezó a temblar. La torre en construcción se hundió y enormes fallas se abrieron a través de la colina, tragándose todos los tesoros. La inmensa mayoría de la gente huyó, alentados por Jorge. Pero algunos, continuaban llenándose los bolsillos de todo lo que podían coger. Belzebú se peleaba contra cualquiera que se cruzaba, pues enorme era su cólera al perder lo que tenía. La colina se hundía poco a poco, pero Jorge vió a un niño en lágrimas, tumbado sobre la colina, con la pierna aprisionada bajo un cofre pesado. Corrió hasta él mientras que el suelo temblaba, amenazando cada instante con hundirse. Cuando le alcanzó, le liberó la pierna, tomándolo en sus brazos e intentando alcanzar el borde. Entonces, algunas personas decidieron ir allí con el fin de ayudarle en un intento desesperado, pero toda la colina se hundió entonces en las entrañas de la tierra, en un gigantesco chorro de llamas.

La gente se derrumbó de tristeza por perder a tales amigos. Se preguntaron entonces si Dios no se complacía al hacer sufrir a Su creación. Pero no era nada de eso y lo comprendieron cuando vieron una luz dulce tranquilizadora brillar desde el precipicio a sus pies. Y seres que irradiaban de calma y de dulzura salieron de allí, con sus alas majestuosas y blancas. La gente reconoció a las personas que acababan de morir intentando salvar al niño. Pero vieron sobre todo a Jorge, elevado al nivel de arcángel, tener al niño en sus brazos y devolvérselo a su madre, exento de daño. Luego, todos fueron hacia el Sol, donde Dios los esperaba.



III - Las Lenguas

Hubo un tiempo cuando el rey Hammurabi de Babilonia hacía la guerra en toda Mesopotamia para convertirse en rey de reyes. Un día, sus tropas fueron a la ciudad de Mari y lanzaron fuego. La población estaba aterrorizada y no sabía qué hacer para salvarse. Entonces, la Criatura sin Nombre le habló a la oreja de un general babilónico y le sopló la idea de exigir a cada uno un tributo a cambio de sus vidas. Cuanto más diese cada uno, menos se arriesgaría a la muerte. Los señores ricos de la ciudad, aquellos mismos que aconsejaban poco antes a los Shakkanaku, los reyes de la ciudad, fueron los primeros en aceptar, aportando con ellos cofres pesados llenos de riquezas. Pero una vieja mujer tenía como único tesoro algunos granos de trigo. Los soldados se rieron en su cara, afirmando que dar tal obsequio era un insulto al gran general babilónico. Desenvainaron sus espadas y se acercaron a la vieja mujer, preparados para matarla. Pero un hombre alto y con barba plateada se interpuso. El soldado levantó su espada, pero no pudo derribar al hombre, como si se lo impidiese una fuerza invisible. Entonces, este último abrió la boca y dijo:

“¿Por qué quereis golpear a esta mujer? Mientras que los señores ricos de Mari os colmaron de innumerables riquezas, ella os ofreció todo lo que poseía. Os burlais de su donación, pero ella ha donado su esencia mientras que ellos os dejaron sólo lo superfluo. Tomad estos granos de trigo y lleváoslos con vosotros: os parecerán muy pesados en el corazón del Infierno Lunar”. Luego, se dirigió hacia los cofres y distribuyó el contenido entre todos los habitantes más pobres y más hambrientos de Mari. Los guardias no sabían qué hacer frente a un hombre desarmado, que no podía ser golpeado y cuya fuerza se encontraba en la sabiduría de sus palabras. Disgustados, se marcharon del lugar y regresaron a Babilonia.

El viaje era largo hasta esa poderosa ciudad. El calor era intenso y la humedad devolvía el aire húmedo y pesado a lo largo de las orillas del río Éufrates. Pero cuando llegaron, cuál fue su sorpresa cuando vieron al hombre en la barba plateada que les esperaba al pie de las murallas gigantescas. El general le preguntó:
“Pero, ¿quién eres tú, que hablas con tanta sabiduría?”. “Soy el Arcángel Jorge, servidor modesto del único Dios, al que usted olvidó en provecho de legiones de falsos dioses y de una vida de pecado”, respondió. Añadió: “Sígueme hasta el templo y tú mismo verás el juicio de Dios, como yo mismo lo vi hace mucho tiempo”. Entonces, el general y sus guardias siguieron al Arcángel hasta el bajo de una torre gigantesca con pisos sobre los cuales crecía una vegetación floreciente, una prueba de la omnipotencia del rey Hammurabi de Babilonia.

Entonces, San Jorge levantó los brazos y dijo en voz alta:
“Desde siempre, los niños de Dios han hablado una misma y única lengua, porque los hermanos y hermanas deben comprenderse para quererse. Pero esto se rompe hoy porque olvidaron a su Padre y Su amor. Vendrá un día donde los profetas vengan para recordarles de donde vienen y donde irán. Mientras tanto, ustedes son juzgados no por su fe, sino por su amor al mundo que les rodea. Aprended a conocerlo y aprenderéis a que os guste. Para hacer esto, Dios, en Su gran misericordia, decidió dividir la palabra de Sus niños en múltiples lenguas, con el fin de que ustedes hagan hacer un esfuerzo para descubrirse uno al otro.”

Y San Jorge bajó los brazos y la torre se hundió en una inmensa nube de polvo. Desde este día, la palabra de los niños de Dios es múltiple y debemos aprender uno del otro para vivir. Así, comprendemos hasta qué punto nuestras diferencias son engañosas y que todos somos hermanos y hermanas.
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MessageSujet: Re: El Libro de las Virtudes. Libro I-El Mito Aristotélico. Los Arcángeles.   Jeu 7 Juil 2011 - 18:01

Citation :
Hagiografía del Arcángel San Miguel



Nacimiento de Miguel

Miguel nació en la ciudad de Oanilonia, era el quinto de los diez hijos de Diana y Robin, una pareja de cazadores que vivía, como muchos en este período, para servir a alguien más rico que ellos.
Su maestro, porque había que llamarle así, no tenía más objetivos que adquirir más riquezas y tierras que no podía utilizar.

