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 El Libro de las Hagiografías. Los Apóstoles

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Hsmeduardo
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MessageSujet: El Libro de las Hagiografías. Los Apóstoles   Ven 20 Jan 2012 - 2:51

Citation :
Hagiografía del apóstol Titus, el primer papa

Vida del Apóstol Titus


Titus nació en Galilea, cerca del Lago Tiberiades, una decena de años antes del nacimiento de Christos. Pasó una infancia feliz en una familia de pescadores. Su padre no ganaba más que para alimentar a su familia y Titus creció con bastantes comodidades, aunque jamás conoció el lujo. Salvado del hambre, alimentado de manera sana, habiendo crecido al aire libre, Titus adquirió una gran estatura. Se decía que era una roca sobre la cual se podía descansar.
Con 12 años, comenzó a pescar con su padre. Su ardor, dedicación y fuerza le labraron algo de respeto en la región. Titus vivía para su familia y para la pesca. Con 18 años se casó con una joven del pueblo, pero de esta unión no nació ningún niño. Titus se afligió mucho tiempo porque le hubiera gustado conocer con un hijo la relación que tuvo con su padre.
Tenía una veintena de años cuando comenzaron los problemas con la ocupación romana. Éstos últimos querían poner impuestos a los pescadores de Judea de manera exagerada, favoreciendo a las poblaciones más dóciles que podían exportar su producción abundante. Los pescadores de Tiberiades fueron a manifestarse a Jerusalén. Por el camino encontraron otros grupos, y esta fue la muchedumbre que llegó ante el palacio del representante de Roma. Gracias a su estatura y reputación, Titus se convirtió en el representante de los pescadores. Negociaba con los romanos, sin ceder nunca a la violencia pero con firmeza. Obtuvo un buen acuerdo y volvió a su casa aureolado de una excelente reputación. Fundó con otros una asociación de pescadores de la que él fue el coordinador. Esta experiencia le fue muy útil en el futuro.
Un hermoso día, un extranjero vino al pueblo. Hablaba bien y tenía un gran carisma. Titus, que hasta entonces no había estado nunca interesado en la religión, fue seducido por el discurso de este hombre, por la palabra de Christos. Hablaron bastante, al borde del lago o durante la pesca. Christos apreciaba mucho a este hombre fuerte y honesto, esta alma pura que no buscaba otra cosa que la sencillez. Es así como Titus se convirtió en uno de los apóstoles de Christos.
Para seguir a Christos, Titus debió separarse de su compañera. Como no tenían hijos, él pensaba que el matrimonio no había dado todos sus frutos, sin que esto fuera culpa de ninguno de los esposos. Pidió consejo a Christos, que le tranquilizó con su opinión, que fue favorable a la separación. Una vez que la separación fue pronunciada, Titus prometió a su antigua compañera la mitad de su dinero así como la casa conyugal. Entonces Titus salió a los caminos.
Durante años, entonces, fue el compañero de Christos. Discreto pero siempre servicial y sonriente, era respetado por todos los apóstoles. He aquí lo que nos dice la Vida de Christos:

Citation :
Christos se volvió a Titus, que permaneció ahí…
“Titus, acércate, amigo mío. Titus, eres fuerte y vigoroso. Puedes ayudarme a llevar esta comunidad, serás mi segundo. Ve Titus, eres un gigante, ¡y es con la ayuda de tu fuerza con la que yo construiré una Iglesia gigantesca!”

La desaparición de Christos fue supuso un shock para Titus como para todos los demás. Pero, fiel a su reputación se roca sobre la cual se puede descansar, conservó siempre su buen humor y seriedad, se convirtió en una referencia, un pilar al servicio de los compañeros. Rápidamente los apóstoles se separaron. Cada uno eligió un camino, la única manera de servir a Christos y su mensaje. Justo antes de la separación, distribuyó a cada apóstol un anillo con una piedra púrpura, en recuerdo de su amistad y de su misión. El anillo de Dasju fue remitido a Anacleto, un hombre joven que se había convertido en el amigo de Titus y Samot. Titus tomó pronto una decisión importante: ¡Salir hacia Roma! Pero no fue solo, Samot y Anacleto le siguieron en su periplo.
En Roma, Titus y Samot compraron una casita cerca del Tíber, y ambos se pusieron al servicio del mensaje de Christos. Pescando por el día, predicando por la noche, Titus hizo algunos adeptos. Concentró sus esfuerzos en la gente que conocía ya el mensaje de Aristóteles, señalando la continuidad del mensaje y la complementariedad de las enseñanzas. Muchos convertidos se dirigieron a Samot y continuaron con el culto. Titus, continuó su camino, como una roca bajando por una ladera, destruyendo todos los obstáculos.
Un día que comía con unos amigos, entre los cuales estaban los apóstoles, ocurrió algo extraordinario, Samot leía una carta de Panthea sobre la necesidad de elegir un jefe. Una persona recordó que Christos había designado expresamente a Titus, pero esto no fue unánime. Titus, se callaba. Fue entonces cuando alguien abrió una ventana. Una paloma entró en la habitación y voló bajo las vigas. Soltó las hierbas que estaban sostenidas allí, y las ramas de albahaca, la especia de los reyes, se posaron en la cabeza de Titus. Titus se levantó y dijo:

Citation :
Titus: amigos míos, hermanos míos, ¡no soy un rey! No soy más que el servidor del Más Alto, y todo poder aquí no viene más que del reconocimiento de sus iguales.
Samot: Titus, tú eres nuestro rey espiritual. Todos nosotros aquí lo reconocemos. Sé nuestro guía, la roca de la sabiduría... Sé nuestro padre, nuestro papá.


Fue así como Titus se convirtió en el primer “papá”, por tanto “papa” de la Iglesia. Y cumplió este deber con fervor y humildad. Se tropezó con un poder temporal que, celoso de sus prerrogativas, prefería la antigua religión que le permitía mantener al pueblo en un estado de servidumbre y dependencia. Pero el número de aristotélicos crecía sin cesar gracias a la labor de los apóstoles dirigidos por Titus.
Excedido por este proselitismo, los romanos encerraron a Titus bajo el pretexto de desorden público. Permaneció en prisión muchos años. No queriendo verle morir en prisión bajo riesgo de que le hicieran mártir, le propusieron a Titus que participara en los juegos de circo y a cambio le liberarían con algunos de sus compañeros. En el circo estaban levantadas nueve cruces enormes que pesaban más de cien kilos cada una, una para él y las otras ocho para ocho de sus amigos, el emperador de Roma le dijo que por cada cruz que arrancara del suelo él o uno de los suyos sería liberado.
Titus consiguió arrancar y recostar las ocho primeras cruces, dejando sólo la suya… Pero él apenas seguía en pie. Titus atravesó la puerta de la prisión sostenido por un legionario. Estaba débil, demacrado, enfermo. Sus amigos apenas reconocían la “roca de Dios”. Samot fue en su encuentro, le sostuvo, dio algunos pasos con él. Titus le dijo entonces estas palabras:
Citation :
Déjame morir en pie, cara a mi creador.


Samot se apartó. Titus elevó la cabeza y miró fijamente al sol.

Citation :
Dios mío, voy hacia ti. Perdóname, mi misión no está terminada.


Y murió, Samot, que sostenía su cuerpo, lo tendió sobre el suelo. Su cuerpo fue transportado a una colina justo a las afueras de Roma. Se le enterró y, sobre este lugar, fue construida una iglesia real, la primera basílica aristotélica.

Traducción por Paskui
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Hsmeduardo
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MessageSujet: Re: El Libro de las Hagiografías. Los Apóstoles   Ven 20 Jan 2012 - 2:51

Citation :
Hagiografía de la Apóstol Santa Kyrène.

Kyrène era 3 años menor que Christos. Profesora en historia helénica, ella estaba dotada de un gran conocimiento de la filosofía de Aristóteles, vivía para enseñar y se encontró naturalmente atraída por la enseñanza de Christos. Durante el mismo tiempo, predicando amor y tolerancia absoluta, había convertido una antigua milicia, haciéndola depositar las armas, prefiriendo la búsqueda de una paz constructiva con los Romanos a las tentativas infructuosas de obligarlas al principio por la fuerza.
La visión de amor liberada por Christos hizo que ella fuera una de las primeras mujeres a las que aceptó para ser uno de sus apóstoles del Amor universal, siempre en busca del amor desinteresado. Ella ya predicaba a sus alumnos y de ella viene la cita «Quiérase los unos a los otros; así como Christos nos quiere, a nosotros también. Quiéranse los unos a los otros; y todos ellos entenderán que son sus discípulos, si tienen amor los unos con los otros.»

Después de la crucifixión, ella continuó recomendando el Amor y la compasión, la muerte de Christos le había confirmado su opinión que era preferible aceptar su destino, cualquiera que fuese, más bien que usar la violencia para intentar modificarla. Sin embargo, ella reflexionaba sobre lo que el Mesías Christos le había dicho un día: «Acepto mi destino que tengo que sufrir por Amor hacia vosotros, y mis obispos no tendrán la misma misión. Usted debe vivir por la palabra, pero otros tendrán el destino de protegerle con la espada, porque la humanidad lleva todavía una parte demasiado grande de sombra en ella. Viva y predique, pero acepte que algunos deben llevar la carga de la espada para defender la Iglesia si ella es atacada. Sin embargo ellos nunca deberán utilizar la espada para sus ambiciones propias, o bien de sus jefes.»

Un día, aproximadamente diez años después de la muerte de Christos, mientras que ella andaba por Jerusalén para reunir a sus alumnos, ella vio a dos soldados romanos que daban una paliza a un vagabundo y se interpuso con estas palabras:

"Pero por el Amor del Creador, paren esa violencia, ¿Qué quieren de este pobre ser para ser tan brutales?"

