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 El Libro de las Virtudes. Libro I-El Mito Aristotélico. Príncipes Demonio.

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Ignius
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MessageSujet: El Libro de las Virtudes. Libro I-El Mito Aristotélico. Príncipes Demonio.   Ven 8 Juil 2011 - 1:26

Citation :


    Demonografía de Asmodeo, Príncipe Demonio de la Lujuria


    Un niño precoz

    Hace mucho tiempo nació en Samarra, un pequeño pueblo agrícola, no lejos de Oanilonia, un niño cuyos padres llamaron Asmodeo. Era fuerte y estaba lleno de vida. Sus ojos eran de un color negro intenso y fascinante. Su rostro era hermoso hasta el punto que había sido tomado por un ángel. Pero grande fue la sorpresa de sus padres cuando encontraron en su cuerpo una extraña deformidad. Debido a que no habían inventado el agua caliente y aquello parecía muy inusual, decidieron ir a ver a la vieja Gedeón, curandera de nacimiento y apartada de los hombres.

    Esta última era una mujer fina y delgada por los años y que había mantenido su fe en Dios intacta. Tomó al pequeño de los brazos de su madre, lo colocó sobre una mesa y lentamente le desabrochó el pañal con el fin de examinarlo. ¡Cuan grande fue su asombro cuando vio que el niño no tenía un sexo, sino dos! Tenía tanto el femenino como el masculino. Luego se volvió hacia los padres.

      « Habéis dado a luz a un ser raro. Esto está más allá de mis habilidades. No sé si es un mensaje que nos ha enviado el Todopoderoso, o si... »


    Antes de que pudiera terminar su frase. Vistió velozmente al bebé y se volvió a la pareja que estaba esperando una respuesta con ansiedad.

      « Debéis venir de nuevo aquí con este niño. Os aconsejo que a su vez recéis y oréis a Dios una y otra vez... En cuanto a él, amadlo lo mejor que podáis y apartadlo del mal. »


    Y con temor y preocupación la familia regresó a su casa, y el niño creció en este ambiente.

    Tan pronto como pudo caminar, comenzaron los problemas para el padre y la madre.

    Asmodeo era particularmente aficionado a la observación de animales en el patio trasero. Se asomaba todos los días para verlos mover, comer, y oír los sonidos mas curiosos. Pero estaba, sobre todo, fascinado al ver las parejas de animales. Aquella fue su mayor emoción. Lanzaba pequeños gritos que parecía acompañar a los animales en sus tareas de reproducción. Daba una palmada en todas las manifestaciones de macho cabrío o de un toro. Era inútil que su padre le regañara, le amenazara o le pegara. Nada funcionaba.

    A los cinco años, hizo algunos "experimentos" con los animales. Conocía bien los hábitos de las especies que vivían a su alrededor. Decidió cambiar el orden natural de las cosas, poniendo al perro con la cerda o un gato con el pato. Se produjeron heridas crueles que no iniciaron, sin embargo, sus deseos calientes.


    La Revelación

    A la edad de diez años, mientras asistía a la cosecha de Julio, se produjo un evento que cambió su vida. Era el final del día, los campesinos habían desaparecido ya en su mayoría. Estaba solo en un campo en medio de montones de rastrojos preparados de vez en cuando. Vio un par de escarabajos subir el uno sobre el otro. De pronto, su atención fue desvíada por el ruido estridente que parecía venir de una piedra afilada. Atraído por los sonidos inusuales, decidió acercarse lo más discretamente posible. Y allí descubrió que nunca había visto antes: un hombre y una mujer, completamente desnudos, cuerpos entrelazados rebosante de sensualidad adoptando posturas de los animales que eran tan familiares para él. No se mostró, pero vio todo lo que pudo, sintiendo las más profundas de sus emociones en su insólito cuerpo.

    Al regresar a casa, no cerró un ojo en toda la noche, su mente estaba totalmente consumida por lo que había visto.

    A la mañana siguiente fue para él como un segundo nacimiento. Miraba ahora a las niñas y los niños de su edad de una forma totalmente nueva. Su forma genital hacía que se sentiese atraído tanto por un sexo como por el otro. Juntó a todos los niños y las niñas de su pueblo, los guapos y las guapas, pequeños y altos, gordos y delgados.

    Su método era poco "ortodoxo", por decirlo de alguna forma. El acercamiento era a menudo brutal, semejante a un alma violenta, que terminaba en una zanja o un arroyo. La pareja luchaba, gritaba, arañaba, mordía, golpeaba y luego terminaba cediendo, pero no sin antes haber perdido parte de su pantalón o vestido.

    La escena se repitió durante toda una semana. Al final, muchos aldeanos, enojados por este comportamiento intolerable, irrumpieron en la finca de la familia que huyó sin recoger nada.


    Llegada a Oanilonia

    Oanilonia en ese momento era la ciudad más grande de aquellas tierras. Habitaban dentro de ella probablemente más de un millón de personas. Sin embargo, la acedia había corrompido los corazones y las almas. La mayoría de la gente se había alejado de Dios. En este ambiente llega el pequeño Asmodeo.

    Vagó durante días y días por las calles, viviendo, robando, y mendigando. Durmió la noche en un piso en el centro de la ciudad que albergaba a los más viles y despreciables. Sucio como un piojo, tiznado como una cabra, sus pasos le llevaron por casualidad a un barrio de la ciudad como ningún otro. Mujeres de pequeñas virtudes vendían sus encantos a hombres que se hallaban de paso. Algunas eran todavía jóvenes y frescas, otras estaban gastadas y marcadadas por el “trabajo”. Se dio cuenta de que una de ellas, pelirroja, era más fuerte de lo normal y sus pechos también eran mas grandes. Se acercó y tendió la mano como para coger el fruto prohibido. Esto fue bueno ya que un golpe magistral de un guantazo vino a recordarle de su edad y condición.

    La mujer empezó a despotricar palabras en un tono seco y rápido.

      « Dime, niñato, ¿quién te crees que eres para tocarme? ¿Y de dónde viene ese morbo? Cubierto de tanta mugre te doy una semana para verte muerto en el arrollo. »


    La mujer soltó una carcajada, con las dos manos en las caderas. Las mujeres de su alrededor presenciaban la escena, así como los transeúntes. Se inclinó un poco para mirar más de cerca, tomando la barbilla en sus manos.