Este hombre, que era conocido bajo el nombre de Maestro Satanás Sybarite, había afirmado poseer tierras hasta dos kilómetros alrededor de la ciudad, y todo los que cazaban allí o los que cultivaban la tierra debían darle la mitad.
Se decía que él no dormía hasta que el día no le diese un beneficio que pudiera llenar dos de sus cofres, uno de esos cofres de maíz, y el otro de carne.
Enviaba a sus secuaces a cobrar más a los desafortunados que vivían en el borde de la ciudad.


La Vida de Miguel

Miguel creció entre los pobres de Oanilonia aprendiendo de su padre el arte de la caza y el manejo de la lanza. De su madre aprendió a seguir las huellas dejadas por los animales que cazaba. Aprendió también a leer e interpretar las estrellas para encontrar el camino. Vivir con sus hermanos y hermanas le enseñó a repartir y el amor de los demás.

A los trece años, Miguel ya tenía la espalda y la fuerza de un adulto, el mayor de los chicos de la familia. A menudo era él quien defendía a sus hermanos y hermanas interponiéndose frente a los que querían sus miserias. Y aunque jamás hirió a nadie, fue temido y respetado por los suburbios. Muy pronto le pidieron arbitrar los conflictos porque se decía de él que podía leer el corazón de la gente.

Cuando no había pruebas para desempatar a dos personas, depositaba su lanza en la cabeza de uno de los dos, y, si la lanza se quedaba en equilibrio, significaba que la persona decía la verdad, en caso contrario, mentía. Pero muy pronto, no hizo falta utilizar más su lanza.
El sólo hecho de anunciar que Miguel vendría, el culpable renunciaba, y las cosas se arreglaban por sí mismas. Algunos decían que tenía un poder sobrenatural, pero los más sabios sabían de dónde procedía esto.
Sin embargo, a pesar de su gran sabiduría y su destreza en la lanza, no podía hacer nada contra los secuaces del Maestro Satanás Sybarite, que cada vez se volvían más golosos.

Su padre murió cuando Miguel tenía 20 años, convirtiéndose en patriarca porque era el hijo mayor de los chicos. Es en este tiempo recibió la visita de su amigo Timoteo que venía a pedirle el permiso para casarse con Emilia, su hermana menor.
En Oanilonia, los sacerdotes habían abandonado el pueblo para ocuparse sólo y exclusivamente de la gente notable y de los más ricos aportando los favores del Altísimo.
Miguel se encargó entonces de organizar los bandos, y todo el mundo fue bienvenido.

Este día, Simplicius, uno de los tenientes del Maestro Sybarite, estaba presente y cayó bajo el encanto de la hermana de Miguel. Volvió el día siguiente con sus guardias y exigió a Emilia que los siguiera para entrar al servicio de Satanás, pero Miguel se interpuso y dejó en un estado lastimoso a su guardia y finalmente Simplicius quedó a su merced...
Pero en lugar de matarlo, tomó su daga y se la lanzó diciendo: "Si tu ojo derecho te atrae hacia lo que no te es destinado, arráncatelo y quémalo, porque más vale que una parte de ti perezca, que atraer hacia ti la cólera de Dios."
El teniente no pidió su arresto y regresó con su Maestro. Pero al día siguiente con una tropa más grande, detuvo a Miguel y Timoteo; que fueron conducidos y encerrados en la prisión de Oanilonia.


La Destrucción de Oanilonia

El primer día de cautividad fue también el primero de los siete días que provocarán la destrucción de la primera ciudad de los hombres.
Un rayo cayó sobre la pared de la prisión que permitió a Miguel y a su amigo evitar el caos, y reunirse con los suyos.
Miguel reagrupó a tanta gente como pudo, diciéndoles que el castigo del Creador iba a ser terrible, pero que las personas justas podrían vivir una nueva vida lejos de la ciudad maldita.
Como Timoteo era pescador, propuso reunirse en el puerto para huir a través del lago. Miguel ayudó a los que merecían, por su fe en Dios, embarcar sobre el esquife. Como quedaban unos sitios libres, le pidió a su amigo dejar subir a unos niños que se habían refugiado cerca de ellos.
Unos cobardes que querían evitar la ciudad, más por miedo que por seguir la voluntad de Dios, intentaron asaltar el esquife, pero Miguel se interpuso, permitiendo a su clan y a los niños irse de la ciudad sin saturarse.

Una vez sus amigos estaban seguros, se quedó solo, y durante los seis días, salvó a los que podían ser rescatados.
El séptimo día, quedaba gente para salvar pero el barco era pequeño. Milagrosamente, otros dos esquifes aparecieron. Invitó a los que tenían el corazón puro a subir sobre estas barcas. Parecía capaz de leer en los ojos de la gente si su fe era real, y enviaba a aquellos a los que consideraba dignos a la primera barca y los que huían por miedo o para salvar sus riquezas a la segunda barca. Viendo los 2 barcos llenos, se negó a subir, diciendo que Dios tenía una misión para él y que sentía que debía quedarse para salvar a otros amigos.
Llegando a la salida de la ciudad el primer barco se dirigió sin saturación hacia alta mar, mientras que el segundo, más pesado a causa del oro que llevaban estuvo bloqueado en la baja mar. Desapareció con la ciudad cuando los grandes vientos destructores vinieron del centro de la Tierra, agrietando la tierra en numerosos abismos.

Algunos que sobrevivieron, lejos de la ciudad, contaron que en este momento, mientras que la lluvia caía a pesar de un cielo sin nubes, un arco iris que directamente venía del sol había caído sobre la ciudad. Miguel fue escogido por Dios para ser llevado así por un nubarrón celeste, y se convirtió en uno de los siete arcángeles.


Primera aparición

La primera aparición del Arcángel es, en realidad, la que hizo de él un ángel guerrero que jamás derramaba sangre.

Algunas generaciones después del día del juicio y de la muerte de Miguel, dos clanes descendientes directos de aquellos a los que él había protegido, se peleaban entre sí porque una parte le había construido un templo a Miguel, y hasta lo había renombrado considerándolo como igual a Dios porque había sabido salvarlos. Los otros consideraban el sacrificio de Miguel como un ejemplo y no como el acto que hace de un humano un dios.

Inspirado por la oscuridad, el que se había declarado Gran Sacerdote de Anubis vio cómo aumentaba su poder (nombre que le dieron a Miguel, no se sabe demasiado la razón, podría ser que fuese el nombre de su clan, pero ningún rastro de este hecho ha sido encontrado hoy en día). Diciendo recibir informaciones del mismo Dios, el Prelado nombró a un recién nacido soberano del pueblo por ser hijo de Anubis y en su nombre controló varios años e hizo derribar el templo dedicado a Dios y declaró que ya que este dios no había sabido proteger a sus fieles, éstos se convertirían en sus esclavos. Para solidificar su poder y hacer olvidar al verdadero Dios, él recogió los nombres de los Arcángeles para convertirlos en dioses a su vez.