Ambos hombres se volvieron mirándola para decirle que se fuera a ver más lejos, si no deseaba hacerse mostrar cuánto eran capaces de quererla... Ellos se fueron riéndose arrastrando al desgraciado detrás de ellos. Kyrène los siguió recomendando el amor de la tolerancia, hasta que uno de los dos soldados dio media vuelta, y la golpeó con su escudo. Sólo la llegada de un grupo de sus alumnos hizo huir a ambos soldados, y con ellos a su víctima. Le ayudaron a levantarse, y sus alumnos le dijeron:

"Pero, maestra muy santa y noble, ¿Cómo, nosotros quiénes negamos la violencia, podemos oponérsenos al de otros?"

Ella les hizo su curso sobre este tema. Desde la destrucción de la gran ciudad de Oanilonia, las comunidades humanas se habían organizado al principio alrededor de reglas morales que contemplaban su propia supervivencia. Las reglas morales existen porque los seres humanos son libres de su propia elección, y porque una parte en ellos todavía escucha el mensaje de los violentos. Porque el humano debe tender hacia Dios, pero es todavía ocupado de sombra. Así como él tiende hacia la perfección, sabe naturalmente como hijo de Dios, ser razonable y capaz de escoger la razón, pero todavía debe ser guiado. Debemos tender hacia una comunidad según leyes universales, y el camino más largo es hecho de palabras y de amor. Es a este fin cuando el humano recibió la palabra y la escritura. Pero a veces la humanidad tomará el abreviado de utilizar la espada, porque él también fue dado al hombre por Dios. Y sin embargo, la espada ha sido dada al hombre como la Criatura sin Nombre ha sido dejada entre nosotros, con el fin de tentarnos, y para que la olvidemos como arma. Un día os lo digo, viviremos en un mundo de amor donde sólo nos importe lo que el Altísimo ve en nosotros, y tampoco eso que nuestro vecino ve allí, y en ese día únicamente las armas no saldrán más de su funda. Pero para que llegue este día, deberemos separar la espada y la palabra, esto sin descuidar por eso el recurso de la espada para los que escogerán defender a los sacerdotes del Altísimo. El Mesías vino para definir reglas, porque como Aristóteles ya le dijo «Hay que preferir contentarse con lo aceptable que exigir lo imposible directamente». La violencia es pues aceptable contra la violencia, si el fin es la justicia o la defensa de la verdadera fe. Debemos poder oponer la palabra a la palabra, pero también el hierro al hierro.

No seamos como la tribu de los Bisounours, que no supo comprender que a veces las cosas no pasan como a ellos le haría falta, que no debemos esperar de Dios que nos proteja, porque nos dio la oportunidad de hacerlo. No podemos agradecerle por el libre albedrío y recuperarnos de esa ceguera a los acontecimientos. Recuerde, justo después de la destrucción de Oanilonia, que esta tributo que tenía siguió el éxodo le pidió a Dios un oasis, en el centro del desierto. Un lugar bendito por Él, donde ellos tendrían todo a su disposición y podrían vivir de concurso de belleza, de fiestas paganas y permanentes, y donde a ninguno les imponga nada más sólo de gustar y ser el preferido. Ellos pidieron tanto y tanto que Mhour les había respondido: «Ayuda tú y el cielo te ayudará». Después de haber deliberado esta respuesta, ellos no lo comprendieron y creyeron que bastaría con irse y que una vez más Oane aparecería entre ellos, dando lo que pedía. Ellos se fueron sin nada, con el fin de que esto dure menos tiempo, en dirección de la salida del sol, para desaparecer finalmente para siempre y hacerse una leyenda simple. Nuestro creador nos dio los medios de protegernos de la lluvia, nos dio la ciencia de la construcción, pero ¿Criticamos al leñador que derriba árboles para él? El Creador no nos permitió nacer vestidos, sino hizo posible los tejedores, que necesitan hacer matar a animales como a los carniceros...

Cada uno tiene su sitio, el soldado tiene su sitio de la misma manera para ayudar a la construcción de la Iglesia, pero tiene una gran responsabilidad. Porque como el leñador no debe cortar de árbol si ninguno lo necesita, el soldado no debe hacer fluir la sangre inútilmente. Así como el leñador no tiene odio contra el árbol, el soldado no debe tener odio hacia su enemigo, y debe tratarse sólo si la causa es justa y aprobada por Dios. Si combate sin odio, para servir las intenciones del Creador, y respeta los días de oraciones, es perdonado.

La elección de la razón, en el momento de tomar una decisión, es lo que conduce hacia el Altísimo, porque la razón arrastra la comprensión, la comprensión conduce a la amistad desinteresada, la amistad conduce al Amor perfecto, y el Amor educa hacia Dios. La violencia lleva infaliblemente hacia la exclusión y alejarnos al rencor, así nos alejamos del Altísimo. Así, la eliminación progresiva de la violencia es, al mismo tiempo, el secreto de las morales y el mismo criterio de toda acción política que quiere moral.

Después de que muchos de sus predicadores hubieran desaparecido, después de haber sido llevados por soldados del imperio, ella era la autoridad aristotélica en Jerusalén. Aunque no violenta, se resolvió a crear a una guardia acercada para proteger a los predicadores de Jerusalén, y nombró a uno de sus discípulos Vicio-dominus (origen del título de vidame) para dirigirla. Muy lejos de ayudar a sus sacerdotes, esto inquietó al prefecto que hizo alcanzar a todos los que llevaban la cruz aristotélica. Él hizo matar a los que llevaban un arma por traición hacia el imperio de Roma, y condenó a la crucifixión a los que poseían el vestido de sacerdote. Los simpatizantes tuvieron la elección de renegar de Christos y a sus discípulos o de acabar al lado de Kyrène. Todos sus discípulos escogieron seguirla hasta el final, y contamos 33 cruces en la colina, el día de la ejecución. Es dicho que, antes de morir, ella gritó una citación de Christos:" ¡Pero usted va a quererse los unos a los otros, en nombre del Dios!"

No poseemos texto de Kyrène, el menor de los apóstoles, porque todos sus bienes fueron confiscados por el prefecto de Jerusalén. Poseemos sólo un informe de su curso sobre la violencia, y una copia de su mano de la historia de la tribu de los Bisounours, que había ofrecido a uno de sus alumnos, que partió hacia la Galia antes de la matanza.

Ella murió siendo mártir exactamente 12 años después de Christos.
Sus fieles que no estaban en Jerusalén, y que escaparon de la ejecución, vinieron para quitar los cuerpos para ofrecerles funerales decentes. El sudario de Kyrène fue exhumado posteriormente, fue reencontrado intacto a pesar del tiempo pasado.


Su símbolo es una pluma de ganso sobre un escudo, y su reliquia, su sudario.
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Hsmeduardo
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MessageSujet: Re: El Libro de las Hagiografías. Los Apóstoles   Ven 20 Jan 2012 - 2:52

Citation :
    Hagiografía de la Apóstol Santa Calandra

    Su vida antes de Christos


    Se dice que su juventud en una familia pobre y hambrienta tuvo un efecto importante sobre la vida de Calandra. Puede ser que aprendió a ser humilde y piadosa por su familia o según las circunstancias, o puede ser el señor Dios le dio estas cualidades. Sin preocuparse del origen de sus cualidades, los orígenes de sus enseñanzas en las cosas espirituales pueden ser encontrados mirando hacia atrás hasta tender a su infancia.

    Se consagró en el templo de Aristóteles para su aprendizaje en las materias del espíritu, porque era una de las vías raras para salir de la pobreza en aquel tiempo. Se enteró de sacerdotes de este templo y les sirvió durante un tiempo, siempre saciándose de la menor gota del saber como un traje seco absorbe el agua. Sin embargo, ser una adepta al aprendizaje no le hizo popular entre sus compañeros estudiantes y hasta entre ciertos sacerdotes.

    En su decimosexto año, el sacerdote rector del templo le dice que es requerida en otro lugar, a causa de su saber y de su pasión para él. Se le da algunos pedazos de comida para alimentarse durante el viaje, y se le da una dirección hacia una ciudad en el desierto. En seguida y con toda confianza se lanza a este viaje, sin jamás sospechar las malas intenciones de ellos.
    Se rindió en el desierto, conservando su alimento y su agua porque ella era de origen modesto, pero aun así se secaron antes de que alcanzase la ciudad que no aparecía.

    Aunque durante numerosos días erró siempre la dirección que le había señalado el sacerdote rector del templo, su fe jamás vaciló. Fue el cuadragésimo día, mucho tiempo después del fin de su alimento y de numerosos días después de que las últimas gotas de su agua hubieran sido bebidas, cuando vio una ciudad en el horizonte.

    Cuando llegó, no fue de su hambre o de su sed que se ocupó, sino que buscó inmediatamente al sacerdote del pueblo. Cuando le encontró, le dijo que jamás había requerido, informado, ni que debía llegar, pero la venganza y la cólera estaban lejos de su espíritu, porque sabía que era Dios quien la había enviado, a través de los celos de los sacerdotes del templo. Fue allá dónde sirvió durante numerosos años hasta que sea llevada por un grupo fieles que procuraban educar a los paganos del país.

    Su vida con Christos

    Fue su capacidad de hacer que el animal se acercarse a él, la que maravilló en primer lugar a Calandra, su capacidad de dispersar a una muchedumbre hostil con sus palabras y su negativa de la violencia que le confió su respeto. Fue el día en que ella y nueve otros consagraron sus vidas como sus apóstoles. Entre un gran número, comenzó a seguir a Christos.

    De ciudad en ciudad viajaron, difundiendo la sabiduría de Aristóteles, compartiendo la pasión y la fe de Christos, y bañaron al pueblo en la gloria y el amor de Dios Todopoderoso. Calandra tenía facilidad especialmente para la lectura de las doctrinas y para interpretarlos, a templarlos si usted prefiere, con las palabras de Christos. Fue conocida por ser capaz de leer las palabras de la ley y de saber el espíritu y el modo de aplicarlos.

    Los numerosos milagros que se efectuaron delante de sus ojos inspiraron siempre a Calandra a hablar siempre más y más apasionadamente. Los actos de Christos: la curación de los enfermos, la curación de los paralizados, y hasta devolverles la vista a los que jamás la habían tenido, hicieron la propagación más fácil en sus palabras. El Amor y la Verdad fueron llevados a un gran número de esa manera.