      « Seguro que bajo esta suciedad eres más majo. Si fueras un poco mayor te haría una buena... »


    No pudo terminar la frase. Al igual que una serpiente sobre su presa, Asmodeo había puesto sus labios sobre los de ella, lo que obligó de nuevo a sorprenderse a la mujer, que respondió con una sonrisa aún más gruesa que la primera.

      « Sinceramente, ¡me gustas! Ven conmigo dentro, voy a mostrarte dos o tres cosas, a enseñarte la historia de la vida. »


    Entraron a la habitación, que estaba a oscuras ya que no había ventanas. Había una mala iluminación de antorchas, cuatro por cada esquina de la habitación. Lo que sirvía de cama era un colchón lleno de paja y se podría ocultar a los ojos de los visitantes con un tejido que se extendía por todas partes. En las paredes, Asmodeo no podía creer lo que veía. escenas eróticas mostrando hombres y mujeres desnudos, a veces en posiciones acrobáticas, a menudo surrealista. Así que pensó que tenía mucho que aprender.

    La mujer le agarró literalmente hacia su lecho. Se desvistió lentamente delante de él, mostrando abundantes curvas y bultos antiestéticos. Entonces, ella comenzó a hacer lo mismo con el niño. Sonó un grito. Ella no pudo contener su sorpresa ante la anomalía sexual de Asmodeo.

      « ¡¡Tu futuro está marcado!! »


    Y ese día, se deshizo la inocencia.

    La ciudad se hunde en la depravación

    Vivió durante muchos años junto a dicha mujer, convirtiéndose en su amante, compartiendo su cama y sus clientes. Fue particularmente peligroso y activo, multiplicando sus actos como si su vida dependiera de ello.
    Con la edad, su cuerpo creció y tomó forma. El pelo adornaba pecho. Tomó el hábito de dejarse crecer su hermoso cabello negro. Se había convertido en el centro de todo lo que la ciudad podría contar de la corrupción.

    Su fama era tal que fue presentado una vez a la corte del Rey de Oanilonia. Este hombre era todo lo malo que se puede ser. Un verdadero representante de la codicia, la avaricia y la deshonestidad. Vivía rodeado de una multitud de esposas y cortesanas. Había sucedido orgías bacanales, fiestas con la bebida. Dios había abandonado a aquel pueblo. Había oído hablar de este joven misterioso, capaz de obtener placeres inéditos. Hizo que lo trajeran.

    Asmodeo compareció ante el tribunal un día, cuando éste estaba lleno. Tanto las mesas como las sillas estaban volcadas, cuerpos yacían en el suelo. La mayoría estaban desnudos, entrelazados, juntos y encadenados por el placer. Los esclavos, desnudos también, se extendían tanto a hombres como mujeres abrazándoles obscenamente. Trajeron en bandejas de marfil todo lo necesario a los placeres orgiásticos.

    Cuando el Rey le vio entrar en la sala, de alguna manera empujó la media docena de personas que estaban borrachos acurrucados a su lado, se puso de pie y le miró fijamente a los ojos. A su alrededor, hombres y mujeres que participaban en el bacanal, una tras otra, dejaron su trabajo y clavaron sus ojos en el recién llegado. El silencio era completo.

    Asmodeo se acercó. Llevaba un vestido blanco, que contrastaba con sus ojos de negro intenso y el color oscuro de su cabello. Poco a poco descubrió sus hombros e hizo caer la prenda al suelo sin ningún tipo de vergüenza, para descubrir toda su anatomía confusa. Cruzó la sala. Las personas diferían en su camino. Él fue a encontrarse con el Rey que no dijo nada y saltó sobre él brutalmente. La gente lanzó un grito salvaje y la corte fue a más, como si todos se sintieran liberados.

    Asmodeo se convirtió en el amante o la amante del rey, desde el punto de vista que uno elija. Catalizaba las energías sexuales de la Corte ahora que no tenía límites. Más aún, este ejemplo de arriba se difundió hacia las capas superiores de la sociedad al principio y luego llegó al resto de habitantes de la ciudad.
    En las casas, calles, cunetas o en los campos o graneros, todo era libertinaje y lujuria. La bajeza había sustituido a la virtud, y el vicio a la fe. Los hombres se habían olvidado completamente de Dios, reservando sólo su alma a los placeres.

    La caída

    Era un ser el que probablemente había disfrutado más que otros por ver la caída de la ciudad. Dios no le había dado un nombre y le gustaba ver cómo el trabajo divino se degradaba.

    Fue entonces cuando el cielo se llenó de nubes oscuras y amenazantes y un fuerte viento comenzó a soplar. El Altísimo dijo a los habitantes de la ciudad.

      « Mientras que les di mi amor, se desvíaron, prefiriendo escuchar las palabras de la Criatura a la cual no di Nombre. Prefirieron abandonarse a los placeres materiales que a darme las gracias »

      Y añadió: « Creé para ustedes un lugar llamado Infierno, que dispuse en la Luna, donde el peor de entre ustedes conocerá una eternidad de tormentos para castigarlo de sus pecados. En siete días, su ciudad será absorbida por las llamas. Y los que se queden allí pasarán la eternidad en el Infierno. Sin embargo, soy magnánimo, y los que entre ustedes sepan hacer penitencia pasarán la eternidad en el Sol, donde se encuentra el Paraíso »


    Con estas terribles palabras, todos los hombres y mujeres se miraban y no se atrevían a moverse. Todos estaban ahora con miedo por su destino. Muchos decidieron huir de la ciudad, que ahora estaba maldita.

    Pero la Criatura sin Nombre, la personificación del mal, era muy astuta y decidió actuar. Eligió, entre los que quedaban, a siete hombres que fueron cada uno concentrando las negruras de la humanidad. Asmodeo fue uno de ellos. Fue persuadido de que Dios nunca tomaría medidas y su decisión estaba motivada por los celos. Por la influencia que tenía en el Rey, se las arregló para convencer a su vez a éste último, pero también al tribunal y gran parte de los habitantes, que tomaron el camino del placer y el libertinaje.

    A pesar de que algunos pocos se reunieron alrededor de una mujer de nombre Rafaëla, que estaba habitada por el espíritu de Dios. Ella se encontraba entre un grupo de siete que habían abierto sus ojos al discurso de lo divino y que estaban inspirados ahora por el amor de Dios.