El patriarca de los fieles imploraba a dios cada día y, a pesar de sus sufrimientos, éstos le agradecían por lo que tenían.
El Señor sintió lástima y envió al Arcángel en persona.
San Miguel apareció en armadura con una lanza larga y un escudo ancho y se dio a conocer a todos, apareciendo en la cumbre del templo que le fue destinado.

El Gran Sacerdote le imploró y le dijo: « Anubis, por fin, ¿viniste para agradecer a tus fieles y recompensarnos por haber construido tanto para ti? »
Miguel le respondió, « No, vine para aportar la palabra de esperanza de Dios hacia aquellos que no se volvieron contra Él, porque numerosas son las comunidades de fieles que recorren el mundo esperando la llegada de los profetas que las reunirán en el amor y la amistad »
El Gran Sacerdote no le reconoció y dio la orden a sus guardias de probar el engaño masacrando a los fieles del único Dios. Miguel se interpuso y durante 2 días rechazó a los agresores sin matar a ninguno de ellos, permitiéndoles a los fieles huir hacia otras tierras.

Después de los 2 días de combates los fieles del Gran Sacerdote estaban demasiado cansados, demasiado heridos para perseguir a quienquiera que sea, y vieron alas crecerle en la espalda del Arcángel que le permitieron reunirse con los cielos. El Prelado hizo ejecutar a todos los guardias por sus sacerdotes y diciendo que no era Anubis quien había venido, sino un dios vengador para castigarles por haber dejado en vida a los servidores del único dios falso.

Hay varias versiones sobre esta leyenda, que cuentan que el Arcángel estaba en la cabeza de un ejército de ángeles, otra versión cuenta que había armado el brazo de la mayoría de los fieles, y otra que sólo inspiró al más valiente de los siervos de Dios para llevar la rebelión y guiar su clan a través del desierto. Todos estas versiones tiene muy poca importancia, lo principal es que es la intervención de Miguel y la voluntad de Dios les permitió a sus niños huir hacia tierras más generosas.


La leyenda del monte de San Miguel

La segunda aparición del Arcángel que encontré se sitúa en la época en la que ciertos bárbaros veneran a dioses alcohólicos que tenían como templo las tabernas y como liturgia la borrachera. En aquella época, existía una comunidad fieles perseguida por un bárbaro cuyo nombre era Saathan que veneraba a un dios alcohólico que exigía el sacrificio de los niños.

La comunidad que huía hacia el norte se encontró atrapada en un bosque al lado del océano. El patriarca de la comunidad pidió a todos los suyos prepararse para sacrificarse en el océano para no caer en manos de bárbaros. Entonces se dirigieron hacia el punto más alto de la costa y se pusieron a rogar al Señor para que San Miguel preparase la llegada de sus almas.

Dios, que no podía tolerar que sus niños pusiesen fin a su vida, le dio a conocer al patriarca, a través de un mensajero celeste, que un niño no podía escoger el día en que se reuniría con su creador. Ordenó pues, que si le amaban y tenían fe en Él, derribasen grandes árboles y hiciesen una empalizada alrededor del peñasco. Una vez hecho, hiciesen un gran festín y encenderían un fuego en la cumbre del peñasco para que Saathan conociese su posición.

Así fue hecho, y siete días más tarde con la empalizada terminada, el fuego fue encendido. Por la mañana vieron las tropas de Saathan rodear el peñasco y comenzar a atacar la protección frágil del peñasco. Con la ayuda de piedra y con la ayuda de lanzas, los fieles se preparaban para pelearse ya que tal era la voluntad de Dios. Mientras que, en el mismo lugar donde el fuego había sido encendido, un ángel vestido con una armadura y una lanza y un escudo apareció... No dijo una palabra, pero todos los fieles supieron quién era.

El Arcángel Miguel lanzó su arma hacia el horizonte que pareció levantarse hacia los cielos y avanzar hacia el peñasco como una pared de caballos al galope, esta pared se llevó todo a su paso, pero no destruyó la débil empalizada. Las tropas de Saathan fueron engullidas y cuando el mar se retiró, había hecho del peñasco una isla rodeada de arena movediza donde acababa de hundirse el ejército vencido por la fe de los fieles.
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MessageSujet: Re: El Libro de las Virtudes. Libro I-El Mito Aristotélico. Los Arcángeles.   Jeu 7 Juil 2011 - 18:02

Citation :
Hagiografía del Arcángel San Miguaël

Por Garmon de Vaisuny
Traducido del latín por el Hermano Sauvigny, Franciscano.


Nacimiento de Miguaël y Belial

En la ciudad de Oanilonia vivía Adiguaëla, mujer de Teófilo, que esperaba dos gemelos. Estos niños habían sido concebidos en el amor más grande y no habían sido mancillados por lujuria alguna. Adiguaëla era una mujer generosa que siempre escuchaba a la gente cerca de ella. Habitualmente, se ocupaba de los más pobres, pero ahora la situación era difícil, los hombres comenzaban a ignorar a Dios, a perderse en la pereza y en la avaricia, lo que creaba cada vez más rivalidades entre los oanilonianos y esta situación no iba para nada a disminuir la pobreza; al contrario, el número de pobres no dejaba de aumentar y éstos fueron despreciados por los más fuertes. No queriendo perjudicar a nadie, Adiguaëla se ocupaba de cada uno de ellos, pero la Criatura innombrable ya les inspiraba los celos y la sed de venganza. Agotada por esta situación y por el niño al que esperaba, Adiguaëla no podía más mantenerlos en el camino correcto. Dio a luz a dos chicos, uno nombrado Miguaël que, según una leyenda, significa « da y gusta »; el otro Belial, que significa « das y recibirás ». En aquel momento, la Criatura sin Nombre persuadía a los más pobres de ir a matar a esta familia. El amor que reinaba entre ellos y el amor que les llevaban a Dios era, según sus declaraciones, la razón que fortalecía a los más fuertes que despreciaban a los más débiles.