    Fue con la tropa a Jerusalén, una gran ciudad, con numerosos habitantes, muchos pecados y vagabundos. Y de numerosos edificios magníficos. Fue la confrontación en el lugar que transformó no sólo su propia vida, sino que también la vida de tantas otras, y más todavía las consecuencias. Pudo sólo quedar levantada mirando al Centurión cuyos pecados fueron lavados como tantos otros, y las palabras de Christos habían probado su veracidad y el asombro la acoge.

    Hasta la tarde que Daju les dejó y modificó su fe de que Christos era el mesías, Calandra encontraba en las palabras sobre la castidad inspiradoras porque la había practicado. El discurso sobre la organización continuó en la tarde por la noche, y Calandra siempre lo memorizaba para el conocimiento, y su poder de memoria viva era el don de Dios. La cena que siguió, con la tristeza de Christos, le llevó también a la tristeza, porque sus sentimientos eran a menudo de acuerdo con los de Christos, su mentor y maestro.

    Todo lo que pasó luego sobrevino demasiado rápido para que pueda percibir los acontecimientos: la captura, el juicio, y la condena todo concurrirá a desesperarla en acontecimientos. Cuando la crucifixión se efectuó, Calandra lloró por primera vez desde hace años, no solamente por la muerte de Christos, también por la pérdida que la humanidad acababa de sufrir, porque no estaría más allí para decir la Verdad.

    Los Ángeles que descendieron del cielo pararon todo en el mundo, y para Calandra, los vientos y la lluvia cesaron en este momento, los gritos y aclamación del pueblo estuvieron perdidos en la música de los cielos. Este día no era un fin sino un comienzo, y la misma noche Calandra y otros apóstoles se comprometieron a enseñar la Verdad y a bautizar a numerosos fieles.

    Su vida después de Christos

    Calandra dejó otras ciudades después de Jerusalén, buscando el consuelo en la soledad, y recobrar la vida continuando su enseñanza. Su memoria le ayudó muchísimo porque podía hablar de acontecimientos de su tiempo a los seguidores de Christos como si fueran de ahora. Viajó a través de numerosos países, de numerosas ciudades y pueblos, siempre que difundía la palabra, bautizaban a los fieles y conversos, y encontraban entre ellos los más sabios, piadosos y humildes, ordenándolos sacerdotes de su comunidad.

    Sus viajes la devolvieron una vez Jerusalén, una ciudad maldita en su espíritu, pero su camino no fue trazado por su voluntad, así que lo siguió. Sobre el camino encontró a una persona que sería su compañera por numerosos años, Publia, más tarde bautizada como Bertilde. Esto fue en Jerusalén dónde recordó la ley de los romanos y la naturaleza cruel y humana, pero su fe jamás vaciló.

    Pasó numerosos años sobre el camino a través de los países, continuando su deber, tal como mostró Christos esa noche terrible. Se hizo numerosos amigos, ordenó a numerosos sacerdotes, y tuvo la alegría de ver crecer la fe entre los pueblos de numerosos países. Encontró por fin una ciudad donde ella basó sus viajes, y se instaló aquí, adquiriendo una propiedad que había sido usada por creyentes.

    Durante numerosos años de su viaje, jamás había estado en Roma, pero tuvo la alegría de enterarse de la ascensión de Titus a título de Papa. Pero un día vino una carta, llamándola allí debido a los trabajos de su compañera Bertilde, y a pesar de su edad y su enfermedad las dos se prepararon para lo que sería su último viaje juntas.

    A la muerte de Bertilde en una ciudad en el sur de Roma en Italia, Calandra sintió por primera vez su fe vacilar, pero esta fe fue rápidamente restaurada y su fin devuelto como cuando el rosal crece sobre la tumba en una noche. Continuó hasta Roma, y presentó su proyecto en la cámara, luego se fue ya que no tenía nada que hacer en la formación de una Orden. En el camino de regreso, podía sólo esperar que hubiera hablado justamente y que Jah crearía lo que crearía.
    Una carta llegó después de que el consejo no hubiera tomado ninguna decisión, sin conocerse con certeza el contenido de esta carta, pero aseguraba la formación oficial de una guardia episcopal con el fin de seguir los ideales de la Santa mártir Kyrene y las enseñanzas de Bertilde. Calandra supo que la memoria de su amiga fue honrada.

    Su fin en la vida terrestre

    Mientras que la edad ya se había profundizado en Calandra, su cuerpo comenzó a fallar, pero jamás su espíritu. Mientras que una enfermedad atacó a sus huesos, haciéndolos frágiles y quebradizos, continuó sus enseñanzas y a servir de guía, aunque encamada. Los papeles fueron invertidos, sus viajes acabados, otros buscaron el saber y la sabiduría, y algunos creyentes siguieron cerca de Calandra en su casa.

    Fue en este tiempo que Calandra comenzó a escribir sus trabajos diversos, ideas y memorias, con el fin de que numerosas personas puedan conocerlos después de su muerte. Tan inteligente y sabia como era, sabía también que las ideas jamás dejaban de formarse, y que una idea podía nacer a menudo de otra. Así lo que fue conocido de memoria por la memoria, fue transmitido sobre pergamino y piel animal.

    El día de su muerte se presentó como todos los demás, el sol se levantó, el viento sopló, ningún efecto espectacular del tiempo o milagro marcó su fin. Fue su servidor, quien había comenzado a trabajar para ella, ocuparse de sus campos y hacer su alimento, que la encontró preparando su desayuno. La papilla de cereal fue dejada a la cabecera de su cama mientras que el hombre buscaba signos de vida, pero en vano porque no había, su soplo había acabado, como su corazón, y había atravesado el velo y residía en los cielos.
    Sus funerales fueron un asunto simple, un simple entierro en su jardín, todas las personas de la ciudad que prestaron asistencia, así como todos los que habían venido para buscar su sabiduría y su saber. No fue llorada, sino su vida fue más bien celebrada, las memorias sobre ella compartidas y su casa tratada con respeto más grande. Sus escritos reunidos por algunos de sus estudiantes más asiduos fueron escoltados en Roma dónde residen todavía hoy día.

    Reliquias

    Los restos de Calandra han estado perdidos en el curso de los siglos. Varios documentos quedan que llevan su nombre.

    Asociaciones

    Mayores: profesores y estudiantes, viajeros
    Menores: misioneros



Traducción por Silencioso
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MessageSujet: Re: El Libro de las Hagiografías. Los Apóstoles   Ven 20 Jan 2012 - 2:52

Citation :



Hagiografía del Apóstol Samoth, Patrón de la Congregación del Santo Oficio Romano:


El viejo estaba sentado en su jardín viendo el Tíber que fluía dulcemente en aquel bello día de primavera.
Curtido por los años finalmente Samoth había pasado el invierno contra todo pronóstico. Sus cabellos blancos ondeaban al viento y sus ojos parecían penetrar en el tiempo.

Luisa, su sirvienta, fue a darle un poco de agua. Había estado a su servicio durante 50 largos años y nunca se cansaba de mirarlo. El hecho de estar cerca de él le alentaba su corazón, la llenaba de una calma y de un amor divino. Es verdad que el hombre sólo con su presencia inspiraba el respeto y la admiración de todos. Luisa colocó una manta sobre sus rodillas y cuando se disponía a retirarse Samoth le tomó la mano y la invitó a quedarse.


"Quédate mi querida y preciosa Luisa. Sabes, pienso que ya no te molestaré por mucho tiempo. Por fin El Altísimo me quiere con él".

Luisa se sintió ofendida por sus comentarios, pero adivinando su indignación Samoth continuó.

"Pero sí querida, tienes bien merecido tu descanso. Obsérvalo tú misma, soy viejo y no veo casi nada". Se paró un instante y luego continuó. "En fin, así son las cosas de la vida. Debe ser así. Estoy ansioso de encontrar el Sol y mis compañeros". Se secó una lágrima con la mano. "Soy el último. Todos se han ido y ahora yo me siento muy solo sin ellos. El tiempo es cruel, pues pasa demasiado deprisa. No he logrado poner sobre papel la vida de los otros Apóstoles. Pero no me arrepiento de nada. Escribir la vida de Christos y sus 21 enseñanzas era fundamental".

Las palabras de Christos aún resonaban dentro de su espíritu.


Citation :
Samoth, cuando haya muerto recorre el mundo y difunde la buena nueva, como yo te lo pido. Y cuando seas viejo, entonces escribe mi historia para que todo sea conocido y comprendido.

"Y sí, Luisa. Yo era todavía un niño cuando encontré a Christos".
Sonrió.¿Qué era lo que solía decirme? Ah sí…

Citation :
Samoth, el más joven de mis amigos, fiel entre los fieles.

"Debiste verme, Luisa, en los inicios de mi vida: Joven e impetuoso, aunque maleducado". Estalló en una estruendosa carcajada y enseguida tuvo un ataque de tos. " El tiempo y mis compañías me han convertido en un erudito, pero viendo los humildes orígenes de mis padres no ha sido ciertamente una tarea fácil. Mi familia era de origen campesino pero, atraído por el mar, mi padre se encaprichó en mandarme pronto a las riberas del Mar Muerto. Aquí encontré a Tiro, el artesano pescador. Me habría vuelto su aprendiz y me habría quedado allí si no hubiese existido aquel encuentro… ¡Oh! Ciertamente todo depende de pocos gestos. Un sólo encuentro y ves como todo puede cambiar. Un día en la Plaza del pueblo encontramos a Christos. No olvidaré nunca aquél encuentro… Date cuenta, abandonar todo de un día para otro para seguir a un hombre que inspira todo tu ser, tu alma".

Citation :
Nos aproximamos a Christos, acompañados de nuestro amigo Paolo, un campesino. Yo era el más joven, poco más que un niño, pero era yo el que hablaba:

“Maestro, tus palabras son tan justas, ¡hablas del mensaje de Aristóteles!”