    Ella viajó a la ciudad en todas direcciones, para predicar el arrepentimiento y lo hizo directamente frente a Asmodeo. Estaba convencida de la verdad y muchos la siguieron y así salvaron sus almas. Pero la mayoría de los hombres prefirieron volver a sus vicios.

    Siete días más tarde, un terremoto con una potencia increíble afectó a la ciudad. El suelo se rompió. Aparecieron grandes aberturas de las que fluían llamas. En unos momentos Oanilonia desapareció en las profundidades de la tierra. Dios golpeó con su ira la ciudad impía.
    Todos los muertos, a continuación, se presentaron ante el Altísimo. Rafaëla y los otros seis humanos se hicieron Arcángeles ante el Altísimo, mientras que los que les siguieron se convirtieron en Ángeles.

    Asmodeo y los otros seis hombres que habían elegido a la Criatura sin Nombre fueron enviados a la Luna. Estuvieron en una niebla con permanente frío, sin vida. Los cuerpos de todos se volvieron horribles y aterradores. Asmodeo recibió una cabeza y lengua de serpiente, estaba provisto de cuatro pares de senos y un falo de tamaño colosal, que tenía que estar constantemente en su hombro para poder caminar. Lujuriosos instintos fueron magnificados y atormentó día y noche a los desgraciados que se habían perdido en el infierno, igualmente como él irritaba a sus hermanos demonios persiguiendo sus deseos.

    Así fue condenado a vivir perpetuamente en las llanuras del infierno.

    Para el registro, algunos han conservado unas palabras de Asmodeo, pronunciadas por él en vida:

    Citation :
    - De todas las aberraciones sexuales, la castidad es la peor.
    - Una mujer sexualmente completa es mucho más libre.
    - Debemos enseñar a la gente a usar el sexo como una cuchara y un tenedor.
    - En materia de apetito sexual, el amor está cambiando.


Traducido del siriaco por Tibère de Arcis
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MessageSujet: Re: El Libro de las Virtudes. Libro I-El Mito Aristotélico. Príncipes Demonio.   Ven 8 Juil 2011 - 1:27

Citation :


    Demonografía de Azazel


    Su llegada al mundo, es ya una ruptura…


    Azazel nació en Oanilonia que ya se había convertido, desde hace muchísimo tiempo, en una ciudad próspera. Sus habitantes comenzaban a vivir ricamente y, sin volverse por eso contra el Altísimo, las señales de su caída aparecían sin que se pudiera hacer nada. Sus padres, de edad en torno a los cuarenta años, decidieron tener un niño como quien decide comprarse un objeto. Sin niños durante casi 22 años, testarudamente, ambos esposos, Céline y René fueron al encuentro de una mujer embarazada y le propusieron adoptar a su joven niño haciéndole ver que él estaría mucho mejor en su entorno. La joven mujer cuyo prometido había huido con una bella seductora acabó por ceder y aceptó a petición de la pareja. Así, Azazel, nacido pobre, fue a vivir en el lujo y la opulencia rodeado de padres exigentes pero no amantes con un verdadero amor paternal.

    Azazel fue rápidamente abandonado a sí mismo. Ninguna prohibición... con tal de no molestar a sus padres. ¿A cambio? El acceso a todo, el sí a todo. El niño rey disfrutaba de no tener ningún límite. De naturaleza pobre en su nacimiento, Azazel se había vuelto irreconocible. Fue conocido en lo sucesivo por su gordura precoz que le había dado el sobrenombre de glotón. Su tamaño imponía el temor a sus compañeros. Sus redondeces por todas partes, su gordura y sus dedos hinchados sorprendían totalmente a los que le rodeaban. Su piel chorreaba grasa a cada rayo de sol o esfuerzo provocando la náusea a los que querían estrecharle la mano. Su sonrisa y su mirada disgustaban a quienquiera que se le acercara provocando enemistad y desprecio.

    Dificultaba esta situación el estar rodeado de amigos. Al contrario, Azazel cultivaba su soledad y su descortesía. La mirada de otro le dejaba indiferente. Le daba lo mismo. Y cuando decidía actuar de otro manera, entonces no había que cruzarse en su camino. Cuanto Azazel más crecía, su fuerza más se duplicaba a medida que pasaban los años. Adolescente, ya poseía una fuerza hercúlea. En cambio, el poco tiempo que pasaba en instruirse le hacía estúpido y pesado.

    La acedia reinaba en el seno de la familia. Las consecuencias fueron desastrosas para Azazel. No intentó hablar del Altísimo y de Oane hasta que fue tarde. Si bien no comprendía por qué el Altísimo había creado el mundo e instalado al Hombre como su especie favorita. Se afanaba por afirmar a quién quería oírlo, que el Altísimo había sido injusto con sus ovejas. Él no podía, a sus ojos, representar sino perversión, burla y sadismo tantas como tentaciones podían ser nombradas.



    El ultraje y la renuncia a la fe y a los principios de virtud.


    Un día cuando Azazel se dedicaba a sus ocupaciones principales, comer y beber sentado a la mesa sobre la terraza de un puesto, se encontró con un servidor de Oane. Este último se quedó estupefacto al ver a tal energúmeno actuar de este modo.

    Citation :
    El servidor de Oane: "Mi joven amigo, ¿puedo sentarme a tu mesa? "

    Azazel: "Hágalo, querido amigo, y sírvase "

    El servidor de Oane: "Gracias. Pero acabo de desayunar y he tenido suficiente."

    Azazel: "¿Y por placer? Coja y saboree. Estos son platos deliciosos."

    El servidor de Oane : "¿No tiene ganas de arrepentirse, hijo mío, de la debilidad de la que usted da prueba? Sepa que la tentación de la gula quebrantará los lazos que unen a los hombres y las mujeres."

    Azazel: "¿Arrepentirme? Cuanta tarea para tan poca cosa. Mire alrededor de usted, todo el mundo se dedica a sus ocupaciones sin preocuparse del otro, y usted, usted se permite juzgarme sobre mi apetito. ¿No es una pérdida de tiempo?"

    El servidor de Oane: "No hay pérdida de tiempo aquí. De su moderación depende su futuro en el reino del Altísimo."