Sintiendo el peligro, Teófilo cogió a Miguaël y a su hermano de las manos de su madre y después de haberlos abrazado los escondió bajo una caja. Apenas los había colocado en la caja, aquellos por quienes Adiguaëla trabajaba cada día, entraron y les mataron del modo más horrible. Pero los niños, en su caja fueron salvados porque no les habían visto.


Acogidos

Fueron recogidos por Ménopus, un hombre de mayor edad y piadoso que no sabía nada del origen de estos "amores", como le gustaba llamarlos, y que no deseaba saber nada sobre eso. Daba a los pequeños la leche que producía gracias a su vaca Minerva, vaca que se hará famosa, mucho más tarde, con los paganos por haber dado leche, como si sus congéneres no pudieran... Pero volvamos a nuestra historia, la luz de la candela se agota y hace falta que acabe de escribir antes de que se me acabe. Estos dos jóvenes chicos crecieron pues sin separarse jamás; existía entre ellos un lazo muy grande qué iba más allá de la amistad y más allá de el amor fraternal pero desgraciadamente uno de ellos iba a volverse contra todo esto.


La tentación de Belial

Los niños, a pesar de las tentaciones de la Criatura sin Nombre, continuaban creciendo piadosamente y no vacilaban en privilegiar a los demás en comparación con ellos mismos. Por supuesto, después de lo que había pasado con sus padres, que no sabían nada pero que fueron advertidos en sueños, intentaban ser discretos. Hasta el día cuando la Criatura vino para decirle a Belial:

"¿Por qué privilegiar a los demás, sobre todo cuando éstos no tienen nada ofrecerte? Sirve a los ricos, ellos te pagarán, así no trabajarás por nada."

Belial le respondió:

"Jamás trabajé por nada, pero estas personas me necesitan. Si no lo hacemos, ¿quién lo hará?"

"Nadie, pero ¿qué te dan a cambio? Nada, echan pestes contra ti porque cuanto más les das, más quieren."

Esta reflexión no le afectó enseguida, pero a medida que crecía, ésta insistía y fue un momento cuando no pudo más hacer frente. Comenzó por pedir céntimos a cambio, pero los pobres sin dinero no pudieron dar. Él también dejo de dar allí su servicio y comenzó a entrar en la pereza y el pecado, satisfaciéndose siempre con sus acciones y no viendo que no era indispensable.


La tentación de Miguaël y su oración

La Criatura sin Nombre vino luego para hablarle a Miguaël pero éste que conocía sus intenciones, no quiso escucharla porque cuanto más se dejase tentar, más duro sería duro resistir.
Como era entendido en oraciones, se arrodilló y recitó la oración siguiente que será utilizada mucho tiempo por los clérigos.

« Oh, Dios Todopoderoso,
Padre de la humanidad
Y Omnipotencia divina,
Cierra mis oídos
A las tentaciones,
Y abre mis ojos
al amor infinito que me das,
Que pueda dar a los que deben recibir,
Querer a los que deben ser queridos,
Sabiendo siempre,
Que si no estoy allí,
Alguien más habrá allí para hacerlo
Porque eres Tú quien habla por mi boca
Y quien labora por mis manos.

Perdona a mi hermano y a todos los demás
No saben lo que hacen.
»

Este joven hombre fue bendecido por Dios, eso era seguro, había sido escogido con el fin de dar su vida por esta gente. Ante de tal fuerza y bendición, la Criatura sin Nombre no podía hacer nada más, y si le tentó otra vez, no pudo jamás convencer a Miguaël.


El Castigo - Institución de los Arcángeles

La situación de los hombres no mejoraba. Éstos mismos no veían más a Dios y sólo actuaban destruyendo y haciendo daño a sus hermanos y hasta a sus propias familias. Esto conducía a rivalidades y, muy a menudo, la ley del más fuerte llevaba a crímenes sin precedentes.
Fue en aquel momento donde llegó el Castigo Divino, no porque al Altísimo no le gustase más este mundo, sino porque si no intervenía, la gente se ahogaría en su pérdida.
Relámpagos se formaron entonces, y mientras que muchos huían, los más determinados luchaban por el mal y por el bien y se dividieron en dos grupos:

Los que encarnaban todos los pecados del mundo, los "inaudiendis" (Nota: en latín, "los que no entienden") fueron dirigidos por siete hombres maléficos: Asmodeo el lujurioso, Azazel el goloso, Lúcifer el acédico, Belzebú el avaricioso, Leviatán el cólero, Satanás el envidioso, y por supuesto, Belial el orgulloso.
Estos siete, creyendo a la innombrable, aseguraban que este castigo era la prueba indiscutible de que a Dios no les amaba.

Por otro lado, conscientes de sus faltas, un grupo recomendaba el arrepentimiento. Era liderado por Gabriel, Jorge, Miguel, Galadriela, Sylfaël, Rafaëla y Miguaël, encarnaban respectiva y contrariamente a los "inaudiendis" las siete virtudes que intentaban defender: la templanza, la amistad, la justicia, la conservación, el placer, la convicción y la donación de sí.

Estos dos grupos tenían cada uno a sus adeptos. Los Pecadores eran los más numerosos, hacía falta a los Virtuosos una fe sin fallos para contenerse y no pervertirse.

Al cabo del séptimo día, los grandes vientos destructores vinieron del centro de la Tierra y agrietaron la tierra en numerosos abismos, enviando a los "inaudiendis" a lo más hondo de éstos.
Pero entre esta carnicería, una nube celeste vino y trajo a los siete buenos a la más alta bóveda celeste.
Allí, una dulce luz irradiaba. Todavía, no sabiendo donde estaban, el miedo habría podido invadirles, pero este lugar era tan dulce y apacible que se sentían bien allí y experimentaban una inmensa sensación de calor, una sensación de amor.
Entonces, una voz fuerte y tierna se oyó:

« Hijos míos, estáis aquí delante de Mí porque habeis comprendido que no castigaba por envidia ni por placer, sino porque la raza humana había alcanzado un punto donde sólo el Castigo podía devolverla a Mi recto camino. Os nombro por esto Arcángeles, vosotros encarnareis las siete virtudes que defendisteis abajo y sereis, desde ahora en adelante, los inspiradores de toda virtud. Os doy tres pares de alas, símbolo de vuestro poder y vuestro rango.
Id ahora, el Paraíso os espera.
»


Condenación eterna

Los "inaudiendis", fueron enviados a lo más hondo de los abismos, allí dónde el fuego gruñe y los pecadores son torturados.
Si se mira de forma general, todos los seres de la creación son pecadores, pero el Altísimo, en su gran bondad a propuesto el perdón. Quien no acepte recibirlo, guardará su pecado y lo sufrirá hasta el fin de los tiempos.