Luego Christos, tocado de mi inocencia juvenil, nos respondió:

“Entonces,seguidme, vuestros trabajos, bienes y herramientas podrán esperar hasta el final de su misión, ya que, por el momento, os haré construir mi iglesia: El instrumento de paz más bello que el mundo jamás ha conocido. Sabedlo, os enseñaré la sabiduría de Aristóteles y el mensaje de Dios, pero primero deberéis aprender el altruismo y el espíritu de sacrificio”.


Nos metimos todos en el camino hacia la gran Basílica.


Después, seguimos a nuestro maestro para enseñar la palabra del Altísimo y aquellos que le seguimos terminamos siendo doce.

Y esto es sólo un ejemplo de la multitud de cosas extraordinarias que Christos hizo cuando lo acompañamos a lo largo de sus viajes. Él hizo estas cosas siempre de la manera más natural y simple posible, y así quedamos sorprendidos del poder que Dios le había concedido. De esta manera continuamos en nuestro camino, deseosos del amor y de la verdad, siguiendo a nuestro mesías mientras nos contaba muchas anécdotas que han quedado grabadas en mi mente, y que, amigos míos, me gustaría poder transmitir algun día si tengo ocasión.

Por dos veces he vivido en la felicidad más absoluta. Con Christos y luego con Tito. Una vez Christos fue sacrificado por nuestras almas, fui primero a Éfeso y después a Roma. Hemos predicado, convertido, construido una Iglesia de fieles. Tantas cosas han sido construidas alrededor de su palabra. ¿Y qué decir de Tito, nuestro Rey en espíritu? Él ha sido nuestro primer Papa. Gracias a él, nuestra Santa Iglesia se volvió titánica. Me sentí honrado cuando me asigno la misión de crear y organizar alrededor de mí y mis seguidores una Congregación que se ocupara de reconstruir, difundir y conservar la palabra del Altísimo.

Pero por dos veces mi alma fue golpeada. Desde hace tiempo llevo sobre mi la culpa de de estar vivo y de haber sobrevivido a Christos y Tito. Aún llevo sobre mí las señales de ese sufrimiento. Salvado por Poncio la primera vez, luego salvado por Tito la segunda, no pude hacer nada para impedir tal desgracia. Pero aún peor, yo estaba allí, siempre allí… Ahora todos han muerto en el martirio y yo estoy muriendo aquí a tu lado, contemplando este paisaje que ha tenido siempre el don de aplacar mi cólera. Pero he entendido finalmente que mi supervivencia estaba programada para contar esta bella historia que continuará gracias a nuestros discípulos.


"Luisa mira aquí".Tomó un pergamino que estaba oculto bajo su manta.

"Este es mi testamento".

Se paró un momento a mirar el Tíber y los viejos árboles, que acariciados por el viento mecían a Samoth. Luisa se puso a su lado un momento y luego le soltó la mano. Samoth se había ido.


Su obra:

La vida de Christos y sus 21 enseñanzas.

Reliquias:

Ninguna reliquia puede serle atribuida. Robo, extravío…No sabemos qué sucedió. Por el contrario, su casa en el Tíber se ha preservado y los fieles pueden ir en peregrinación a ella. Una capilla fue construida en sus alrededores.

El testamento:

Citation :

A mis amigos, a los discípulos de Samoth:

Tomo mi pluma en el crepúsculo de mi vida para dejaros un testimonio final. Y sí, el viejo sigue hablando. Es cierto que me gusta mucho hablar y escribir. ¿Pero no es este el sentido de nuestra misión? Muy pronto alcanzaré a mis once compañeros. No debéis llorar por mí, ciertamente no lo merezco. Me he escapado de la muerte tantas veces que un buen día debía acabar por atraparme. Vivid en el amor por el prójimo, no bajéis nunca la cabeza y salvaguardad la fe. El trabajo que he iniciado debe continuar. Esto es ahora vuestro deber, sabed escribir y conservar las huellas de nuestra historia, de nuestro viaje a través del tiempo. Nuestras acciones, nuestros sufrimientos, nuestro amor deben ser conocidos por muchos. Los fieles y sus descendientes necesitan saber lo que ha sucedido. No dejéis que el tiempo trabaje en contra de vosotros. El olvido y la pereza intelectual son los más grandes enemigos de nuestra fe. El falso conocimiento es un peligro mayor a la ignorancia. No permitáis que sus discípulos enseñen falsas verdades. Por esto, os ruego que no paréis nunca de escribir y de contar la historia de nuestra Santa Iglesia. Debeis ser los garantes de los textos sagrados y de los libros del dogma y deberéis igualmente asegurar su perenne conservación.

Queridos amigos, os dejo lleno de esperanza. Tenéis toda mi confianza.
Samoth
“Fiel entre los fieles, difundid la palabra de Christos".





Traducido por Padre Prior Jesús Alfonso Froissart del Camp.
Revisado por Kossler de Castelldú y Robledo.
Segunda revisión y corrección por Casiopea.

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MessageSujet: Re: El Libro de las Hagiografías. Los Apóstoles   Ven 20 Jan 2012 - 2:53

Citation :
Hagiografía de la Apóstol Adonia

Su vida antes de Christos:

Adonia nació en Grecia, en Atenas, cinco años después del nacimiento de Christos. Pasó la infancia en las calles del mediterráneo: Su padre, negociante y comerciante, compartió con ella su conocimiento de las lenguas extrajeras desde la más tierna edad. Provocó así la admiración de todos, incluidos sus padres que la llenaron de felicitaciones cada día.

Como consecuencia de comerciar con una multitud de personas, su sentido de compartir y de tolerancia aumentaban considerablemente cada día de su vida. A pesar de su joven edad, su conocimiento y su elocuencia provocaban la admiración de todos. Adonia amaba aquella vida.

A medida que fue creciendo, la niña dio sitio a una joven mujer cuya belleza no dejaba indiferente a nadie.

Fue durante un viaje a Galilea que su padre conoció a un hombre poderoso, un mercader, que al toparse con Adonia, le pidió su mano. Su padre, feliz de tal unión, dio su consentimiento provocando el desconcierto de la hija. Ella veía esa unión como un freno a su espíritu y a su gusto por la libertad, ya que el hombre era tan rico como rudo y poco inclinado a las cosas del espíritu.

Su vida con Christos:

Contrariada y luego de muchas peleas con su padre, llena de dudas y de rabia, Adonia abandonó su casa para salir de la ciudad. Durante esta marcha, fue alejada de sus pensamientos por una muchedumbre alrededor de un hombre que decían venía del desierto. Todo el mundo se admiraba de sus palabras. Todos lo contemplaban y aparentaban respirar serenidad. Adonia se acercó para escucharlo, cuando fue subyugada. Sus palabras hablaban de amor, de amistad, del Altísimo…Cada ser sobre la tierra debía seguir el camino de la virtud y luchar contra la criatura sin nombre. Subyugada se acercó…Y paró la oreja cuando él habló de enseñanza y de unirse a él para difundir su mensaje a través del mundo. Supo entonces, dentro de sí misma, que lo seguiría.


Citation :
Adonia dijo: Deseo seguiros…

Christos dijo: “¿deseáis uniros a mí? En este caso tendréis mucho amor en vuestro corazón y me seguiréis, dándome un poco de vuestro tiempo, lo mejor que podáis. Por otra parte, si elegís dedicaros a guiar a los otros a lo largo de la vía de la Iglesia, es necesario que estéis lista a dedicarle todas las prioridades. Entonces, tomad distancia de los bienes, del trabajo, de los utensilios, decid adiós a vuestra familia. Preferid la sencillez y la instrucción respecto a los ricos adornos y a las magníficas joyas. Ya que nuestra tarea solicitará el sacrificio del bien personal por el bien colectivo, pero, en cambio, seréis acogida en santidad entre los hijos de Dios”.

Y todavía dijo:

“Si vuestra familia no os entendiera, rogad por ellos, ya que no son sensibles al mensaje de Dios. Si el que os asume, os coge odio, no os enfadéis, y rogad por él, ya que no es sensible al mensaje de Dios. Si vuestros amigos os frenan, llevadlos con vos, así ellos también podrán descubrir el mensaje de Dios.

Se unió pues junto a Tito, Samot y los otros apóstoles al lado de Christos dejando todo atrás. Los milagros a los que asistió le confortaron cada día en su elección. Su capacidad de hacer pasar el mensaje del Altísimo a diferentes pueblos hablando diversas lenguas maravilló a todos. Habían atravesado varios países cuando Christos y sus discípulos fueron a Jerusalén. El sufrimiento compartido en este lugar reforzó su fe. Una vez pronunciada y ejecutada la condena, decidió seguir a sus compañeros de desventuras e ir a propagar el mensaje y los valores de Aristóteles. Su comunidad atada por la amistad no dejó de crecer gracias a los bautismos que efectuaron.

Su vida después de Christos.

El alejamiento.


Su capacidad de comunicarse con varias poblaciones la llevaron a alejarse de sus hermanos e ir a regiones más distantes para propagar la palabra. Cada año que pasaba difundía la enseñanza de Christos, hizo emerger una decena de discípulos y de sacerdotes. Pero quería hacer algo más, siempre más rápido. Luego, con el tiempo, se alejó del mundo poblado para trabajar en la reunión de cada etnia entorno a una sola lengua y una sola escritura. Trabajo día y noche en la tarea: La redacción de la palabra del Altísimo en una lengua universal para que todos pudiesen beneficiarse de la enseñanza de Aristóteles y de Christos…

Un día, tal trabajo se terminó. Fue con este libro, que ella decidió volver al mundo de los fieles. Encontró a Paolo en su camino. Orgullosa de su trabajo le mostró su obra…

Citation :
Paolo: ¿Qué has hecho hermana mía?

Adonia: No entiendo por qué te horrorizas, Paolo. ¿No estás contento de ver a todo el pueblo comprenderse en un solo idioma? ¿No ves venir hacia nosotros más discípulos, sacerdotes, curas?