    Azazel: "Usted da la impresión de olvidar algo Mi Servidor. El reino del Altísimo de la templanza, de la moderación y del bien, no lo quiero. Tan pronto como me levanto, quiero poder comer cuanto pueda. Todo el santo día, deseo revolcarme en el alimento en cantidad, hasta tal punto que una vez hartado todavía queda algo de sitio para el placer de comer. El deseo, la alegría que esto me proporciona es más que suficiente para mí."

    El servidor de Oane : "Pero,…"

    Azazel: "Basta. Usted me molesta y no deseo retrasar más mi placer para escuchar sus tonterías."

    El servidor de Oane: "La misericordia y la paciencia del Altísimo tiene unos límites que usted acaba de rebasar. Le auguro a usted un futuro de lo más sombrío y torturador."

    Azazel: "Aunque así sea. Este mundo y estos principios a los cuales aspiro me colman. Y creo yo que colmará a más de uno. Su Altísimo no podrá ser más circunspecto frente a esta circunstancia. Pero de hecho, cuando usted lo encuentre, dígale que mi mesa está reservada para él..."

    Y el fiel, fuera de sí, se reunió con sus hermanos. Entre estos hermanos se encontraban un tal Jorge y una joven chica Galadriela..., «Os digo, amigos míos..., Oanilonia vive sus últimos momentos. El Altísimo no podrá dejar a estos seres actuar de este modo más tiempo. No puede ser así. Es inconcebible. El glotón al que acabo de ver me ha convencido de esta idea, si yo incluso tengo algunas dudas».


    El servidor de la Criatura sin Nombre.


    A la muerte de sus padres, Azazel heredó una fortuna considerable. Lo que le faltaba a este joven hombre para llevar una vida de desenfreno y de corrupción. Las fiestas que organizaba eran suntuosas y todos los jóvenes burgueses de la ciudad estaban presentes. Había para todos vicios y desenfrenos. Se asistía allí a verdaderas orgías y cuanto más tiempo pasaba, más se prolongaban por la noche y los días que seguían.
    El alimento y el vino se ofrecían en abundancia, los hombres y las mujeres saciaban sus más viles envidias. Toda persona que trataba de actuar con pudor, abstinencia y ponderación caía en la vindicta popular. Sufría la furia de estos seres a cada instante de su vida. Este acoso corrompía a los más débiles. Sólo algunos fieles resistían.

    Esta juventud que adulaba a Azazel repudiaba cultivarse e instruirse, si bien las universidades se agotaban cada vez más y más.
    El trabajo sinónimo de avasallamiento fue deshonrado y le inspiraba sólo vergüenza al que continuaba viviendo en la virtud. A la menor envidia, Azazel y sus discípulos se servían o, como debería decirse, robaba todo a su paso.
    Poco a poco, los instigadores del mal llevaban a cabo trabajos ocultos y, lógicamente, se unieron a ellos creando un clima de pecados.



    El combate y la decadencia


    El Altísimo lanzó su cólera contra la ciudad y los servidores del Mal. La batalla duró siete días. El combate fue duro y al principio desigual. Pero sobreestimando su fuerza, los maléficos perdieron en primer lugar algunas batallas para luego por fin la guerra.
    Azazel, en este combate hizo honor a su fuerza titánica. Cada golpe asestado llevaba el dolor a los servidores del omnipotente. Su furor y su cólera no tenían igual en valor al combate y su odio contra los piadosos "caballeros" del bien.
    La lucha habría sido favorable para Azazel si sus hombres, llenados de miedo y de cobardía, no le hubieran traicionado advirtiendo que los siete futuros arcángeles se dirigían hacia él. Siendo abandonado por todos ellos, Azazel continuó la lucha y no fue hasta el sexto día que cayó. Utilizando las cadenas forjadas por el mismo Altísimo, el príncipe de la gula fue presentado ante el Creador…



    Azazel: gran copero y sumiller del infierno


    Azazel, derrotado, fue presentado ante el Altísimo. El glotón no dio prueba de ninguna muestra de humildad y, con insolencia, miró al misericodioso directo a los ojos.

    Citation :
    « ¿Yo? ¿Arrepentirme? Entonces escúchame bien, oh, muy glorioso, muy grande. He venido hacia tí derrotado y vencido. La victoria hoy te pertenece. Pero aún cuando debería echarme atrás, lucharé por la Criatura sin Nombre. El vencido te desea que saborees tu victoria porque te lo digo, jamás abdicaré. Mi lucha al lado de lo que llamas el Mal es mi destino y mi buen placer. Y si todavía no estas convencido, entonces oye esto:

      Yo reniego de tí que pretendes ser nuestro Dios, nuestro superior.
      Creo en ti como creador del cielo y de la tierra
      Denuncio y deseo reivindicar tu caída
      Porque no puede haber ningún juez

      Prometo fidelidad a mi odio y mi lucha contra tu voluntad.
      Aspirar a un mundo de libertad donde cada uno actúa como bien le parezca.
      Reniego de tus valores que nos reprimen y nos alienan.
      Apelo a la rebelión contra tu voluntad.

      Que tus servidores te den la espalda.
      Que sus ojos se abran a tu Mensaje, tu Mentira.
      Que todos ellos vean tu Engaño y tu manipulación.
      Oh, yo te prometo aquí, delante de Tí, que combatiré para destruirte.

    Ante estas palabras, el Altísimo se levantó y con toda su grandeza y magnificencia envió a Azazel a la Luna.

    En la Luna, después de su caída, Azazel vió su cuerpo cambiar tomando una forma muy particular. No era más que una masa enorme de mal. El gran sumiller y copero se asegura de proveer la sed de las almas caídas.


Traducido del griego por Monseñor Dariush
Traducido al castellano por Isnarathot
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MessageSujet: Re: El Libro de las Virtudes. Libro I-El Mito Aristotélico. Príncipes Demonio.   Ven 8 Juil 2011 - 1:28

Citation :



    Demonografía de Belcebú


    El Nacimiento y la Infancia de Belcebú


    Cuando Oanilonia ya empezaba su descenso hacia los abismos del pecado y se asentaba sobre las ruinas de la virtud, nació Belcebú, hijo de Grodas e Irene. Pesando seis kilos para sesenta centímetros, había tardado muchas horas en abandonar el vientre de su madre y había dejado a esta última casi muerta de cansancio. Agotada y magullada en todo el cuerpo, una infección grave se la llevó algunos días más tarde, dejando al buen Grodas de repente con un pequeño monstruo tan grande como insaciable. Este hombre, cultivador famoso por la calidad de su producción, reconocido por su gentileza y su bondad, no sabía como hacer para criar a este pequeño. Hasta aquí, sólo su mujer se había encargado de este necesario asunto, si bien decidió dejar al joven con sus hermanos.