Belial y el orgullo se desviaron de nuevo de los hombres de Dios.


Institución del exorcismo

En los principios de la Iglesia, cuando ésta era todavía frágil, Belial se dijo a sí mismo que para destruirla, había que actuar desde su interior. Siempre tan orgulloso, decidió tomar posesión del cuerpo del dignatario más alto de la Iglesia: el Papa. Por aquel tiempo, el Papa Hygin tenía una enfermedad grave. Belial, lleno de cobardía tomó posesión de su cuerpo y desde este momento, los rasgos del Santo Padre comenzaron a cambiar. Un sirviente, Mirall se dio cuenta de eso y suplicó a Dios para que envíase a alguien. El arcángel Miguaël, el Santo patrón de la contra-posesión, más tarde llamado exorcismo, fue enviado.
Llegó tan rápidamente como le era posible, sus seis alas que latían a más no poder. Si la Iglesia se derribaba ahora, el resultado sería atroz. Entró en el cuerpo de Hygin, sus pensamientos virtuosos debían volver a salir, pero, eeeehhh..., por su parte Belial luchaba también.

« ¿Osas intervenir contra tu propio hermano, Miguaël?
¿No ves que tu Dios se sirve de ti?
»

« Ya no eres más mi hermano, Belial.
Reniego de ti, vete de nuevo al lugar de donde has venido, vuelve a poblar los abismos, sólo Dios es soberano, sólo Dios es el maestro. ¡Que surjan las únicas las virtudes de este hombre!
»

Mientras que se celebraba este enfrentamiento, el cielo y la tierra también parecíanes enfrentarse en un combate decisivo.

« Vete de nuevo al lugar de donde vienes, príncipe de demonios y deja el alma de este hombre en paz, ¿me has entendido?
¡"Vade retro" Belial! ¡¡¡¡¡¡Vete de nuevo al lugar de donde vienes!!!!!!
»

En aquel momento, una llama surgió de la boca del poseído y salió a estrellarse a lo lejos sobre el astro que domina por la Noche mientras que el cielo recuperaba su tinte normal.

San Miguaël subió a los cielos en gloria sentado en un nube y acompañado por mil voces celestes que cantaban la gloria de Dios porque sólo Dios es soberano.

Esto llegó en el año de gracia 140.
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MessageSujet: Re: El Libro de las Virtudes. Libro I-El Mito Aristotélico. Los Arcángeles.   Jeu 7 Juil 2011 - 18:03

Citation :
Hagiografía de la Arcángel Santa Rafaëla


Dudas

Una vieja mujer caminaba desde que se puso el sol. Sentía mucho dolor al moverse. Desde hace tres meses sentía sus fuerzas desaparecer, sus piernas poco a poco la dejaban y, sin embargo, caminaba. Caminaba siempre y se paraba sólo para dormir y recuperar fuerzas. Sabía a quién debía encontrar. Un hombre que vivía en una pequeña casa, un hombre buscado y tuerto que se llamaba a sí mismo "el aborto". Había caído la noche, y esta mujer deambulante tenía miedo, no sabía donde dormir y ese camino desconocido no le decía nada que le valiera.

Continuaba caminando, más rápidamente, se apresuraba ahora, hacía falta que llegara a tiempo, no podía más pero su vida dependía de eso. Si moría estaba acabada. Oh, sus padres le habían dicho que después de la muerte viviría. Que Dios estaba allí para salvarla. Pero era imposible, porque si Dios hubiese existido, no habría sufrido todas estas miserias y la vida no existiría. Para qué separarse para volver a Él después de la muerte. Esta historia no se sostenía en pie, sinceramente. Igualmente iba a ser su caso si no llegaba pronto. La historia de Dios que comenzó produciéndole cosquillas, comenzaba ahora a asustar. Casi corría, en cualquier caso, los esfuerzos que usaba eran tantos como podía. Esto resultaba ya imposible, y de un tirón, ella se dio la vuelta y frente a lo que creía el vacío, gritó:

« Si existes, muéstrate. No te escondas, si eres incapaz de querer a aquellos a los que creaste, si eres incapaz de cumplir tus compromisos o si haces sufrir a este mundo por tus propios placeres. ¡Muéstrate! »

Una furia ardiente tenía en la cabeza esta pobre mujer y ya esperaba a ese Dios del que tanto había oído hablar, pero que nadie jamás había visto.
Era algo asombroso, ella que no creía en nada fue persuadida de que iba a tener una respuesta, una respuesta cierta. Iba a tener una, pero muy alejada de la que esperaba. Aunque quizás, en el fondo de su corazón, una parte le gritaba la verdad.


Revelación

En vez de las fatales corrientes a las que estaba destinada, hubo una luz suave que brotaba y que era imposible saber de dónde venía. Se podía creer que incluso las tinieblas brillaban.

Una voz también se oyó, que venía de todas partes y de ninguna parte a la vez, era tranquilizadora y parecía una voz anciana.

« Rafaëla, Rafaëla,
¿Por qué gritas?
Tus gritos siembran el eco en las montañas y enturbian el curso de los ríos. Petrifican de miedo a los niños de este mundo y hacen pelearse a los más sabios.
»

La vieja mujer no supo qué responder. Estaba extremadamente asombrada por lo que acababa de oír. Oír la voz de Dios era ya una cosa extraordinaria, pero que Él la llamase por su nombre era mucho más extraordinario. ¿Cuánto tiempo hace que no la habían llamado por su nombre? Jamás se la había llamado por su nombre, desde que su padre se marchó. Los apodos habían acabado por reemplazar su nombre. Rafaëla, cuyo corazón comenzaba a abrirse de nuevo, todavía dudaba; pero la llama de odio en sus ojos todavía no estaba extinguida.

Lo que se había tomado como un acto de amor al principio, se transformó, con la cólera, en afrenta. Su alma que no estaba dispuesta a recibir un amor simple. Le era imposible recibir el amor más fuerte que pudiera existir; pero la omnipotencia de Dios y el conocimiento que tenía de su hija comenzaron a obrar.