Paolo: Esta ambición te ha cegado querida Adonia. ¿Has olvidado el capítulo VII de la prehistoria? Dice:

Citation :
Así, cada ciudad organizó un ejército, entrenando soldados, para luchar para enriquecer a su comunidad y a sus líderes.

6.- Entonces, Dios decidió permitidles que aprendan la amistad, de modo que los humanos dejasen de matarse unos a otros. Dividió la única lengua en una multitud de lenguas. Los humanos no eran capaces de entender las palabras habladas en otras ciudades. El Altísimo entonces les permitió ser capaces de aprender las lenguas que no conocían. Este entrenamiento requería que cada uno se abriese hacia la cultura del otro. Así, estaban menos inclinados a combatir, habiéndoles dado la comprensión del otro debido a los esfuerzos necesarios para aprender las lenguas de aquellos que deseaban atacar.

Adonia, destruida, se desplomó y lloró, por no haber comprendido su error. Paolo la confortó diciendo que su talento debe servir para unir a los pueblos, pero que no debe complacerlos, siguiendo así el juego de la Criatura Sin Nombre.

El regreso de la fe.

El encuentro con el apóstol fue saludable. Recobró, pues, la razón y escondió su obra, para que nadie pudiese descubrir ese libro. Recorrió el mundo y creó numerosas escuelas donde cada alumno era autorizado para traducir y escribir la palabra en todas las lenguas. En el más grande secreto, cada discípulo se preocupaba de obrar para difundir la amistad aristotélica.

Su enseñanza:

Como los otros apóstoles, Adonia había aceptado difundir la palabra del Altísimo. La difundió alrededor de todo el mediterráneo y en tierras más bien lejanas.

Su gran capacidad de comunicar le ayudó a extender el número de bautizados en todo el mundo.

Adonia contribuyó al acercamiento entre los pueblos. Sirviendo de intermediario, les ayudó a comprenderse. Reforzó así la comunión fraterna, alrededor del libro de las virtudes.

Nunca es fácil enseñar la palabra del Altísimo, sin que su mensaje se distorsione a causa de incomprensiones. Adonia tuvo un rol importante en este campo: Gracias a su don, la enseñanza del Altísimo fue comunicada sin omisiones, sin cortes y sin añadiduras. La palabra del Omnisciente no ha sido nunca degradada a pesar del viaje a través del tiempo.

Algunas citas:

Citation :
“Id, haced de todas las naciones discípulas del Altísimo, unidlas por la amistad aristotélica”.

“Enseñar la verdadera palabra así como ha sido enseñada, para ser capaz de exhortar a otros según la sana doctrina y refutar a los que la contradicen”.

“Enseñad, pero con paciencia y comprensión de quién os escucha. Ya que, sabed, no hay peligro más grande que aquel que cree enseñar la verdadera palabra, cuando no hace más que deformarla”.

El abandono de la vida terrenal:

Fue mientras enseñaba a los jóvenes, niños y niñas a leer la palabra de Aristóteles, que fue arrestada y denunciada por uno de los padres de ellos. Acusada de engañar a la juventud fue encarcelada en Roma para ser torturada.

A pesar de la ferocidad de los interrogatorios no reveló nunca a sus torturadores los diversos lugares donde la palabra era escrita y enseñada.

Fue juzgada y condenada a la crucifixión, 15 años después de la muerte de Christos. Su cuerpo fue seguidamente quemado para evitar que sus discípulos pudiesen recuperar sus restos.

Reliquias:

Un guardia corrupto dio a sus alumnos el sudario sobre el que se tumbaba después de la tortura.
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MessageSujet: Re: El Libro de las Hagiografías. Los Apóstoles   Ven 20 Jan 2012 - 2:54

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Hagiografía de la Apóstol Uriana

La infancia:

En una bella noche de primavera Timna y Timor observaban las estrellas y tendidos en el suelo fantaseaban sobre su porvenir y sobre el nombre de su futuro hijo. El cantero y su esposa deseaban ese niño desde hacía muchos años.

Timna: ¡Bueno! ¿Qué nombre le daremos a nuestra hija?

Timor divertido: Pareces estar muy segura de que será una niña. ¿Y por qué no ha de ser un varón?

Timna: Sé que será una niña. Lo he soñado. No puedo explicarlo, pero lo sé. Vivirá de nuestro amor y será devota. También heredará la fuerza y carácter de su padre. Sonrió. ¿Qué tal Uriana?

Timor: Es bonito, sí. La llamaremos Uriana.

Uriana nació el 3 de junio del 20 antes de Christos y como Timna había predicho desde la más tierna infancia la niña vivió en el amor y en la devoción. Era conocida y respetada por todos en la aldea. A la edad de 16 años Uriana resplandecía y vivía con los valores de la colaboración y la amistad. Su fe no era rechazada por nadie. De hombros anchos, ojos brillantes y con una voz clara, Uriana poseía una voluntad inimitable. Su familia lo representaba todo para ella.

El evento desencadenante:

La aldea de Uriana se encontraba en los alrededores de Tiro. Su gobernador intentaba con más o menos éxito satisfacer las pretensiones romanas y como exigían cada vez más el invasor empujó al gobernador y a algunos grandes nobles a rebelarse. Se ocuparon personalmente de aumentar las tropas en las regiones vecinasy agruparon a los destacamentos en los pequeños emplazamientos de las aldeas colindantes. Pero sus acciones resultaron estériles y para algunos desesperadas. Los romanos marcharon sobre Tiro y su Región. El castigo estuvo a la altura de su furia: Arrasaron todo a su paso matando a todos los aldeanos y quemando las viviendas. La aldea de Uriana no escapó de su furia. Cuando llegaron Uriana corrió para ponerse a salvo, pero un caballero apareció tras ella. Su padre se interpuso y recibió el golpe de la espada en su lugar. Timor yacía en el suelo sobre su hija desmayada. Apenas tuvo tiempo de ver a su madre morir por una flecha recibida de lleno en el pecho.

El conflicto interior:

Al despertar, Uriana fue presa de una profunda rabia. Gritó, pero ningún sonido salió de su garganta. Sus ojos se llenaron de ira. De su cara brotaba el odio...
Durante días erró sin saber adónde iba. Parecía tener 40 años o más. Un día una voz misteriosa le habló…


La criatura sin nombre: Uriana…Uriana.

Uriana atónita respondió: ¿Quién eres? ¿Me estoy volviendo loca? ¿Quién está ahí?

La criatura sin nombre: Lo sabes Uriana querida. ¿No me has llamado?

Uriana: Nunca. ¿Qué dices? Me niego a hablarte.

La criatura sin nombre:
¡Oh! Sí que me has llamado, tu rabia me ha convocado, tu furia ha llamado mi atención, tu tristeza y abandono me han obligado a venir a ayudarte. No Uriana… Toda tu alma y tu cuerpo me reclaman.

Uriana:
Aléjate de mí. No puedes hacer nada por mí. No quiero escucharte más.

La criatura sin nombre: Al contrario. Puedo hacer mucho por ti. Deja que te sirva. Puedo aliviar tus penas.

Uriana: ¿Y cómo podrías? Dímelo tú que pareces saberlo todo y tener todas las respuestas.

La criatura sin nombre: Déjame guiarte. Permíteme pensar y actuar por ti. Hazme entrar en tu alma. Abandónate a mí y te haré olvidar esta tristeza que te corroe.

Uriana: El Altísimo lo prohíbe… Vete. Estoy tan cansada.

La criatura sin nombre: ¿Y qué han hecho por ti tus padres y el Altísimo? ¿Puedes decírmelo?

Uriana se puso a llorar y no dijo ni una palabra. Aceptó, cedió… Se durmió. Al despertar ya no era ella. No lo sería ya nunca más. La gente que se cruzaba con ella se alejaba asustada. Todos la evitaban. No hablaba. No hacía más que pronunciar palabras incomprensibles. Sus actos eran los de una demente. Gritaba, chillaba, insultaba, volaba…

El encuentro con Christos:

Christos acompañado por Samot y Tito entró en Cesarea. Predicaron como era su costumbre y numerosos discípulos fueron a escucharlos.

“Amigos míos, ¡No os engañéis! Los que no viven en la amistad que nos ha enseñado Aristóteles se pudrirán en el infierno.
Los que ceden muy rápidamente a las tentaciones del pecado, los que no conocen la virtud, esos acabarán en el tormento y la soledad del infierno.
Los que ceden a la voz meliflua del pecado, que son seducidos por su discurso, ésos irán a acompañarlo en las tinieblas.
Los que, en definitiva, ignoran el amor de Dios y de los Hombres y se refugian sólo en su egoísmo acabarán en el abismo infernal.
Por eso, estad atentos hermanos míos, estad atentos y vigilantes, ya que
nadie conoce el día en que la profecía se cumplirá. Nadie conoce el día del fin de los tiempos".

Un niño subyugado por sus palabras fue a su encuentro. Le informó de que una persona extraña merecía, ciertamente, sufrir la ira del Altísimo. Christos le pidió que le mostrara el camino. Una vez llegaron vieron una mujer encadenada en la entrada de una cueva.

Christos: ¿Quién es esta mujer?

El niño: Nadie lo sabe. Los aldeanos han tenido que atarla ya que era incontrolable. Sus palabras son absurdas.

Samot y Tito
vieron a Christos acercarse: Maestro no se acerque a ella, a la vista está que su destino es ir a la luna, el país de los demonios. Nadie puede ayudarla.

Christos: Al contrario amigos míos, al contrario, el Altísimo tiene un proyecto para esta mujer. No os preocupéis, ya he encontrado el mal que la consume.

Christos se acercó. Al llegar Uriana se precipitó al fondo de la cueva. Christos la siguió. Samot y Tito pudieron entender solamente algunas frases.

“¡Lárgate tentadora! Tu presencia perjudica las intenciones del Altísimo para esta joven mujer. Sabes que no eres su favorito. Te ha relegado en la oscuridad porque te has desviado de su luz. Te ha dejado el poder de hablar sólo para poner a prueba la fe de los humanos.
Ya que el pecado es la negación de la perfección divina y el sucumbir a los mil placeres conlleva la desviación del amor de Dios, mientras que el bien de la creación divina no puede ser realizado nada más que en el amor de su Creador. ¡Así que lárgate!”.