    Sus dos hermanos, Guiñol y Pimpón, se burlaban excesivamente de la llegada de este pequeño ser quién, finalmente, representaba sólo una boca más que alimentar. Belcebú fue amamantado hasta la edad avanzada de cinco años, su padre le mostraba poco afecto, demasiado ocupado por su trabajo en los campos, pero esto no le impidió crecer desarrollado gracias a una mujer dura y robusta que respondía al dulce nombre de Rita. La mujer no quería a este niño al que encontraba feo y falto de gracia. A esto, añadía que un niño de pecho que había matado a su madre para nacer ya andaba sobre caminos sombríos. También, le hizo la vida tan dura como le fue posible, no pasándole nada y y no enseñándole más que lo mínimo.



    Cerca de los ocho años, cuando tuvo edad de pasearse sin su madrastra, Belcebú fue llevado por Grodas, decidido a que su hijo le acompañara a los campos, con objeto de mostrarle cómo cultivar los cereales e inculcarle algunos principios y valores de base. Así es como, cada día, lloviera, hiciera viento o nevara, el pequeño hombre se levantaba con las auroras y acompañaba a su padre a cultivar sus tierras. Este último jamás era reservado en consejos, de los que la inmensa mayoría tenían por objeto hacer del niño un campesino consumado:

    Citation :
    - "Ves, hijo mio, cinco denarios son cinco denarios, ¡guarda preciosamente el menor denario porque tiene su importancia!"
    - "¡Sírvete de tu buena cabeza y sangre! Debes aprender a vender y a comerciar, porque si no, ¿que será de tí cuándo crezcas?"
    - "¡No olvides que si quieres ser el mejor, hace falta que estés convencido de ser el mejor!"
    - " ¡No pienses en otros, piensa en ti porque eres tú quien genera todo a continuación! "
    - "¡La vida, es como un guiso de alubias, cuantas menos piedras haya, más rico serás!"

    El está seguro de que hoy por hoy, tales conceptos no tienen apenas significado pero eso no impidió que estos preceptos fueran los que marcaron la vida a este joven niño. Así, Belcebú comenzó muy joven a comprender lo que hacía de la tierra una buena tierra, comprendió muy rápidamente también cómo comerciar y sobre cómo jugar para obtener los mejores beneficios. No se preocupaba de sus hermanos, prefiriendo acercarse a su padre que veía en él a un sucesor prometedor. Este último a menudo le ponía delante en cualquier parte cuando vendía el fruto de su trabajo en el mercado, diciendo a quién quisiera oírlo que ocuparía su sitio cuando él hubiera muerto. Esto hizo crecer entre sus dos hermanos mayores, unos celos y una animosidad que se transformaron poco a poco en un odio visceral, por lo que le hacían sufrir muchos malos tratos y le daban golpes e insultos cada vez que se cruzaban. El joven Belcebú cultivó entonces una imagen de él, sellada en el orgullo y la arrogancia, pensando que si sus propios hermanos le maldecían, era porque era mejor que ellos. Cuanto más avanzaba en edad, más próximo se volvía de Grodas y más se alejaba de Pimpón y Guiñol. Se había convertido en príncipe a los ojos de su padre y enemigo mortal de sus hijos mayores. Así, Belcebú pensaba sólo en él y en su futuro, se había vuelto indiferente a sus allegados, sólo su padre tenía todavía su estima más alta.


    La ascensión y la accesión a la fortuna


    Cuando tenía apenas quince años, su padre Grodas, demasiado cansado y envejecido por décadas de trabajo encarnizado y sin fallos, vino a él. Le pidió sentarse y escuchar lo que tenía que decirle:

    Citation :
    - "Hijo mío... ya estoy viejo y cansado... Mírame, estoy encorvado como una vieja arpía y ya saqué provecho de mis bellos años. Tu eres el único de la familia capaz de proseguir con lo que construí en el curso de estos años. Estas tierras, mis tierras, son en lo sucesivo tuyas, y tus hermanos que cultivan para mí, deberán ayudarte. Confío en ti, sabes vender, ¡sabes cómo cultivar el mejor trigo y el mejor maíz!"

    Belcebú estaba orgulloso de que su padre le legara todo lo que tenía, aún así, siendo como era diez años más joven que su hermano de menor edad. No pudo abstenerse de rogar:

    Citation :
    - "Pero, padre, ¿qué vas a hacer con tu tiempo ahora? ¿Vas a abandonarme como lo hizo mi madre?"

    Grodas siempre había pensado que antes del fin de su vida, podría hacer grandes viajes, sabía que el tiempo para él de irse había llegado y le había explicado esto a su hijo antes de dejar la morada familiar para siempre. Le había encargado anunciarle esto a sus hermanos y entregarles a cada uno una carta que había escrito para ellos. Nadie tuvo noticias de él y jamás se volvió a hablar de Grodas en Oanilonia. El joven Belcebú esperó a que su padre hubiera dejado la morada familiar para romper las cartas que debía entregar y, sabiendo bien que sus hermanos no serían del parecer de su padre, decidió sin demora contratar a un matón para proteger lo que le había sido transmitido. Movió algunos hilos y encontró al hombre que le hacía falta, un esclavo franqueado venido del norte, grande como un árbol y fuerte como una roca, con cicatrices y cortes, de nombre Astaroth. Cuando Pimpón y Guiñol volvieron a los Campos, encontraron la puerta cerrada y Belcebú apareció detrás de ellos, con su guardaespaldas a su lado. Con ferocidad y seguridad les declaró estas palabras:

    Citation :
    - "¡Papá se ha ido! ¡Me legó las tierras y la residencia, en lo sucesivo todo lo que le pertenecía me pertenece! ¡Vosotros amargásteis mi infancia y me habéis podrido la vida, por eso, para castigaros, no os daré nada! Es incuestionable que dos vagos tales como vosotros, que sacásteis provecho vergonzosamente de los escudos de vuestro padre ganduleando durante años saquen provecho hoy del fruto de su trabajo. Me quedo con vuestros bienes y con el resto, ¡marchaos! Si, por desgracia, volvéis a meter los pies sobre mis tierras, os enviaré a Astaroth qué se encargará entonces de haceros pasar de la vida a la muerte, ¡así que largaos y no volvais!"