« ¿Cómo osas a llamarme por mi nombre, Tú, un Dios con un pensamiento feliz y una mano maléfica? »

« ¿Un padre no llama a sus hijos por su nombre? »

« Sí, pero un padre se preocupa por sus hijos, les ama y les quiere. »

« ¿No es lo que hago? »

Diciendo estas palabras, Dios mostró la Tierra.

« Rafaëla,
He aquí el trazado de tu vida.
Estos rastros son tus pasos.
»

« Si estos rastros son mis pasos, ¿a quién pertenecen los rastros que están al lado? »

« Son los míos, Rafaëla. Marcho a tus lado desde que naciste. »

« Y en los momentos más difíciles sólo hay dos pasos, ¿por qué no estabas allí cuando te necesitaba? »

« Estaba allí, y si ves sólo dos pasos es porque te llevé encima, hija mía. »

El corazón de piedra tan difícil de convencer, se hizo en aquel momento corazón de carne. Rafaëla comprendió ante quién estaba: ante de su padre y, cayendo a rodillas, le pidió perdón.

« Guarda tus lágrimas, Rafaëla, es hora de la alegría: pensabas mal pero al menos eras fiel a tus pensamientos. Ahora que los has visto, tu convicción te salvará y mostrará a muchos otros el camino que tracé para ellos. »


« Padre,
¿Por qué jamás te mostraste? ¿Por qué jamás me dijiste que estabas allí?
»

« Te lo he dicho, hija mía, pero tus orejas no querían oír, me mostré pero tus ojos no querían ver, te tomé la mano pero no me la apreciaste. Entonces me revelé a tu corazón y creíste.
Te dejé escoger porque eras libre, no querías recibirme, no me impuse.
Me buscaste y me revelé.
Muchas cuestiones todavía se aglomeran en ti, pero sé paciente, responderé a los huecos de tu corazón en el momento justo.
Ve, porque ahora sabes que estoy contigo hasta el fin de los tiempos,
Si te caes, yo te levantaré.
»


Preguntas

A partir de aquel momento la luz se derritió en el paisaje y aunque ésta ya no era tan intensa, Rafaëla la veía, y esta luz le guiaba en la noche. Le podía mostrar el camino, pero Rafaëla ya lo conocía, le podía alumbrar las tinieblas, pero Rafaëla no lo necesitaba, en lugar de eso, la luz le mostraba el camino interior y expulsaba todas las tinieblas.
Había dejado Oanilonia algunos días antes y la persona a la que buscaba vivía lejos. Él era uno de los pocos que habían dejado la ciudad cuando ésta todavía vivía lejos del tormento.

Continuaba caminando, no dejaba de pensar en su encuentro con Dios, había actuado como un padre con ella, había actuado como su verdadero padre que había dejado la ciudad de Oane. Jamás se supo por qué, y fue él que le había dado tanto, el que la había querido tanto; y ahora había desaparecido completamente. Era una de las partes más conmovedoras. Dios quería a cada uno de nosotros, era muy bello pero difícil de creer. ¿Por qué la miseria? ¿Por qué la desgracia? ¿Y por qué morir antes de encontrarle? Si ella lo sabía, la respuesta a su última cuestión le vino como una verdad indiscutible: Dios dejó a los hombres sobre la Tierra con el fin de que tuvieran total libertad. Tenían la elección entre seguir Su camino o irse allí dónde no existía camino: allí donde hasta el más grande camino no se veía. Allí donde Dios estaba ausente o allí dónde se negaban a ver porque Dios estaba en todas partes. Dios, aunque era omnipotente, les dejaba a los hombres el libre albedrío.

Pero, si Dios le dejaba a cada uno el libre albedrío de su propia vida, ¿por qué se juega a veces en contra de la libertad o en contra de la felicidad de otro? ¿Por qué la libertad de uno invade la libertad de otros?

Continuaba caminando, debía llegar a la cabaña. Estaba cansada, cada vez más, pero tal sed de Dios tenía que pararse le parecía una pérdida de tiempo.
Acabó por encontrar una habitación pobre y en ruinas que servía de casa al que buscaba. Entró por lo que parecía ser una puerta y no vio a nadie, no había nada, simplemente un pergamino.

« Cuando naces, no escoges a tu hermano.
Independientemente de quien sea, debes aprender a vivir con él, a vivir por él.
Si tu hermano tiene a Dios en su corazón, entonces vuestros corazones llenos de amor podrán uniros con Él.
Si, en cambio, tu hermano se desvía del amor divino, debes mostrarle la importancia de la vida.
Pero, ¿para qué dar la vida para alguien que no quiere ver?
Si lo consigues, le das una oportunidad de reunirse con Dios y los ángeles después de su muerte y, por esto, tú también te reunirás con ellos.
Si fracasas, serás tú quien esté con Dios.

Sin embargo, ten en cuenta que si tu hermano no puede ver, no te molestes; piensa y trabaja por un número más grande, porque aquellos por quienes habrás trabajado, también podrán trabajar por otros.

Entonces, ¿es mejor dar la vida por intentar salvar a alguien que no quiere ser salvado o dar la vida por salvar a una multitud con un gran deseo de ver y oír?
»

Rafaëla leyó y comprendió una cosa más. Cada hombre había sido puesto en una situación particular que podía evolucionar, no solamente debido a los deseos de Dios o del mal inspirado por la Criatura sin Nombre, sino también de acuerdo a la manera en la que cada hermano y hermana utilizaba su libre albedrío y su libertad. Las artimañas de cada uno de ellos, si no las habían pagado sobre esta Tierra, las pagarían cuando Dios se encontrase con ellos.
La verdad evidente cambió el rostro de Rafaëla por el amor divino. Se arrodilló, en lágrimas, y rogó.
Que el Señor, Dios del Universo le de fuerza para servir humildemente y por amor en cualquier momento y cualquier lugar.

Rezó durante toda la noche, luego se levantó por la mañana segura de sí misma.
Estaba llena de confianza, Dios estaba allí con ella, y ella permanecía cerca de Él.
Una buena y bonita aura brillaba ahora alrededor de ella. Aunque sus ojos eran incapaces de verla, su alma sí era capaz de sentirla porque el alma estaba después del amor, el don más poderoso que Dios le había dado al hombre.


