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 El Libro de las Virtudes. Libro II-Los Dos Profetas. La Vida de Aristóteles. Libro II- Panegíricos

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Hsmeduardo
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MessageSujet: El Libro de las Virtudes. Libro II-Los Dos Profetas. La Vida de Aristóteles. Libro II- Panegíricos   Lun 5 Déc 2011 - 14:27

Citation :




Panegírico I - De el alma

En aquellos tiempos Aristóteles vivía en Atenas y había instalado su cuartel general en “La Academia de la Cerveza”, una posada situada en la Plakathon, en pleno corazón del barrio egipcio, y lugar de reunión reservado a estudiantes, juerguistas y noctámbulos, conocidos por el apodo de “los gitanos”.
Durante una noche, especialmente agitada, hizo una revelación que mantuvo al círculo de pensadores ocupados durante al menos una semana.
En medio del bullicio habitual de la calurosa y húmeda tasca, interrumpiendo los gritos de
"a beber, a beber… que nos hace falta, hips » proferidos por Paulodauros totalmente ebrio, su compadre Mimilas subido a una mesa invitaba a todos a acercarse…

Mimilas: - Maestro, háblanos sobre lo qué es nuestra alma.

Entonces el sabio Aristóteles se dirigió a sus compañeros en estos términos: - Amigos míos, hay dos tipos de almas. Cualquier ser vivo posee un alma a la que yo llamaré anima donde reside su fuerza y que constituye el pilar donde se asienta su forma definitiva. Por tanto, según el principio de organización de los seres vivos el ánima es inseparable del cuerpo.

Mimilas: - El anima se podría entonces comparar con el esquema de organización de la hormiga roja obrera, por ejemplo, pero ¿cuál sería el otro tipo de alma?

Aristóteles: - En efecto, y te recuerdo que la hormiga obrera roja recibe también el nombre de proletaria.
Por el contrario el animus, el alma pensante, posee un estatus privilegiado que la convierte en un tipo de alma bastante diferente, ya que puede ser separado del cuerpo y además es eterno.

Mimilas: - Entonces, si es eterna ¿el animus fue diseñado a semejanza de Dios?

Aristóteles: - Exactamente, es el anima quien hace que Paulodauros no tome el camino de la derecha para ir hacia su casa cuando vuelve de su campo de maíz. Igual que Bobona y sus chicos eligen el camino de la izquierda para ir hacia la tasca a emborracharse. Poco a poco el sobrepeso y la cirrosis van dando a Paulodauros este aspecto grasiento que muestra y lo vemos extremadamente estropeado cuando todavía se encuentra en el umbral de la vejez.

Por el contrario, el animus de Paulodaurosllegará puro e intacto a las puertas del Paraíso a esperar su entrada y allí informará de que nuestro amigo ha estado en posesión de todas las capacidades potenciales, pero al no haberles dado uso su animus será incluído en el mismo grupo en el que se encontraría una gaviota reidora, ¿qué ocurrirá?

Entonces se hizo un gran silencio, nadie se atrevía a interrumpir el último momento de disertación en la Academia, los visitantes habituales estaban absortos, se habían callado los corrillos y la atmósfera se volvió mágica. El animus de cada uno se tomó su minuto de reflexión para lograr la salvación.

Mimilas se rascó la cabeza y dijo consternado:
-Me temo que el Santo Vigilante no le negará la entrada.


Traducido por Casiopea

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Hsmeduardo
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MessageSujet: Re: El Libro de las Virtudes. Libro II-Los Dos Profetas. La Vida de Aristóteles. Libro II- Panegíricos   Lun 5 Déc 2011 - 14:27

Citation :



Panegírico II- De el Ser en tanto que es


Abriéndose paso entre la multitud sorprendida, avanza el adversario más temible de todos los sabios disertadores: Cratilo, el filósofo mudo.
Había derrotado antaño al célebre Heráclito en su propio terreno proporcionando un argumento incontestable:


- No podemos bañarnos dos veces en el mismo río.

Crátilo había dicho:

- No puede hacerse ni siquiera una sola vez y nadie puede enunciar ninguna verdad acerca de los cambios que se producen. Por tanto, a partir de hoy no volveré a hablar ni de esto ni de ninguna otra cosa.

Seguido del maestro, Crátilo se enjuagó la frente, se colocó frente al profeta y según cuenta la leyenda comenzó a mover su dedo en todas direcciones.

- No puedo decir nada inteligente sobre este mundo en constante cambio- dijo otorgando a su adversario un golpe directo.

Un gran rumor se propagó entre los asistentes, quienes habían apreciado la eficiencia del asalto, pero el maestro, siempre hábil, tratando de proteger su retaguardia replicó:

- Es mirando al mundo y no alejándose de él tal y como uno puede encontrarse la verdad. Fijar la atención solo en el movimiento implica ignorar la sustancia esencial, que se mantiene imperturbable cualquiera que sea el cambio.