    Belcebú le hizo una señal a Astaroth que se acercó a ambos hombres, luego los abofeteó y les tiró al suelo; ambos hermanos, heridos en su amor propio más que nada, no tuvieron otra elección que largarse sin pedir su parte. Fue así como ocurrió la ascensión de Belcebú. Hizo provecho con lo aprendido, reemplazó a sus hermanos por empleados a los que habían despedido en el mercado y a los que pagaba mal, sabiendo bien que tendría siempre la mano de obra que aceptar el trabajo. Sus campos dieron cosechas espléndidas porque era un astuto conocedor de los cultivos, así comenzó a ganar bastante dinero. Pero esto no bastaba para él, él sabía que era el mejor, pero todavía quería más. Guardaba todo lo que había ganado y gastaba sólo cuando era forzado a ello.

    En el curso de los años decidió adquirir otras tierras y se convirtió en un gran propietario reconocido por su sentido del comercio y sobre todo, por su intransigencia en los asuntos. Sus productos, daban siempre los mejores beneficios y lo que ganaba, lo guardaba en su casa en una caja de caudales, evitando gastar hasta el menor denario si no era estrictamente necesario. Durante casi diez años, Belcebú disfrutó sólo de él mismo, desarrolló un ego sobredimensionado, pavoneándose en Oanilonia diciendo a quién quisiera oírlo que era el mejor y el único apto que había capaz de producir buen grano.




    A principios de sus treinta años, Belcebú había adquirido, por su inteligencia y su fuerza de persuasión, la mitad de las cultivos cerealistas de Oanilonia, su morada se había convertido en un dominio y su peculio se había transformado en una fortuna. Allí dónde otros intentaban sacar provecho de sus riquezas, él les prohibía a quienquiera acercarse a sus propiedades, con su fiel Astaroth a su lado, era temido y respetado pero envidiado y mal visto. Cada mes, los enviados de los dirigentes venían a verlo y le pedían si no quería dar algunos de sus bienes para ayudar a la comunidad, a cada vez, Belcebú les decía:

    Citation :
    - "¿Que qué? ¿Dilapidar mi fortuna? ¡Trabajé duramente para amasar todo esto y nadie más que yo sacará provecho! ¡Estoy bien dotado y mis cosechas son las mejores! ¡Salid de mi casa y decidles que, mientras viva, no tendrán nada de mí!"

    Así, cada vez, los enviados se iban de nuevo con el rostro descompuesto y daban cuenta a sus gobernantes, testimoniando el egoísmo de Belcebú y su incapacidad para comprender la noción de interés colectivo. A los que se quejaban delante de las verjas de su dominio, el propietario enviaba a su guardia para aterrorizarles. A los que decían que tenía más enemigos que amigos, Belcebú respondía que había que cuidarse de los amigos porque éstos eran ante todo unos gorrones.


    El sueño y la revelación


    Belcebú tenía treinta y cinco años, y, una noche cuando el calor del verano se había hecho insoportable, con grandes dificultades para dormir, tuvo un sueño extraño. Se había visto marchar, sobre un camino largo y desértico, único, ninguna luz excepto la claridad de la luna, ninguna casucha, nada a parte de este camino sinuoso. Mientras marchaba sin objetivo, una Criatura hecha de Sombra apareció. Belcebú se paró e intentó percibir su cara pero no vio más que una sombra, cuando preguntó quién le hacía frente, tuvo sólo el silencio como respuesta. Cuando reemprendió su camino la Criatura le declaró:

    Citation :
    La sombra: "Belcebú, Belcebú, Belcebú... ¿hacia dónde vas?"
    Belcebú: "No lo sé, avanzo en la oscuridad, voy hacia delante."
    La sombra: "¿Avanzas pero no sabes a dónde vas? ¿Es que no te interesa saberlo?"
    Belcebú: "¿Saber? ¿Saber qué? ¿Dónde acaba este camino?"
    La sombra: "¡Qué importa dónde acaba, lo importante no es dónde, sino cómo!"
    Belcebú: "¿Qué quieres decir, criatura?"
    La sombra: ¡Lo que quiero decir es que te contentas con seguir el camino que se trazó para ti en lugar de trazar tu propio camino! Deja los caminos trillados y toma otro camino"
    Belcebú: "¡Pero no veo ningún otro camino, criatura, sólo hay este!"
    La sombra: "Belcebú, eres más maligno que otros, eres más rico que otros, podrías tener los hombres a tus pies, puedes construir cualquier camino a partir de aquí, ¡te basta con quererlo! Sírvete de lo que aprendiste, aprovecha tu saber y haz uso de la astucia para hacerte más fuerte en tu dominio, ¡verás que basta sólo con quererlo para que un nuevo camino se te ofrezca!"

    La sombra desapareció en un instante y frente a Belcebú, una encrucijada había visto la luz. De un lado, el camino sinuoso que seguía desde hace tiempo, del otro, un camino estrecho, derecho y ascendiente, se levantaba. Decidió seguir este camino, teniendo la impresión de que sabía lo que había al final. Despertándose por la mañana, Belcebú se ocupó de anotar el sueño que le había invadido durante la noche. Convocó a Astaroth y le pidió seguir sus órdenes al pie de la letra. Lo envió al mercado y le ordenó adquirir todos los cereales disponibles luego revenderlos al duplicado del precio que había pagado. Luego, llevado por un frenesí increíble, le ordenó penetrar en casa de cada propietario de cultivo y de campos de Oanilonia, molestarlos y forzarlos para venderle, al mejor precio, todos sus cultivos y sus campos.