Primeros actos como Santa

Rafaëla se acercaba a Oanilonia y la sensación de discordia que pesaba sobre la ciudad se hacía sentir. En efecto, la Criatura innombrable había sembrado la duda en los corazones con el fin de que se ignore la verdad, antes de que se vaya presintiendo débilmente la reacción de Dios.
Cada vez más, la población se dividía en dos grupos, los que permanecían fieles a Dios, y los que creían o no se dejaban penetrar por la duda.

Los hombres eran débiles, les bastaba con escuchar que Dios no existía para desvíarse de Él. Era todavía más fácil decir que Dios no les quería y que no había más esperanza, y con esto cualquier pecado tenía una razón válida.
Rafaëla veía esta debilidad, y por ello, se reunió con un puñado de hermanos y hermanas y mantuvo su esperanza así como la convicción firme de que Dios les quería. Rezaba para que cada hombre viese en sí mismo el camino hacia Dios, para que cada uno vea que no camina sólo.
La convicción y la seguridad que daba prueba le permitían a ella predicar y pudo convencer solamente por la voz de numerosas personas.


El Castigo

Entonces el castigo divino llegó. Lo que comenzó con un rayo que desencadenante en lo más alto del cielo, luego terminó por formar ríos enteros por la lluvia. Los hombres, uno por uno, fueron perdiendo la vida. Vinieron lenguas de fuego que se estrellaban sobre cada humano.
Envíaron a los más malos hacia las llamas eternas del astro de la noche y tuvieron una nueva existencia de sufrimiento y de obsesión.
Les dieron, sin embargo, una vida nueva a los que habían creído en Dios, ascendiéndoles hacia la gloria divina en el astro que dominaba el día.
Rafaëla fue elevada con otros seis al nivel de Arcángel con el fin de inspirar por los siglos de los siglos las siete virtudes.


Su envío

Un día en la tierra, un hombre estaba triste. Quería a Dios con todo su corazón, pero jamás se había atrevido a proclamar el amor que tenía.
La gente alrededor de él echaba pestes contra Dios y no dejaban de blasfemar. El hombre no se atrevía a responder. Era consciente de su pecado pero no podía actuar, oprimido por el miedo. Volvió a su casa una tarde, y se echó sobre su colchón de paja en lágrimas.

Confiando en Dios las dificultades que tenía para asumir su fe delante de sus amigos; dijo, lloroso cada vez más, que soñaba sólo de anunciarlo pero que tenía miedo... ¿Cómo podía hacer atreverse a proclamar su fe? No podía más quedarse así, guardando a Dios dentro de su corazón, ¡hacía falta que lo dijera y que lo gritase a la Tierra entera!
Entonces Dios, escuchando a su hijo, envió a Rafaëla con estas palabras:

"Ve, Rafaëla ¡y triunfa!"

Como una presencia que se siente pero que no se ve, Rafaëla descendió cerca del hombre y le acompañó. Al día siguiente, cuando fue a ver a sus amigos, éstos comenzaron a hablar de Dios con malas maneras. Estaba a punto no decir nada, pero luego sintiendo esta fuerza invisible cerca de él, dijo con un tono firme que no quería que se usase el nombre de su Dios sin conocimiento. No dijo nada más.
Dios era su Dios, era así, ¡no se diría ninguna vergonzosa blasfemia más cuando estuviera escuchándoles!

En aquel momento, cuando sus amigos levantaron hacia él una mirada fulminante, cuando estaba a punto de caer por el peso del miedo, Rafaëla le inspiró y le empujó. Siguió entonces con calma pero sus palabras tenían la fuerza de un grito.

"¡Dios nos quiere, vosotros no teneis ningún derecho a decir todo eso de Él!"

Entonces, los hombres que le rodeaban, no entendiendo nada y no dejándole libertad para pensar, saltaron sobre él y le arrancaron los miembros. Exhaló el último suspiro en este día, con terribles sufrimientos, pero orgulloso de haber podido por fin honrar sus convicciones. Rafaëla tomó entonces el alma de este buen hombre, y lo presentó ante el Altísimo.


La Oración

Rafaëla inspiraba a los corazones puros que le rogaban, la fuerza por mantener sus convicciones y actuar en consecuencia con el fin de que los hombres sean capaces de querer el bien pero también de hacerlo.
Pero aunque inspiraba la convicción, era Dios quien hablaba en su boca.
Después de que el alma del hombre inspirado por Rafaëla hubiera ascendido al Sol, los asesinos se miraron el uno a otro. Acababan de matar a su propio amigo. Entonces, el cadáver se rodeó de una llama gigantesca, que desapareció muy rápidamente. El cuerpo había quedado intacto, aunque sobre su torso fue inscrita en letras de oro la inscripción siguiente:

Citation :
Oración de Oscermine a Dios.
Invocación de Santa Rafaëla

    ¡Oh Dios!
    Tú en el que creo,
    Tú el que guías mis pasos,
    Dame la fuerza para profesar la grandeza de Tu Nombre
    Así como el amor y la adoración que llevo.
    Envíame a Tu Arcángel, Rafaëla, para que camine a mi lado,
    Que no esté más solo frente al enemigo de mi fe y de mi convicción.
    Que mis actos obedezcan a mi corazón y que mi mano izquierda siga los mandos de mi derecha.
    Que mi corazón te tema.
    Y que anuncie Tu Santo Nombre.
    Dios, dígnate en levantar tu mano, para que Rafaëla descienda y me ayude.
    ¡Así sea!
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MessageSujet: Re: El Libro de las Virtudes. Libro I-El Mito Aristotélico. Los Arcángeles.   Jeu 7 Juil 2011 - 18:04

Citation :
Hagiografía del Arcángel San Silfaël


El rodillo de este manuscrito fue encontrado más allá de la gran planicie en una de las cuevas antiguas del Mogao de Dunhuang y entregado por el hermano Guillermo de Rubrouck aquí hace doscientos años.

Yo, Nemrod Aggadoth, que fui testigo de la caída de Oanilonia por castigo divino y debo mi vida salvada al deber que me otorgó el Altísimo de transmitirles este testimonio a las futuras generaciones, narraré en el final de mi vida y a la posteridad humana, la historia detallada sobre lo que vi allí.