Crátilo, sorprendido, se preguntaba a dónde quería llegar su rival y comenzó a notar tensión en sus dedos. Levantó el dedo corazón y dobló el resto. El profeta, aprovechando su ventaja prosigió:

-Si nos remitimos al ejemplo de Paulodauros, cuyo cuerpo está devastado como consecuencia de sus largas estancias en la tasca, podemos verlo más a menudo a cuatro patas que a dos, asemejándose a un cuadrúpedo trepador, como un reptil. Sin embargo, decimos que es bípedo, porque esa es su forma original, su sustancia (en potencia, no en acto).

Crátilo lo comprendía perfectamente y como sudaba por la presión del momento se abanicó con su mano para refrescarse.

Aristóteles continuó:


- Asimismo, aunque un buen número de seres humanos poseen malformaciones, malignas o benignas, siguen siendo seres pensantes a pesar de las apariencias.

Luego el sabio dio la estocada final:

- Incluso tú mismo, el Filósofo del Silencio que no emite ningún sonido… todos los aquí reunidos sabemos que la causa final que ha modelado tu ser, el motor del mundo, te ha dado en realidad la forma de una persona parlante. Es un hecho irrefutable que tú no puedes cambiar, ya que la palabra es un regalo que el Altísimo ha hecho a la humanidad.

El golpe había derrotado definitivamente a su adversario, quien mostraba su dedo apuntando hacia el suelo, gesto que desde entonces se usa para mostrar que un combate está perdido.

Mientras tanto la multitud allí reunida alzaba al profeta en señal de triunfo, se dice que así sintieron algo de alivio sus débiles piernas.


Traducido por Casiopea
Revisado por el Reverendísimo Padre Abad Ignius de Muntaner


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Hsmeduardo
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MessageSujet: Re: El Libro de las Virtudes. Libro II-Los Dos Profetas. La Vida de Aristóteles. Libro II- Panegíricos   Lun 5 Déc 2011 - 14:27

Citation :



Panegírico III - De la copia de las ideas


Al día siguiente, mientras el peripatético realizaba sus estudios cotidianos y preparaba un discurso a unos 400 metros, Jenócrates “El Zafio” fue a verlo.

El mismo Jenócrates que era conocido por aforismos tales como
“el cerebro tiene capacidades tan asombrosas que hoy en día prácticamente todo el mundo tiene uno” o “el alcohol transforma el agua en potable” o también "una tonelada pesa por lo menos cien kilos, sobre todo si es pesada", se dirigió al profeta en estos términos:

-Al maestro le ha gustado mucho tu actuación frente a Crátilo y desea que os reúnais en el Gimnasio para felicitaros.

-¡Una convocatoria de Platón no puede rechazarse ni retrasarse! Murmuró el profeta con una sonrisa.

En el gimnasio, como de costumbre, canturreaba un grupo de discípulos que permanecían alrededor del gran maestro Platón, envolviendo la atmósfera en un halo de tensa espera ante su ansiado encuentro. Levantando una ceja de manera súbita impuso el silencio.

Entonces se levantó Platón (frente ancha, envergadura de un metro noventa y tres, noventa y cinco kilogramos de peso, henchido de orgullo) y agarró a Aristóteles por el brazo formando una llave perfectamente cerrada. Así emprendió la disertación más ilustre de todos los tiempos…




El primer asalto - Platón al servicio de la copia de las ideas:

Platón: -Crátilo es hábil, si se me permite decirlo así, y su arenga es aparentemente verdadera ya que los seres en devenir constante que caminan hacia su destrucción apenas merecen el nombre de seres. De joven yo era tímido y poseía una voz chillona -atronó el gigante extrovertido- entonces si no puedo responder a la cuestión “¿quién soy?” de modo permanente ¿no debería plantearme también la cuestión del “estoy”? mis queridos amigos.

-Ciertamente. Entonó a coro el grupo allí reunido asintiendo a sus palabras.

Platón:- No obstante, cuando una cosa cambia hace falta que quede algo inmutable en ella, de lo contrario no cambiaría si no que se convertiría en otra radicalmente diferente, ¿no creéis chicos?

-¡Lo que usted diga mi buen maestro!-susurró el grupo de los aduladores besapies.

Jenócrates: -Sí, pero si tú fueses tu hermano tu cuñada sería tu esposa y tus hijos sus propios primos ¡pero esto no puede ser! - dijo rascándose la cabeza.

Platón: -¿Y si le devolviesemos su bozal en lugar de tirarle cacahuetes insanos?"

-Tienes toda la razón- clamaron los dignos de confianza seguidores platónicos.

Platón: -Añadiría que cuando se observa a estos seres cambiantes se descubre que los de la misma especie comparten ciertos caracteres constantes que se transmiten de individuo a individuo, trascendiendo las generaciones y que son copias de modelos universales, inmutables y eternos que llamaré ideas. Ciertamente dentro de mil setecientos años os prometo que habrá numerosos Jénocrates destinados a divertir a sus contemporáneos.