    En algunos días, Belcebú llegó a hacerse el único productor de cereales de Oanilonia, pero esto no era suficiente para él. Para administrar sus tierras, empleaba con unos sueldos más bajos, que no permitían a los trabajadores saciar su hambre. No teniendo otra alternativa, estos últimos fueron obligados a aceptar estas deshonestas prácticas. A esto, ponía precios tan elevados que hacían el trigo y el maíz tan caro, que toda la cadena de las mercancías conocía una inflación récord. El trigo y el maíz se usaban en la composición del pan, de la harina, el maíz servía también para alimentar a los animales, así, Belzcebú casi se había apoderado de todo el mercado y dirigía bajo su mano la economía local. Pronto, la plebe vino para quejarse y las autoridades vinieron para manifestar a Belcebú su descontento. Este último, demasiado contento de ver que suscitaba tal interés ni siquiera se tomó el trabajo en recibirlos. El hombre no dejaba en lo sucesivo su dominio, dejándole a su segundo fiel la gestión de las faenas bajas, diciendo que era demasiado importante para esto y que no podía mezclarse con los de la baja Oanilonia. Su reputación decía que su egoísmo sólo era igualable a su fortuna y qué, pronto, caería de las nubes.

    Los habitantes y los gobernantes decidieron reaccionar y crearon una cooperativa con el fin de competir con Belcebú, los ganaderos dieron cada uno una parte de sus campos para trasplantar el grano y hacer bajar los precios. Si Belcebú no vendía más, entonces posiblemente se dignaría recibirlos, pensaban. Este hecho fue peor.



    El advenimiento de un destino


    Frente a tanta audacia, Belcebú montó en cólera tan terrible que las paredes de su morada temblaron por eso. Le ordenó a su fiel Astaroth ir a los barrios bajos y reclutar a los los peores malandrines y formar así una milicia para defender sus bienes. Le pidió tomar los mejores, y con ellos, ir a saquear los campos, a matar las bestias y a quemar las moradas de los que se habían adherido a esta cooperativa. Al día siguiente de una noche de espanto, Oanilonia se quedó helada de miedo ante la idea de enfrentarse con el que tenía el poder de matar de hambre totalmente a una población. Los campesinos no eran soldados y los milicianos de Belcebú hasta daban miedo a los guardias de la ciudad, y ninguno de ellos pudieron negar la evidencia de su supremacía. En algunas semanas, todos ellos fueron a su morada para decirle que aceptaban sus condiciones, y así, Belcebú tuvo sólo que imponer lo que era de su agrado. Obligó a los ganaderos a entregarle un porcentaje de sus rentas a cambio de precios aceptables sobre los cereales, y los que negaron no llegaron a alimentar sus animales correctamente, sus vacas y sus carneros estaban tan famélicos que no producían apenas carne y leche. No hicieron falta mas que algunos meses para que la fortuna de Belcebú aumentara de modo exponencial, al precio de numerosos sacrificios para la población de Oanilonia.

    Los campesinos en lo sucesivo eran pobres y sin tierra, los ganaderos ganaban justo para alimentarse, y los únicos hombres sustentadores eran los que habían cedido frente a Belcebú. Los gobernantes se habían dejado comprar con importantes cantidades de dinero, mientras que los más pobres se morían de hambre.
    Un día de invierno, Guiñol y Pimpón fueron a casa de su hermano, acompañados por numerosos aldeanos, ambos estaban muy flacos, con las caras refinadas, y le pidieron audiencia. Belcebú aceptó oírlos:


    Citation :
    Guiñol: "Belcebú, estamos arruinados por tu culpa, ¡no podemos ni comprar nuestro pan diario te suplicamos ayuda!"
    Pimpón: "Te suplico, eres nuestro hermano, no puedes abandonarnos…"
    Belcebú: "Dais pena, ¿no tenéis ninguna cualidad y os atrevéis a venir para mendigar la limosna a mi casa? No os daré nada, si no tenéis de que alimentaros es porque sois débiles. Soy rico, pero mi fortuna me pertenece, solamente a mí, y a nadie más."
    Guiñol: "Piensa en nuestro padre que se fue hace tanto tiempo, ¿es eso lo que te enseñó?"
    Belcebú: "¡Me hice a mí mismo, mis pequeños mozos! No esperé a nadie para ser el que soy. ¡No les daré el menor denario porque no lo merecen! Los que hoy mueren de hambre son los que no comprenden nada."
    Pimpón: "¿No vas a acabar esta locura? ¿Vas a dejar morir a tanta gente por tu egoísmo?"
    Belcebú: "¿Mi egoísmo? No soy egoísta, conseguí y aticé los celos, son ellos quienes se encierran en sus certezas y se niegan a ver las cosas como son. Por su falta de clarividencia, causan su propia pérdida. ¡Iros y no volvais nunca, si moríis es porque lo merecéis!"

    Pimpón y Guiñol abandonaron el lugar decepcionado y contaron lo que les había dicho el dueño a otros habitantes. Todos se sintieron despechados por tal egoísmo y comprendieron que nada cambiaría a este hombre. Belcebú podía haberse vuelto tan poderoso, que amontonó más escudos que un rey. Habría podido distribuir su dinero por las ventanas sin sufrir, y sin embargo, guardaba todo y no daba nada. El sufrimiento de su prójimo no le afectaba, no tenía ningún amigo y, en cambio, tenía más enemigos de los que ningún hombre haya tenido conocimieto en Oanilonia. Fue en aquella época que el Altísimo manifestó su cólera hacia Oanilonia y decidió castigar a los que habían pecado tanto, que habían olvidado el sentido de la vida:

    Citation :
    "Mientras que les di mi amor, se desvíaron, prefiriendo escuchar las palabras de la Criatura a la cual no di Nombre. Prefirieron abandonarse a los placeres materiales que a darme las gracias.

    Creé para ustedes un lugar llamado Infierno, que dispuse en la Luna, donde el peor de entre ustedes conocerá una eternidad de tormentos para castigarlo de sus pecados. En siete días, su ciudad será absorbida por las llamas. Y los que se queden allí pasarán la eternidad en el Infierno. Sin embargo, soy magnánimo, y los que entre ustedes sepan hacer penitencia pasarán la eternidad en el Sol, donde se encuentra el Paraíso."

    Así, un gran número de habitantes se resignó con gran pesar a dejar aquella ciudad, en lo sucesivo, maldita.