La calma había regresado. Durante tres días Samot y Tito no recibieron ninguna noticia. Cuando lo vieron llegar se precipitaron sobre él para interrogarlo, pero ninguna respuesta salió de su boca. Christos fue solamente a buscar pan, agua y algunos vestidos. Al pasar otros cinco días, Christos apareció acompañado de una joven mujer. Tito y Samot le calcularon unos veinte años. Al principio sentían curiosidad, estaban sorprendidos intentando adivinar que ella era “el animal” que vivía en la cueva algunos días antes.

Christos: Samot, Tito os presento a Uriana. Será una de nosotros.

Samot y Tito se miraron y comprendieron que no hacía falta hacer preguntas, sino aceptar el estado de las cosas.

Al lado de Christos:

Durante los días que siguieron, Samot y Tito descubrieron a una mujer devota, que daba prueba de una gran compasión. Su personalidad gustaba a todos. Los niños adoraban jugar con ella. Su bondad y su ternura eran puestos a prueba cada día y ninguna debilidad pudo ser observada por los dos hombres que siempre se maravillaban de ver a aquella mujer que era capaz de dar tanto amor. Nunca supieron lo que ocurrió en aquella cueva y nunca pidieron explicaciones. Al mirarla sencillamente adivinaron que Uriana había sufrido enormemente.

Uriana continuó difundiendo la palabra del Altísimo al lado de Christos y de ocho nuevos compañeros.


“El almuerzo transcurría con mucha alegría, todos los comensales estaban felices de celebrar el inicio de la nueva Iglesia de Aristóteles. Pero entonces noté que los ojos de Christos contenían una expresión extraña, una mezcla de tristeza y melancolía. Estaba más callado de lo usual. Y muchos de sus apóstoles no se habían dado cuenta aún, estaba entretenidos hablando de paz y amor”.

Uriana se percató que algo estaba sucediendo. Vió a Samot acercarse al maestro y discutir. Finalizada la discusión, Christos fue hacia ella.

Christos: Lo has adivinado, ¿cierto?

Uriana con los ojos llenos de lágrimas: Sí. ¿Qué seré sin ti? Te debo la vida y mi redención.

Christos: El proyecto que tengo para ti no será simple, lo admito. Pero estás lista, te lo garantizo y sabes que estaré siempre a tu lado. Has visto a la criatura, la has sentido más que ninguno, conoces lo que el mal puede hacer. Tú sola ya puedes combatir y luchar contra esa maldición llamada posesión. Te he enseñado lo que tienes que hacer.

Uriana había aceptado su destino desde hacía tiempo. Puso su cabeza sobre las rodillas de Christos y se quedó así por un momento, callada, aprovechando los últimos momentos de su presencia.

Después de la muerte de Christos:

Su vida después de Christos es desconocida para la mayoría, ninguno sabe qué sucedió realmente. Cada vez que se hablaba de ella era para asociarla a los eventos más místicos: Una vez se habló de niños poseídos por un demonio que habían hallado la paz después de haber encontrado a Uriana. Otra vez se contó que un hombre que profería frases demoníacas de la noche a la mañana se había convertido en el más querido de su comunidad. Fue unos años más tarde cuando Tito la volvió a ver. Fue a Roma para dar su contribución al nacimiento de la Gran Iglesia. Habló detenidamente con Tito de su misión y él le autorizó reclutar discípulos.

Pero Uriana murió de agotamiento algún tiempo después.


Su enseñanza:

Justo antes de morir escondió su cuaderno para que no cayera en manos equivocadas, donde fueron anotados todos los acontecimientos de su vida.
Toda su enseñanza quedó escrita allí. Solo los hombres y mujeres elegidos podrán encontrar aquellas enseñanza.
La historia nos revelará que serán los Santos Imerio, Illinda y Padre Marmano los que encontrarán este cuaderno. Podrán así continuar la obra de Uriana creando la Cofradía de los Exorcistas.

Las reliquias: El cuaderno de Uriana.

Se celebra: El 3 de junio.



Traducido por Padre Prior Jesús Alfonso Froissart del Campo.
Revisado por Kossler de Castelldú y Robledo.


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MessageSujet: Re: El Libro de las Hagiografías. Los Apóstoles   Ven 20 Jan 2012 - 2:54

Citation :




Hagiografía del Apóstol Paulus:


Paulus nació algunos años antes de Christos en una aldea localizada en la ribera mediterránea, Judea. Era un niño soñador y reservado. No amaba nada más que la contemplación de los espléndidos paisajes que rodeaban su aldea. Podía pasar horas mirando al mar, observando el movimiento de las hierbas en las colinas y escuchando el canto de los grillos sobre las piedras sobrecalentadas por el sol. Tenía muchos compañeros, pero pocos amigos. Sus padres eran pobres, pero un tío pudiente lo hizo ir a Jerusalén. Allí aprendió a leer, a escribir y a contar. Su tío contrató a un preceptor griego que le enseñó todas las materias necesarias para un futuro comerciante. Pero el viejo hombre, reconociendo la naturaleza privilegiada del niño, le inculcó también filosofía y le enseñó la doctrina de Aristóteles.

Al convertirse en adulto Paulus se convirtió en comerciante. Su tío no tenía hijos, así que se convirtió en su heredero. Hizo prosperar los negocios familiares con brío y no sin una cierta ambición. Poseía almacenes en Jerusalén y en Cesarea, además de tres galeras. Sus proveedores eran numerosos en Judea y en los países del levante. Sus clientes se encontraban en todo el Imperio. Paulus era rico y admirado, estaba contento de su vida pero ya no tenía el tiempo de admirar el mar y las colinas, no era feliz.

Un día, mientras viajaba a una pequeña aldea del norte de Judea para ver a un proveedor de aceite de oliva, encontró a un hombre que iba con un pequeño grupo. El hombre se llamaba Christos. Paulus lo oyó hablar a los aldeanos y también participó en la conversación. Observando a este hombre simple, pero radiante de sabiduría y de felicidad, Paulus recordó de su educación griega -la sabiduría de Aristóteles- y se dio cuenta de inmediato del parecido entre Christos y los Grandes Sabios.

Paulus tuvo que volver a sus negocios, pero no perdió de vista a Christos. Sus contactos le permitieron mantenerse informado de los desplazamientos de sus desplazamientos y cada vez que podía iba a escuchar al profeta. El tiempo pasó, las lecciones se acumularon y pronto Paulus abandonó su vieja vida para seguir a Christos. Continuó administrando desde la lejanía sus negocios y no perdió su fortuna, pero tampoco sacó ningún benefício mientras caminaba por las calles de Judea.

Tras la muerte de Christos volvió a Cesarea, pero su vida cambió. Mientras algunos partieron para predicar en todo el Imperio y fundar comunidades, Paulus se quedo en Judea con todas las lecciones que había aprendido y que contenían las enseñanzas de Christos.

Mantenía una intensa correspondencia con los otros apóstoles, así como con sus discípulos que propagaban la verdadera fe. Se abstuvo de tener discípulos, pero escribió un número de cartas que sirvieron para unificar, recordar y dirigir la doctrina que se establecía. Como buen erudito que era creía que su rol era el de interiorizar la palabra de Christos para devolverla a los otros, haciéndola más accesible.

Paulus ya anciano, veterano y respetado, se trasladó de su rica casa en Cesarea y la regaló a la comunidad aristotélica quien la transformó en uno de los primeros lugares de oración y más tarde en uno de los primeros obispados. Paulus se instaló en una casa localizada a un lado de la colina, frente al mar, en las afueras de la aldea. Encontró la calma que siempre había buscado cerca de la ciudad, y pasó largas horas redactando sus cartas, admirando la marea alta y la marea baja.

Cuando murió fue inhumado junto a su casa, frente al mar. Su deseo era ver cada tarde el sol dormirse sobre el mar, sobre Roma más allá de las olas, lugar que sería algún día el hogar de todos los Aristotélicos.




Traducido por Padre Prior Jesús Alfonso Froissart del Camp.
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MessageSujet: Re: El Libro de las Hagiografías. Los Apóstoles   Ven 20 Jan 2012 - 2:55

Citation :



Hagiografía de San Nicolás, Apóstol de Christos:

Ahora que la edad me vence yo, Séneca de Tarso, fiel discípulo de Nicolás de Cesarea que recibió del propio Christos la fuente de la vida, quisiera dar testimonio de como fue la enseñanza del que continuó la obra de Christos en las naciones y sufrió, por ella, el martirio.


Capítulo I: La infancia:

Nicolás de Cesarea nació algún año antes de Christos en la ciudad del mismo nombre. Era hijo del retórico de origen griego Fidias y de Pomponia Grecina, descendiente de una familia noble romana.
Siempre estuvo relacionado con altos cargos ya que frecuentaba la escuela de retórica, donde le enseñaron tanto el arte de la oratoria como la filosofía de los autores paganos. Muy pronto se interesó por la filosofía de Aristóteles a quien consideró superior a todos los otros pensadores griegos.


Capítulo II: La controversia con Escartus:

Fue entonces cuando se hizo conocido por su célebre manera de pensar:

- Hace falta ser para pensar y no pensar para ser.

Eso fue lo que sucedió en realidad. Se convirtió en un bello joven con un cuerpo esbelto y enérgico, cabellos negros y ojos de gran belleza. Decidió que debía debatir en su clase de retórica con uno de sus compañeros de clase, Escartus, un ser pequeño, regordete y malicioso, que afirmó que se debía pensar para ser:

-¡Lo que dice Escartus son tonterías, amigos míos! vociferó.
¡No veo más que neoplatonismo hervido en aceite de hígado de bacalao! ¡No lo voy a saber yo! ¡Por tanto si sigo el pensamiento de Escartus, ese hombre pobre y un poco loco que pide limosna en la entrada de nuestra escuela, tan débil de mente que es casi incapaz de pensar, no puede existir! ¡Seríamos todos víctimas de una alucinación colectiva!