El increíble destino de Silfaël de Hédon

En los tiempos turbios de la Ciudad vivía un muchacho llamado Silfaël de Hédon. Sabía destacar en la sociedad, tenía talento para todas las artes, pero lo que su gente cercana admiraba era su capacidad extraordinaria de disfrutar cada instante de la vida.
Nos lo cruzábamos frecuentemente en compañía de dos compañeros de taberna, Colomba la Radiante y Lúcifer el Ciclotímico. Mientras que éste último se embriagaba excesivamente hasta volverse violento poco antes del coma etílico (dando lugar a la expresión célebre «cuando Lúcifer bebe, Colomba apoquina»). Silfaël, rey de las noches de Oanilonia, probaba todos los vinos y luego se iba ligeramente titubeante a dar su concierto de lira en provecho de la asociación «sabiduría acumulada de Oane». Se veían las antorchas de sus aduladores emocionados enviarle derecho al firmamento.

A menudo, el día siguiente con la aurora y después de que hubiera encontrado nuevas fuentes de delicias estudiando con Colomba, no era raro ver a Silfaël preparar una infusión para la cabecera de Lúcifer con aspecto ruinoso, nauseabundo y pálido. « ¡Confundes disfrute y felicidad, mi pobre Luci! » le sermoneaba Silfaël mientras que su amigo se preparaba para un día de mortificaciones y de penas de cualquier tipo género porque era como una veleta loca. Lúcifer el versátil no dejaba de pasar de un estado de sed de placer extremo a quedarse rendido, culpable y deprimente « y así experimentarás muy duramente tu cuerpo por privaciones incesantes, de eternos excesos ».

Un tiempo más tarde, Colomba, cediendo al carisma devastador de Silfaël el voluptuoso, se casó con él. Sin embargo, a pesar de su felicidad, ambos jóvenes se inquietaban con su amigo insolente, que como muchos otros habitantes de Oanilonia, se hundía cada día más en un abismo sin fondo, mezclando la práctica de costumbres inquietantes y sexuales por la noche y, formulando oraciones extrañas en el día, prostrado y desnudo, en la cumbre de una columna bajo el ojo benévolo de la Criatura sin Nombre.
Ésta obraba en lo sucesivo por todas partes en la ciudad, salía de la penumbra, presentía a sus presas entre los escombros cada vez más numerosos bajo los golpes violentos de la cólera de Dios porque la hora del castigo había comenzado.


La rebelión de los corruptos

La Criatura sin Nombre había encontrado fácilmente a sus esbirros entre los seres más viciosos de la Ciudad, en total siete de los cuales Lúcifer el Ciclotímico y sus representantes difundían sus malos pensamientos con desconcertante facilidad, instruyendo en los espíritus extraviados, mediante el miedo, oscuras ideas tales como: «Dios creó a los ricos para darles a los pobres el paraíso en espectáculo», «Los humanos recuperarán sus bienes si no tienen ninguna duda de la debilidad de Dios», «La eternidad es larga, sobre todo hacia el final». Hasta que la cólera bien avivada desencadenó en una matanza.

Una mañana nos encontrábamos destripados entre los escombros y entre muchos otros, el cuerpo de Colomba. Por primera vez vi a Silfaël desmoronarse al tiempo que se derrumbaba la ciudad.


La Tentación

Dos días más tarde mientras que la Ciudad en ruinas se abandonaba por sus habitantes, ví a Silfaël correr en dirección a un callejón. Su cara estaba pálida. Él me contó esta historia:

« Esta noche me desperté precipitadamente, sintiendo bajo mi sábana la presencia de una forma: ésta parecía pasar a mi lado y luego enrollarse alrededor de mis piernas hasta que me abrazó completamente. Fui tomado por una angustia oprimente, sin embargo, creía reconocer en esta forma el cuerpo de Colomba, mi esposa difunta y al mismo tiempo por el terror que poco a poco me invadía. Fui invadido por una sensación de inmensa ternura al respecto, pero sabía que era imposible y este sentimiento cedía a una impresión de culpa y un dolor irreprimible.

De repente comprendí que estaba preso de un maleficio extraordinario y que debía luchar con todas mis fuerzas para no ceder a esta cosa abominable. Sin duda, paralizado por un miedo intenso, yo tenía muchas dificultades para moverme y la cosa me encarcelaba como un torno. Después de un segundo interminable llegué a alcanzar la lámpara de aceite (tenía el pensamiento único de hacer luz para afrontar este presentimiento) pero la llama no se encendió. Entonces, cediendo al pánico, yo resistía con la energía de la desesperación porque esta vez iba a morir y no dejaba de gritar «vete» en una letanía ininterrumpida y a la fuerza cada vez más maléfica de la que era víctima. Mi pulso estaba a cien, mi corazón palpitaba tan rápidamente que él iba a explotar, la cosa aflojó su abrazo, luego no sentí nada más. Encendí la lámpara y esta vez, de manera extraña, se hizo la luz.

El resto de noche medité sobre esta tentativa de posesión de la Innombrable Criatura y el estado de acedia que estuvo a punto de matarme cuando estaba petrificado por la angustia.
Debemos aceptar la furia del Dios a esta ciudad. Nos está bien merecido porque la condenamos a la destrucción, voy reunir aquí el grupo de virtuosos.
»

"Perdóname, amigo" le dije "pero, ¿cómo esperas encarnar una virtud cuya existencia está totalmente consagrada a los placeres?"

Él respondió "¡Porque esta virtud es el mismo placer! Dios nos dio los sentidos para disfrutar y porque el amor de la vida está en el Amor"

Sin retrasarse, se fue a rezar para salvar el mundo en compañía de los Virtuosos reunidos en la séptima Puerta.
La ciudad de Oanilonia, edificada en forma de esfera tenía ocho puertas correspondientes a las subdivisiones cardinales y la puerta Oeste era la séptima. Observé a Silfaël alejarse hacia el ocaso, esta fue la última vez que lo vi.
Con mucha cobardía, yo dejaba la ciudad precipitadamente sin armas ni equipaje, antes del último desastre. Así se fueron quedando siete virtuosos frente a siete corruptos.

Entre los compañeros que huida que yo me encontré más tarde, algunos habían observado de lejos el cataclismo final, el hundimiento de la Ciudad y sus testimonios concordaban también en este punto: siete siluetas habían sido vistas elevándose hacia el Sol por haces ardientes.
Estuve feliz al pensar que era el destino final de Silfaël, porque toda su vida había sido brillante.
En el último aliento de mi vida, empiezo a hacer bocetos que intentan deprisa transmitir memorias visuales de la gran Ciudad de Oanilonia al mundo de los supervivientes. Pueda la humanidad siempre acordarse del ejemplo de los virtuosos y del castigo de los orgullosos.
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