    La rebelión


    Es en este momento cuando la Criatura sin Nombre se interesa de nuevo por Belcebú, la primera vez, se había aparecido a él en sueños, pero esta vez, vino para susurrar a sus oídos las siguientes palabras:

    Citation :
    Belccccebú… Belcccebú... ¡escúchame! Les mostraste a los hombres que eres el más fuerte, callado les habías mostrado que la debilidad no tenía ningún futuro entre los hombres. Muy pronto, unos hombres vendrán y te harán frente, pretextando que el amor es lo que ata a los hombres, hablarán de amistad y de la cólera del Altísimo. No los escuches porque son sólo mentira y malicia.

    Belcebú, que no era lo que se podía llamar un creyente, tenía muy poca afinidad con los que veneraban al Altísimo. Los ritos legados por Oane le eran desconocidos y, a decir verdad, los encontraba más bien estúpidos. Otros seis hombres habían sido atraidos por la Criatura sin Nombre, cada uno, como Belcebú encarnaba un vicio, y todos, predicaban contra Dios. Frente a ellos, siete virtuosos se habían reunido con la misión de defender la palabra divina, recomendando la amistad, la templanza, la justicia, la donación de sí, la conservación, el placer y la convicción. Para él, poner su destino en las manos de una entidad divina no tenía ningún sentido, podía sólo contar con sí mismo, y con nadie más. Así es como dejó por fin su morada con Astaroth a su lado y se recorrió a paso largo las calles y los sitios de la ciudad para recomendar su verdad:

    Citation :
    ¡No escuchéis a aquellos qué os dicen que el fin está próximo! ¡No escuchéis a aquellos qué os hacen creer que Dios es muy Poderoso! Dios es débil y está celoso de nuestro éxito. ¡Dios jamás pondrá en ejecución sus amenazas porque no matará a Sus propios niños! No os vayáis de Oanilonia, ¡continuad viviendo como viviáis y envíad a paseo a aquellos qué predican para Él!

    Numerosos son los que los que lo escucharon y que escucharon a otros predicadores, mientras que Oanilonia había caído en el vicio más profundo y el pecado más abyecto. Belcebú guardaba su riqueza y se burlaba de los que no tenían de que vivir. Se había rodeado de hombres fieles y de Astaroth, temeroso por la mayoría de aquellos con los que se cruzaba. La avaricia de la que daba pruebas no tenía igual, y los que intentaron robarle lo que poseía fueron asesinados sin contemplaciones. La violencia era el medio que había encontrado para protegerse. Aunque hubiera podido rodearse de un ejército de hombres fieles y sinceros por amistad, en lugar de eso se había encerrado en un egoísmo tan grande que hasta dejó a sus propios hermanos morir de hambre cuando algunas hogazas de pan hubieran salvado sus vidas. Su seguridad y su superioridad aumentaron el eco de sus alegatos oratorios contra Dios y los que predicaban para Él. Por todas partes dónde se presentaba, ganaba y conquistaba su auditorio, cuando a los que se negaban a oírlo o intentaban refutar sus declaraciones, les derrotaba sin contemplaciones haciéndoles ver su propio interés.

    La ciudad se hundió totalmente en el vicio más absoluto, esta ciudad maldita vivía así días sombríos llenados de odio, de violencia y de pecados. Belcebú manejaba a la muchedumbre del mismo modo que comerciaba, los manipulaba con tanto éxito como manejaba los escudos. A pesar de todo, nada lo hacía por los demás, no. Lo hacía para él porque consideraba que todo lo que tanto había tardado en construir, era la prueba de que era el más maligno, el más rico, porque había sabido hacerse el más fuerte, y Belcebú no podía imaginar un instante que su destino fuera el fruto de una voluntad divina, o por lo menos, que un Dios cualquiera que fuere tuviera algún impacto sobre él. Según él, Dios les había dejado a los hombres la elección de no amarlo y así, había dejado el futuro de la gente en las manos de la humanidad. No comprendía pór qué venía entonces para reclamar que se le venerara. Con los otros seis predicadores, Satanás, Belial, Azazel, Asmodeo, Lúcifer y Leviatán; Belcebú difundió venenosas palabras de la Criatura sin Nombre con tanto fervor y tenacidad que estuvo convencido que nada pasaría.

    Los seis primeros días parecieron durar una eternidad, el trueno reñía y los relámpagos golpeaban, muchos decidieron entonces dejar la ciudad. Pero Belcebú lo sabía, sólo los debiles se plegaban a la voluntad de otros. Los virtuosos tenían aceptado el castigo del Altísimo y le daban todavía más razones a Belcebú para gritar victoria porque, daba a entender a todos que si los virtuosos se quedaban, era porque no creían tampoco en las amenazas del Todopoderoso. Llegó el séptimo día y un cataclismo gigantesco se produjo, engullendo la ciudad bajo la tierra después de haberla purificado de llamas de la cólera de Dios. Algunos humanos que se quedaron en el mismo lugar se fueron de la tierra. Los que habían escuchado a los virtuosos fueron aceptados en el paraíso mientras que el resto fueron a engrosar las filas del Infierno Lunar. Astaroth, que se había quedado cerca de su dueño, fue enviado con él y fue testigo del castigo que había sido reservado para Belcebú.



    Una eternidad de Avaricia


    Belcebú se presentó como cada ser humano que se quedó en Oanilonia ante Dios. Fiel a sí mismo, se negó a reconocer al Todopoderoso y fue enviado como sus seis compañeros, sobre el Infierno Lunar. Su apariencia tomó la forma de su vicio y su cuerpo se deformó de modo que no se pareció de ninguna manera más a un humano. Se hizo la avaricia que encarnaba en Oanilonia, y tomó la forma de una araña gigantesca recubierta de oro, con millares de ojos de diamante.



    Los pecadores que dan prueba de avaricia hoy día, que aprovechan sus preceptos y roban a los pobres para enriquecerse, atropellan a otros para tener éxito, amontonan fortunas que mil vidas no sabrían gastar; son condenados por Dios a viajar hasta las galerías del Infierno cerca de aquel que causó su pérdida.

    Desde entonces, el Príncipe Demonio Belcebú reina sin compartir el poder sobre las galerías y los precipicios del infierno, y las almas condenadas que pecaron por avaricia, a él se unen para sufrir una eternidad de tormentos bajo su yugo tiránico.



    Traducido del griego por monseñor Bender. B.Rodriguez
    Traducido al castellano por Isnataroth
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