- ¡Nicolás, en verdad te digo que no es eso lo que aparece ante nuestros ojos! ¡Se trata de vulgar basura!
¿Cómo te atreves a afirmar que esa cosa, repugnante, inmunda y bestial es un ser?
¿Como puedes admitir la existencia del ser en esa cosa que ha nacido prisionera de un cuerpo, exclusivamente esclava de los bajos instintos animales de los cuales imita hasta los gruñidos?
El pensamiento es lo que define al ser.
Lo que no piensa, no es, ya que solo el pensamiento diferencia al ser del objeto y del animal.
Por tanto, si esta cosa no piensa, se deduce que esa no es el ser en cuanto a ser, aunque exista.


- Me haces reír con tu discurso, replicó Nicolás.
Ese idiota que se sienta en nuestra puerta es cualquier cosa que tú puedas decir, y por el hecho de ser, puedes pensar cualquier cosa que tu digas. Un gruñido es ya una señal de pensamiento, también primaria, también bestial. Él produce pensamientos y no puede evitarlo porque ES.
Tú mismo, Escartus ¿podrías un día comprender tu estúpido pensamiento si no existieras? ¿O bien harías intentos por engendrar ideas sin sustancia? La idea llega al espíritu siempre y cuando exista la cosa, dice Aristóteles y tiene razón: “es de algo material que nace la idea, es del ser que nace el pensamiento”.
¡Primero se debe existir para pensar, mi pobre Escartus! El pensamiento no se produce por sí solo, hace falta ser para pensar y no pensar para ser.


-¡Mirad amigos míos! ¡Mirad esta piedra! Rebuznó Escartus.
¡Agarraos el vientre no vaya a ser que os explote de la risa! ¡Porque en verdad Nicolás viene a decirnos que esta piedra piensa por el solo hecho de que existe!

- ¡No has entendido nada, Escartus! Esta piedra no piensa y a pesar de eso ES. Porque nació de un pensamiento y ese pensamiento ha nacido, a su vez, de un ser, y ese ser era uno de los dioses.
Por cuanto se remonta de causa en causa, de la cosa producida al pensamiento que la produce, nos encontramos siempre con un ser creador y así sucesivamente, hasta los últimos creadores supremos que son los dioses. Esto es porque los dioses son los que han dado origen al pensamiento.
Pero si seguimos tu razonamiento llegaríamos rápidamente a la estúpida conclusión por la cuál los dioses no son más que la consecuencia del pensamiento humano y de la especulación pura.


Esta última afirmación provocó el desprecio del público, muy fiel al culto de los dioses, se produjo un movimiento repentino de la muchedumbre y Escartus fue expulsado del aula por la fuerza.

- Sin embargo-añadió cuando lo empujaron fuera-Pienso, luego existo.Pero nadie quiso escucharlo.

Un día, que estaba tranquilo en la ribera del lago Tiberíades y mis pensamientos tenían el color de la tarde, volvió sobre este episodio de su vida para preguntar si su manera de pensar no había cambiado.

- En verdad-me dijo-las personas como Escartus cometen pecado de soberbia por razonar demasiado y porque se dejan llevar por la especulación sobre la realidad de las cosas. Niegan la evidencia que tienen ante sus ojos para defender mejor sus teorías.
Mira Séneca, todas las cosas que nos rodean fueron creadas por Dios de un pensamiento nacido de un ser: esta es la única realidad posible, porque fue Dios quien la pensó. Si afirmas lo contrario acabas diciendo que el pensamiento es creador de todo, incluso de Dios, pero para eso debería existir una fuerza aún más grande que Dios y que no sea un ser, sino un pensamiento inmaterial. Como sabes, eso es imposible, porque nadie es más grande que Dios.


Durante toda su vida siempre lo vi fiel a su pensamiento y ocupado, como diré por enésima vez, en defender celosamente la plenitud de la potencia divina contra todos los que podían desear reemplazarlo, porque para él, Dios fue el primer pensador, el Legislador supremo, ante el cual todas las voluntades se deben inclinar y para quien la iglesia es su sierva fiel.
Nada presagiaba un futuro encuentro entre Nicolás y Christos, pero…

Capítulo III: El encuentro con Christos

Un día en el que Nicolás estaba solo y un poco retirado en la ribera del lago de Tiberíades se le acerco un hombre de aspecto modesto y preguntó:

- ¿Por qué rezas, amigo mío?

- Rezo porque es nuestra costumbre orar a los dioses en determinadas horas del día, así me lo enseñaron de pequeño.

- ¿Piensas que este modo de orar es justo?.


Preguntó el hombre que no era otro que Christos.

- No lo sé, pero es el único que conozco.

- En ese caso piensa. ¿Crees que tus dioses se pondrán contentos al verte realizar gestos y rituales que realizas por costumbre sin conocer su signicado? ¿Crees que las oraciones recitadas de manera mecánica pueden ser eficaces?

- Ciertamente no
-respondió Nicolás- tienes razón.

- Quién no hace más que obedecer órdenes como una máquina sin hacer un examen crítico con el fin de penetrar en su propia esencia no se esfuerza en ir hacia Dios ni hacia la salvación, es más, la mayoría de las veces se aleja.
Si no entiende el significado de aquello que hace no será capaz de comprender que las oraciones son útiles y no recibirá alivio alguno, ya que será ajeno al concepto del amor.
Ven, sígueme y aprenderás lo que es el amor y que no hay muchas divinidades sino un solo Dios. Por el mismo motivo no puede existir más que un solo amor porque no puede haber más que un Dios para recibirlo.


Así Nicolás, abandonando todos sus bienes, siguió a Christos, recibió su enseñanza y se convirtió en uno de los doce discípulos llamados apóstoles.

Capítulo IV: Dónde Christos enseña a Nicolás que los sacerdotes no deben jurar fidelidad a otros hombres:

Un día, cuando Christos y sus discípulos llegaron a Séfora, Nicolás inició una de sus frases así:

-Maestro enséñanos…antes de ser interrumpido.

- No me llaméis Maestro porque no tenemos más que un solo Maestro que es Dios y a través de Él nuestra iglesia que es la intérprete fiel de sus pensamientos y sus decisiones deben ser respetadas por todos sus ministros. ¿Pero qué sería de los hombres si tuviésemos que reconocer a otros maestros además de a Dios y a su iglesia?
Dios nos ha dado la libertad, así que no hay motivo por el que debamos cederla a otros.
Imaginad que ocurriría si, y Dios no lo quiera, un sacerdote llegase a prestar un juramento de fidelidad a otro hombre. De inmediato se volvería propiedad de ese hombre, su siervo, el siervo de intereses particulares y nunca más sería el siervo de Dios.
Los hombres de Dios, queridos hermanos, le obedecen sólo a Él, no deben rendir cuentas más que a Él y quienquiera que les pida un juramento está solo buscando poner a la iglesia bajo su control y hacer de los hombres de Dios sus lacayos.
¿Qué pueblo confiaría en hombres de Dios sometidos a otros hombres y no a Dios mismo? Sembraríamos, con estas prácticas, la semilla de la duda y de la incredulidad.
Así que os digo, hermanos de todo lugar y todo tiempo, que hay que rechazar compromisos que pudieran pretender vuestro favor, ya que son un instrumento de dominio sobre la Iglesia de parte de los laicos y de corrupción de las ideas divinas por parte de las ideas terrenales.
Del mismo modo, tal y como nos recomienda el gran Aristóteles, es necesario que os impliquéis socialmente en los asuntos de la ciudad, cuidándoos bien de no hacer política, porque la política no es más que asunto de hombres, donde a menudo reinan la corrupción y los intereses particulares y podríais arriesgaros a contaminar el santo nombre de la Iglesia.


Cuando Nicolás me relató aquella lección de Christos le pregunté el sentido profundo de aquellas palabras:

-Christos, -me dijo- era muy consciente de la superioridad de Dios sobre los hombres y quiso evitar que la pureza de la ley divina fuese corrompida por el pecado, ese fue sin duda, el motivo por el cual instituyó la Iglesia.
Dios es soberano en todas las cosas.
De esa soberanía deriva la ley y para la mayoría de los hombres de todos los países, la moralidad.
La Iglesia estuvo destinada a representar esta soberanía divina a partir de Christos.
Por tanto la Iglesia actúa y legisla en su nombre.
Es la Iglesia la institución en la que Dios delegó para establecer entre los hombres la ley y la moral, según sus palabras contenidas en el libro de las Virtudes.
De ahí la necesidad de libertad absoluta de la Iglesia y de los hombres que la componen.
¿Cómo quieres que un hombre de Iglesia, si se vuelve propiedad de otro hombre, pueda conservar esa libertad? ¿Y cómo es posible no ver que los intereses privados de un hombre a quien el cura prestó juramento podrían contaminar la pureza divina?

- Pero hermano Nicolás no entiendo por qué Christos prohibió a los eclesiásticos hacer política, mientras Aristóteles pensaba lo contrario.

- Séneca, en la época en que Aristóteles nació la Iglesia no existía, las cosas eran diferentes entre los tiempos de Aristóteles y los tiempos de Christos. Pero aquello que Christos quería decir es que un hombre de Iglesia, aunque practique una función pública, debe comportarse como un hombre de Iglesia y hacer prevalecer la moral divina sobre los intereses particulares para preservar la pureza divina y no manchar el nombre de Dios.


Nicolás, inspirado por Christos, se autodenominaba defensor de la Omnipotencia divina en oposición a los laicos.

Capítulo V: Donde Nicolás encuentra a Séneca de Tarso:

¡Pero qué despistado estoy, querido lector! Escribo y hablo de aquello que me enseñó Nicolás pero aún no he dicho en qué circunstancias nos encontramos.
Tarso era una bella ciudad que está en la orilla del mar sobre la costa de Asia Menor, donde la reinaba la filosofía. Esa que nos enseñó sobre todo el escepticismo (también a nosotros pobres y andrajosos huérfanos de la ciudad) hasta el punto de que uno de los poderosos de la ciudad podía afirmar, sin riesgo a ser contradecido:


- En lo que concierne a la multitud de dioses que se han acumulado por una larga superstición, auque los adoremos no debemos olvidarnos que tal culto no tiene otro fundamento que la tradición y la costumbre. No soy tan estúpido como para creer en semejantes tonterías.