-¡Sin duda! -Se rieron burlonamente extasiados.

Platón: -Además no siempre se tiene una vaga conciencia de estos arquetipos (o ideas) ¿quizás porque nuestra alma existía antes que nosotros y tras haber visto otros mundos no se ha trasmitido esa información a los órganos?

Platón:-Por esta razón, todo ser vivo posee por naturaleza la intuición de esta semejanza que los hace reconocer todo lo que es de su misma clase y que hace que un caracol, a pesar de su parecido, no elige la babosa para copular ¡o a un puercoespín!.

Los discípulos se callaron y formaron un corro dejándose transportar por la atmósfera encantadora.

Platón: -Amigos, todos vosotros conocéis el mito de la disidencia: el joven campesino que se inició en las artes de la ciudad y se convirtió en el mejor estudiante pero luego mordió la mano que le dio de comer. ¡Te cedo la palabra, Aristóteles!

Aristóteles:-Dios es testigo de que me gustan las manos de Platón, pero prefiero lamer la verdad- respondió el Profeta.

El público contuvo el aliento y todos suspiraron…

(Continúa el Panegírico IV: la esencia de las cosas).

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MessageSujet: Re: El Libro de las Virtudes. Libro II-Los Dos Profetas. La Vida de Aristóteles. Libro II- Panegíricos   Lun 5 Déc 2011 - 14:28

Citation :



Panegírico IV - De la esencia de las cosas


Aristóteles: -Su argumento, mi buen señor, por muy brillante que sea, no es más que una fugaz visión producto de su imaginación, pero las cosas no vienen de las ideas ejemplares sino de otros procesos. Es pronunciar palabras baldías e hilar metáforas poéticas.

Los asistentes molestos alzaron la mirada al cielo y fijaron su atención en un ángel cargado de catapultas que pasaba por allí. Cada uno hizo mentalmente su propio cálculo balístico.
Aristóteles se puso a caminar alrededor de su adversario en círculos concéntricos en el sentido de la sombra del gnomon.


Aristóteles: -Constatamos que las ideas casi son tan numerosas como las cosas para las que se ha recurrido a ellas. Bien, ¿Como lo demostramos? El método es más que dudoso, si me lo permitís.
Paulodauros cuando está borracho perdido debe cerrar un ojo para no ver doble. Del mismo modo hay que luchar contra el vértigo que otorga su discurso y contra la proliferación infinita de las ideas que irán hacia un gran cajón desastre universal.

Aunque la audiencia seguía apoyando al Maestro, los rumores ya hacían vislumbrar el cariz que estaba tomando discurso del peripatético mientras Aristóteles se cernía sobre su presa.

Aristóteles: -Dice usted que el alma pasa de un cuerpo a otro sin ser dependiente de este. Entonces, ¿cómo el cuerpo puede alterar el alma? Porque cuando el mismo Paulodauros tiene ocho gramos de alcohol puro en sangre, a excepción de sus sentidos, su alma ya no es tan agradable a la vista.

Los murmullos se multiplicaron diciendo:

-"¡Aristóteles está de moda!" o "¡A mi también me gusta!"

Aristóteles: -Así, según usted, la idea del ser humano es el tipo ideal que reproducen perfectamente, más o menos, todos los hombres y todas las mujeres. Pero seamos serios, este modelo es tan abstracto que hasta Diógenes se burla buscándolo en vano por las calles de Atenas a plena luz del día con una lámpara en la mano!

El Profeta soltó una sonrisa devastadora:- ¡Bien!

Mientras el augusto Diógenes (cómplice de todos y siempre apartado de la asamblea de Aristóteles) se sumó a la reunión. Disfrazado de mujer y maquillado tiró un pollo desplumado a los pies de Platón y se puso a cantar con voz aguda:

- Repito, que el maestro es un hombre inestable, sin plumas.

La muchedumbre se rió cómplice comentando la derrota a la que estaba abocado el platónico:

- ¡Cómo arruinan al anciano, están demasiado alterados!

Aristóteles que lloraba de risa sobre el hombro de Platón logró decir:

- Trata de comprender, mi viejo amigo. La sustancia de las cosas (el motor de los seres) se encuentra en ellas mismas y dicha sustancia no puede manifestarse sin la materia. Por eso cuando nuestra alma se reúna con el Altísimo se hará carne para siempre, pero no te preocupes, no condenará a su igual en la tierra a errar eternamente.

Algunos de los seguidores de la última moda ateniense ya se amontonaban alrededor del profeta con el fin de saber su opinión sobre la nueva forma de vestir, como si triunfaría el uso de la túnica en lugar del chal de lana o si el nuevo calzado de suela de corcho desbancaría pronto las sandalias.

Traducido por Casiopea
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Ignius
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MessageSujet: Re: El Libro de las Virtudes. Libro II-Los Dos Profetas. La Vida de Aristóteles. Libro II- Panegíricos   Lun 5 Déc 2011 - 18:02

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