Debo decir que la dulce vida de la ciudad invitaba a la desidia, a la práctica de todas las perversiones posibles e imaginables y que el bienestar material nos parecía un dios adecuado para satisfacer todos nuestros deseos.
A esta ciudad llegó una mañana el Apóstol Nicolás y esa misma mañana lo encontré, o mejor dicho, tropecé con él por la calle cuando salía tambaleándome de una taberna donde había pasado la noche bebiendo y fornicando.


- ¡Otra vez esta escoria que sería buena para bautizar con agua bendita!, refunfuñó el Apóstol.
A lo que yo respondí y confieso que aún hoy me avergüenzo de ello:


- ¡Lárgate imbécil!

Entonces el Apóstol me tomó por el cuello y juró que antes de que cayese la tarde lograría mi redención y me conduciría por el camino del Señor. Traté de pedir ayuda gritando a todo pulmón:

-¡Cecilia! ¡Carla! ¡Ayudadme!

Pero ninguna intervino.
Nicolás me arrastró aparte. En una sala del templo de Apolo y con la ayuda de un médico local empezó a hacerme vomitar hasta la última gota de alcohol presente en mi cuerpo.


- Ahora que estás más fresco - me dijo unas horas más tarde y después de un sueño reparador - sabes que Dios me ha enviado a ti para salvar tu alma. Tienes que elegir entre escuchar lo que tengo que decirte de su parte o que te ponga en manos de los guardias mamelianos (la guardia de Mam, de la gran sacerdotisa del culto de Apolo en Tarso).

Estaba decidido a huir de la custodia del viejo brujo y resolví escuchar a medias las palabras del apóstol que, debo decir, tenía muy pocas posibilidades de agitar al joven de 17 años que era entonces. Nada de lo que pudiese decirme me convencería de la existencia de Dios, tanto que al final perdió los estribos y exclamó:

- ¿Y mis nalgas, has visto mis nalgas? ¡Y sin embargo existen! ¡Saca la máscara, no eres más que un sinvergüenza irrecuperable y me pregunto ahora por qué Dios ha puesto interés en ti! ¡Hay días en que simplemente no puedo entenderlo!


¡Ay! si el apóstol no lo entendía Dios sabía muy bien lo que estaba haciendo y no se olvidó de mi. Menos de una semana después del incidente con Nicolás fui detenido por una patrulla de la guardia Mameliana después de haber participado en el incendio de un almacén de carros de alquiler, lo que a mis compañeros y a mi nos había parecido muy divertido.
Siendo huérfano había pocas posibilidades de que alguien viniese a salvarme y comenzaba a desesperarme cuando me anunciaron que un hombre se había hecho responsable de mi. Aquel hombre era Nicolás que actuaba por orden de Dios.


- Ahora, hijo, elige: O seguir resueltamente los caminos del Señor y convertirte en mi discípulo o la hermosa horca que el Tribunal de Justicia te está preparando. Como sabes esta es la última oportunidad que Dios te ofrece. Si piensas mentirme y luego volver a tus viejos errores te equivocas: Dios es un justiciero implacable.

Así que seguí a Nicolás a una cabaña que había alquilado en la ciudad, comencé a ayudarle, a seguirle en los desplazamientos y a tomar conciencia de la vida más estable que me obligaba a llevar, a través de las lecciones que impartía sobre la rectitud que me ofreció.
Poco a poco mi corazón se abría al amor de Dios y Nicolás se convirtió en mi segundo padre.
Una mañana embargado por mi fe en Dios pedí el ser bautizado.
Fui yo mismo quien me puse al servicio de Dios, el benefactor, el Misericordioso. Él que, en virtud de su gracia, me salvó la vida y me dio una segunda oportunidad. Esto es lo que yo siento, querido lector, sobre esta pequeña anécdota que te ofrezco como prueba de la infinita bondad de Dios hacia todas sus criaturas.

Capítulo VI: La vida y las obras de Nicolás tras la muerte de Christos:

Después de la muerte de Christos, Nicolás, como muchos otros discípulos, se movió por el mundo para difundir el mensaje del Profeta, viajando a lo largo y ancho de todo el Imperio romano y también a otros lugares.
A un pueblo que rezaba a los ídolos le dijo:


- ¿No veis que todos esos dioses a los que dais nombres no son más que representaciones de un mismo todo y que sólo muestran atributos de una sola persona: Dios? ¿No veis que todo esto no son manifestaciones del poder de los dioses, sino de un solo Dios, motor de cada cosa, Creador del Universo y de la Tierra, de los hombres y de las plantas, de la mente y de la materia?
Todos los nombres contienen una referencia al poder y hay tantas bondades como nombres puedan ponerse ¿Queréis llamarlo Naturaleza? No os equivocáis, porque de Él nació todo, su respiración nos da la vida. ¿Queréis llamarlo Mundo? Tenéis derecho a hacerlo, porque es inmenso todo lo que ve y todo es parte de él.
Él se sostiene gracias a su propia fuerza. Se puede llamar también Destino, porque la suerte no es más que la serie de causas que están conectadas entre sí y Él es la primera de todas las causas, aquella de la cual dependen todas las otras...

y así, los convirtió a la Verdadera Fe.

De esta manera actuaba Nicolás, defendiendo en cualquier parte la omnipotencia de la presencia divina en la más pequeña de sus creaciones, como le había enseñado el Libro de las Virtudes y convirtiendo a muchos pueblos con la veracidad de sus intenciones.
Le dijo a otro pueblo que quería rebelarse contra los poderosos de la ciudad y a quienes denunciaron por tiranos:


- En nuestra ciudad cada gobierno es instituido según la voluntad del pueblo, que sólo puede ser la voluntad de Dios porque, en verdad, no puede haber poder sin que Dios lo consienta. Si fuese de otro modo Dios no sería perfecto.
Por tanto, no es digno de un aristotélico rebelarse contra un gobierno legítimamente constituido y que respeta a los servidores de Aristóteles y de Christos, ya que significaría rebelarse contra Dios mismo.


Fue en aquella ocasión cuando hizo la afirmación que después se volvería famosa:

- Dios se expresa a través del sufragio, quien niega los resultados del voto libremente expresado niega a Dios.

En Atenas, encontró al diácono Epífanos que ardía en una cólera mortal hacia los paganos contra los cuales había ordenado una gran cacería.


- Epífanos, ¿quién eres tú para sustituir la justicia divina por la justicia humana y para acusar falsamente a los hombres de crímenes que no han cometido con el único argumento de que no creen en Christos?
¿Cualquier hombre puede distinguir por sí mismo y afirmar: “Esto es bueno, esto es malo”? Qué fanatismos y caos surgirían si a todos se les metiese en la cabeza hacer lo mismo: Que cada hombre, en base a los propios intereses particulares viva según la propia ley privada y el Santo Nombre de Dios será manchado pronto por crímenes abominables.
En primer lugar tu deber es convertirlos con el ejemplo y la palabra, porque ellos son ante todo criaturas de Dios que se han perdido o a quien nadie ha ayudado a encontrar el camino de la Verdad.
Pero tú no puedes sustituir a la justicia divina, es pecado de orgullo hacerlo, porque nadie conoce la inmensidad del amor de Dios por Sus criaturas, ni la inmensidad de Su Perdón. Cuando fue necesario juzgar a los hombres de Oanilonia y destruir la ciudad Dios no recurrió a la justicia humana, pero ejerció su propia justicia que no está contenida en ninguna ley humana y no puede ser reducida a códigos y leyes so pena de querer negar, limitar o restringir la infinita libertad y bondad divina.
Además, en estos casos tu deber no es impartir tú mismo la justicia terrenal, sino hacer referencia a aquellos que guían a la iglesia, que son delegados de la justicia de Dios y sabrán qué decisión conviene tomar.


La sabiduría de las palabras de Nicolás fue tal que muy pronto se tableció la costumbre en toda la Comunidad Aristotélica hacer referencia a los guías de la Iglesia para saber cómo actuar contra este o aquel hereje.

Capítulo VII: La muerte:

Un día en el que Nicolás entró en los Marcómanos fue capturado en la calle por un grupo de bandidos. Viendo estos que se trataba de un aristotélico y pensando que lograrían grandes riquezas con él lo secuestraron y lo ataron a un árbol.
Cuando se enteraron de que no poseía nada, para divertirse y encontrar un escape a su frustración, lo usaron como blanco humano, se burlaron de su religión, lo acusaron de adorar un asno y lo torturaron con un montón de flechas. Cada golpe que ensangrentaba su cuerpo causaba la hilaridad de sus torturadores.
Así Nicolás murió en el año 50 d.C, en un bosque repleto de carne de caza en los confines de la actual Moravia.
Recuperé su cuerpo unos días después. La putrefacción que se había apoderado de él nos obligó a hervir la carne en el agua para recuperar los huesos, que coloqué luego en una caja de madera preciosa que me sigue siempre, aún hoy, y que deposité en un pequeño oratorio en la espesura de la selva de Semur en Borgoña, región que he evangelizado siguiendo las enseñanzas de Nicolás.

Generalmente se le asocia una paloma con una ramita de olivo en la boca
.

Sus frases más famosas:

A un no creyente que lo indignó:

- ¿Y mis nalgas? ¿Has visto mis nalgas? ¡Y sin embargo existen!

A los rebeldes de una ciudad:

- Dios se expresa a través del sufragio, quien niega los resultados del voto libremente expresado niega a Dios.

A Cartesius:

- Hace falta ser para pensar y no pensar para ser.

A Epífanos:

- Aquellos que guían a la Iglesia son delegados de la justicia divina, sabrán qué decisión conviene tomar.






Traducido por Padre Prior Jesús Alfonso Froissart del Camp.
Revisado por Casiopea.


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